Archivo diario: febrero 3, 2010

Ciencia y cocina según ZP (por Pedro García)

3 de febrero de 2010

La segunda legislatura de ZP arrancó marcada por la tardanza en asumir la gravedad de la crisis, por mucho que ésta fuera mundial y pillara a todos los “expertos” con el paso cambiado. No obstante, no tardó mucho nuestro presidente en repetir como un mantra que el propósito fundamental de su gobierno era cambiar el modelo productivo reinante en los últimos años en España. En dos palabras, menos ladrillo y más investigación e innovación. Lo repitió tantas veces que algunos le creímos… hasta que surgieron, en el verano pasado, los primeros rumores de cómo se iban a repartir los dineros de cada ministerio en los Presupuestos Generales del Estado, que es la prueba del algodón de las promesas de cualquier gobernante.  

La reacción de incredulidad de la comunidad científica ante la magnitud de los recortes previstos fue subiendo de tono hasta el punto de que la COSCE (Confederación de Sociedades Científicas de España) publicó una carta en los periódicos, el 17 de septiembre, con el significativo título de ¿Hundir la ciencia por el precio de seis “ronaldos”? En la misma línea, Joan Guinovart, presidente de COSCE, alertaba al gobierno por las mismas fechas de la barbaridad que iban a cometer: “Si creen que la investigación y la educación son caras, prueben con la ignorancia y la mediocridad”. Y mientras tanto, nuestra ministra Cristina Garmendia se descolgaba con una entrevista en Telva donde textualmente decía: “Me quita más el sueño que mis hijos traigan un suspenso a que me reduzcan el presupuesto del ministerio”.

Lo cierto es que el malestar generalizado del mundo de la ciencia consiguió, al menos, que los iniciales recortes se quedaran en cifras menores de las inicialmente previstas, pero recortes al fin y al cabo. Eso sí, en el mercadeo final en que se convierte la aprobación de las diferentes enmiendas a los presupuestos, una parte muy importante de los aumentos de última hora para el Ministerio de Ciencia e Innovación (MICINN) fueron para el País Vasco… Curiosamente el PNV aportó los votos imprescindibles para que dichos presupuestos fueran aprobados, pero naturalmente eso fue sólo una casualidad.

Y así, dentro del capítulo de subvenciones del MICINN resulta muy significativo enterarse de las prioridades de la política científica  del ministerio en una época de crisis y  austeridad: siete millones de euros se han destinado al “Basque Culinary Center Fundazioa” (¡escrito así, con tres palabras en inglés y una en vasco!). El real decreto correspondiente no tiene desperdicio y recomiendo su atenta lectura: se argumenta, con razonamientos muy sesudos, sobre “el interés público, social y económico de la concesión de esta subvención”. Por supuesto que al todavía por entonces secretario de Estado del MICINN, Carlos Martínez, le faltó tiempo, un mes antes de ser destituido, para ir a San Sebastián y hacerse la foto correspondiente con Arguiñano, Arzak y compañía (supongo que también aprovecharía el tiempo para comer convenientemente y comprobar la buena inversión de esos siete millones).

En fin, ésta es la situación de la ciencia española en 2010. Gráficamente se puede decir que en los últimos años se dieron dos pasos adelante hacia el nivel medio europeo de inversión en I+D, pero ahora se están dando tres pasos atrás con el agravante de que la recuperación será mucho más difícil. Y lo peor de todo es el descrédito que este gobierno ha sembrado para el futuro en los más jóvenes que todavía tienen (o tenían) ilusiones puestas en dedicarse a la ciencia. Definitivamente nunca seremos un país donde los científicos podamos tener la misma consideración y respeto de las que gozan en Estados Unidos, Alemania, Reino Unido y demás países con los que nos queremos comparar. Aquí preferimos cultivar y alabar a intelectuales tipo Belén Esteban… y así nos va.

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