Falta de respeto total (Efe Eme)

28 de noviembre de 2009

La falta de respeto hacía la música, en general, durante las ultimas décadas ha crecido de forma vertiginosa. Y -en particular- quienes más lo han sufrido han sido artistas, compositores, músicos y los trabajadores del sector. Conscientemente dejo aparte a empresas y empresarios, que también se han llevado lo suyo, pero no son la parte más débil del asunto.

Esta semana se anunció la presencia de Jamie Cullum en “El hormiguero” de Pablo Motos. Me dispuse a ver el programa. Soporté las distintas secciones del programa, diseñadas para mayor lucimiento del presentador y sus colaboradores habituales. Cullum estaba en las mismas. La traducción simultánea, que le llegaba vía pinganillo, nos mostró la imagen más amable y paciente del artista. Esperaba a que llegase su hora, para actuar y enseñar su música. No tuvo una palabra más alta que otra. Ni siquiera cuando Motos le llamaba Jimmy, en vez de Jamie. La insistencia en cambiarle de nombre me resultó irritante. Una tremenda falta de profesionalidad. Tenía el CD en la mano. Podría haberse fijado. Jamie Cullum era su estrella invitada. ¿No sabe como se llama la gente que acude a su show? ¿O se equivocaron los guionistas? Pero lo peor sucedió cuando llego el momento clave. Cullum se sentó al piano para ofrecernos su arte. Ante mi pasmo cortaron para dar paso a publicidad. No salía de mi asombro mientras en pantalla veía y escuchaba los anuncios y en una pequeña ventana, en el ángulo superior izquierdo, observábamos al bueno de Jamie Cullum interpretando su tema. Obviamente no se le oía, porque el sonido estaba copado por los spots. Nunca había visto nada parecido: traer a un artista para que actúe y cuando lo hace, lo eliminas de la emisión para dar paso a publicidad. No sé quien financió y organizó esta aparición del ingles en “El hormiguero” (la productora, el patrocinador de sus conciertos en España de esta semana o la discográfica), pero está claro que fue una falta de respeto total hacia el músico, su público y por extensión a los telespectadores que nos gusta la música.

Desde hace tiempo sostengo que los profetas del Apocalipsis discográfico responden a una agenda oculta. Son los agoreros que llevan años certificando la defunción del sector. Aireando y exagerando sus males, los falsos y los reales, pero sin aportar ninguna solución. Juan Varela es uno de ellos. Columnista en varios medios (como en el desaparecido Soitu) fue el primer director de ADN.es, la difunta edición digital del gratuito del grupo Planeta. Este mes hemos conocido que la editorial del diario y la agencia publicitaria han sido condenadas a pagar 90.000 euros, por usar para un anuncio un tema muy parecido al “Me Gustas Tú” de Manu Chao. Cuando Chao fue contactado se negó expresamente a la utilización de su obra. Pero ADN y la agencia buscaron “la solución creativa”, tras haber sido también rechazados por Jarabe de Palo y haber descartado el trabajo realizado por Marc Parrot /El Chaval De La Peca. Lo que hicieron fue usar una sintonía que “evoca, recuerda y tiene cierta relación” con el original de Manu Chao. El Juzgado Mercantil número 3 de Barcelona justificó la condena por la repetición de la frase “me gustas tú” y las similitudes encontradas en el ritmo, la melodía y la armonía. Los noventa mil euros que tienen que pagar la agencia y ADN son para Radio Bemba (70.000), la discográfica, por daños patrimoniales, y para Manu Chao (20.000), por daños morales. He contactado un par de veces con Juan Varela para conocer su versión de los hechos. Porque como responsable del digital del periódico conocería el asunto desde dentro (y colaboraron en la difusión y promoción de la campaña). No ha contestado, como esos políticos que dan ruedas de prensa sin aceptar preguntas, y a los que él tanto ha criticado. Quizás la manifiesta enemistad de Varela con el sector, tanto editorial como discográfico, tenga su origen en el “caso Manu Chao vs. ADN”. El cual no deja de ser una falta de respeto total hacia los creadores y sus derechos.

Asimismo desde hace tiempo vengo sosteniendo la indefensión que padece la industria musical. Y por tanto, como sucede en el sector del automóvil, también la sufren las empresas y negocios auxiliares. En esta legislatura ya llevamos dos ministros de Cultura. Cuentan que al anterior le costó el puesto sus diferencias con los del Cine. Fue sustituido por Gonzáles-Sinde, quien proviene de ese mundo. Como su padre. El problema es que esta semana les ha estallado el juguete entre las manos. Una mala gestión ministerial, que no cumplió con los trámites europeos necesarios, y una pequeña división en el sector pone en peligro toda la futura producción cinematográfica. Y digo yo que afortunados ellos, que se enfrentan a (solucionables) problemas burocráticos en la promulgación y aplicación de su ley. Porque estos días hemos averiguado que la deseada Ley de Música ni está ni se la espera. ¿O sí? El martes Félix Palomero, director del INAEM, negaba la necesidad de una ley y sugería estudiar otras opciones. Un representante de UFI (que agrupa a muchas de las indies) confirmaba que les habían comunicado que en esta legislatura no habría nada. “Está parado” y “no es una prioridad” son otros testimonios de los presentes en las negociaciones con Cultura. Ante las reacciones de los diferentes protagonistas del sector (por fin reunidos en una plataforma común) un par de días después Palomero reculaba. Y mareaba la perdiz. Se reunía con una de las partes, obviando a las demás y proponía la creación de una mesa de trabajo. ¿Qué pasa entonces con todas las reuniones habidas desde agosto? ¿Se van al garete y se empieza de nuevo? Si se parte de cero se cumpliría la primera premisa: no habrá Ley en esta legislatura. Además el INAEM recurre al clásico “divide y vencerás”. Lo que parecía avanzar con el anterior equipo ministerial ahora aparece sumergido en un mar de confusión con los actuales gestores, más decantados hacia la industria cinematográfica. Otra falta de respeto, esta vez desde el gobierno, incumpliendo su programa electoral. Éramos pocos y parió la abuela…

Publicado en Efe Eme

13 comentarios

Archivado bajo Cultura, Música, Medios

13 Respuestas a “Falta de respeto total (Efe Eme)

  1. Los ejecutivos de programación televisiva hablan del “Efecto Collins”, que descubrieron cuando invitaronc a Phil Collins a un programa de Tele5 (en sus inicios) y dscubrieron que los indicadores se iban al carajo cada vez que interpretaba una canción. Esto ya es sagrado en nuestras horteras y estridentes cadenas. En Gran Bretaña y en Francia (por ejemplo) el gusto por la música de la población pesa más que este tipo de valoraciones miopes.

  2. RODRI

    Estoy con Antonio. Esto te pasa por ver a Pablo Motos.

  3. Mmm y qué propone esa Ley de Música… no la conozco, pero es realmente necesaria.. jum bueno, de “El hormiguero” nada me sorprende. La entrevista, la buena entrevista, está muriendo poco a poco, y no solo aquí, pero es que ese programa es… puro guano

  4. Estoy con Gustavo, no vi El hormiguero, pero sí el programa de BFN, estuvieron geniales.

  5. Noelia

    Sí que es una falta de respeto total el tratamiento a la actuación de Jamie Cullum, y no solo para el artista, sino también para quienes estaban viendo el programa, pues alguno habría que lo hiciera exclusivamente por la aparición del músico.

    Pero como nos dejamos hacer, y todo nos parece válido, ahí estamos.

    Un saludo.

  6. ANTONIO

    Recomiendo emigrar a El Intermedio, mucho más divertido e inteligente. O mejor: apagar la tele y oir música.

  7. No vi su intervención en el programa de Motos; pero tal y como lo cuentas qué abismo a su actuación en Buenafuente, donde fue tratado con el respeto máximo dentro de la línea humorística del programa (Cullum se fue más contento que unas castañuelas tocando una zambomba a la que llamó “instrumento masturbatorio”) y su actuación no tuvo interrupción.

  8. J M aka doctorprofessormun

    buena recompensa!
    70.000 para la compañía, y 20.000 para el músico

    por eso nos encanta el negocio musical!

  9. Vi el programa en cuestión. Quiero pensar que los agentes artísticos avisan a los invitados que El Hormiguero no es un programa para “vender” su arte sino su imagen y que no es musical sino de humor. A juzgar por el nivel de los artistas que traen parece que tiene buena prensa (o cartera) entre la profesión. Respecto a las subvenciones estoy en contra de todas ellas, y prefiero decidir yo a quien le doy mi dinero. Dado que me lo quitan sin preguntar las peleas entre quién se lleva cuánto me resultan pueriles rozando lo ofensivo.

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