Archivo diario: enero 26, 2010

Tributo a Emilio Cañil 2 (imágenes cedidas por Antonio González Lejárraga)

26 de enero de 2010

Histórica portada del primer Boletín de Discoplay, del 1 de diciembre de 1979.

En la presentación de Folkways: Emilio (pantalón blanco, camisa verde) y Antonio (con los colores inversos: chaqueta blanca y pantalon verde).

En primer plano Antonio, quien tapa a Juan Carlos Olea (músico ex Almas Humildes y miembro de Onda 2). Al lado de JCO está Christophe Magny (con cazadora marrón) y a Emilio lo encontramos a su espalda, a la derecha de la imágen. Antonio me comenta que cree que quien está a la izquierda y de espaldas es Alvarito Ibernia, antiguo miembro de Las Madres del Cordero y traductor principal de los cuadernillos que incluían los LPs de Folkways.

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Tributo a Emilio Cañil (por Antonio González Lejárraga)

26 de enero de 2010

Nunca he entendido con qué criterios seleccionan los periódicos a quienes merecen aparecer en su sección de necrológicas u obituarios. En innumerables ocasiones desconozco quiénes son esos próceres de la cultura a los que dedican las cotidianas hagiografías, y supongo que a la mayoría de los lectores les sucede lo mismo.

El pasado mes de diciembre falleció en Madrid, casi centenaria, Concha Linares Becerra. Ni una sola línea ha merecido una de las autoras más leídas de su época, y cuyas cotas de popularidad jamás alcanzarán, si no todos, muchos de los laureados autores que animan las páginas de los diarios. Y eso, por no mencionar los miles de ejemplares que de las obras de Concha Linares se vendieron. Puede que actualmente las novelas de las hermanas Linares (Concha y Luisa María) sean desconocidas para los “no-lectores” de hoy, pero marcaron toda una época y escribieron sin descojonar la gramática, lo que no es poco, cosa que no puede aplicarse a alguna que otra autora -eso sí, progre y feminista- de lectura obligada para miembras y demás acémilas que pueblan la vida política nacional.

Abundando en quién se merece  o no su póstumo reconocimiento, el pasado viernes falleció en Madrid Emilio Cañil Bartolomé, fundador de Discoplay, como rezaba su escueta esquela. He echado en falta algún que otro suelto, alguna gacetilla, algo, en fin, de alguno de los muchos críticos musicales, en activo o retirados, que cobraban un  sobresueldo de los singles (¡o tempora, o mores!) y elepés que las compañías discográficas les enviaban de forma gratuita y ellos vendían a Emilio en su despacho de Los Sótanos de la Gran Vía madrileña. O tan siquiera un recuerdo de alguno de los muchos cantautores, progres por supuesto, que se acercaban a Emilio a que les financiara, a fondo perdido, por supuesto, algún que otro disco o concierto. No daré nombres para no herir susceptibilidades.

Emilio Cañil Bartolomé con su “Boletín” de venta por correo llevó la música a todos los puntos de España cuando todavía no existían ni Internet ni Amazon.

Sus comienzos, vendiendo discos en el Rastro con Mariano Fuentes, creador de las tiendas MF y con Arnedo, fundador de Madrid Rock, le llevaron a montar una pequeña tienda en Los Sótanos de la Gran Vía en la que, junto a los discos, se vendían los primeros “posters” que conocimos. ¿Quién de mi generación no recuerda el de Che Guevara, el de Jesucristo con la palabra “Wanted”, el de Antonio Machado retratado por su hermano José, el de Miguel Hernández por Buero Vallejo? Por sólo citar los más solicitados.

Aquella pequeña tienda devino en un “Boletín” que llegó a varios cientos de miles de clientes: gracias a Discoplay accedieron a todo tipo de estilos musicales y a unos precios que no eran los de los grandes almacenes, en aquella época cuasi-monopolizadores de las ventas de discos. Durante muchos años Discoplay fue el referente en nuestro país. Se importaron los grandes catálogos de música clásica de los países del Este. Se trajeron discos de Estados Unidos. Se editaron nuevos “posters”…

Emilio Cañil, a pesar de sus muchos aciertos, vio como su pequeño imperio se resquebrajaba a raíz de una serie de huelgas salvajes de correos en los años 80, así como de unas arriesgadas decisiones empresariales (la apertura de una tienda en Moscú…).

Conviene recordar cómo arriesgó su dinero y se lanzó a editar de una manera exquisita los fondos fonográficos de Moses Asch, la legendaria Folkways Recordings. Con su apoyo incansable llegamos a editar más de  cien referencias con lo mejorcito de la música popular americana: Woody Guthrie, Pete Seeger, Memphis Slim, Cisco Houston, Duke Ellington, la primera edición completa de las canciones de la Guerra Civil Española con sus textos originales, etc. En ediciones cuidadas y a un precio competitivo.

También con su esfuerzo y entusiasmo, pudimos ver a Simon & Garfunkel en el campo del Rayo Vallecano en su gira Europea, después del regreso en el concierto de Central Park de 1980.

Tras la quiebra de Discoplay sólo vi a Emilio en dos ocasiones y le encontré muy desmejorado y desencantado de ver cómo muchos a los que él había ayudado generosamente le daban la espalda. Así es la vida.

Descanse en paz Emilio Cañil Bartolomé, mercader de melodías, como reza en un dibujo dedicado por Ceesepe con motivo de un boletín especial que ilustró, dedicado a las tribus urbanas del momento.

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