Donde viven los monstruos (por Julio Valdeón Blanco)

23 de octubre de 2009

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Acabo de ver Where the wild things are (Donde viven los monstruos), adaptación del cuento clásico, publicado en 1963, de Maurice Sendak. Apabullante reto: apenas 350 palabras y dos docenas de ilustraciones como base, una indagación kamikaze en la psique infantil de evocadora y terrible precisión, material radioactivo si aspiras a convertirlo en película. Where… cuenta la historia de Max, un niño al que su madre castiga sin cena por travieso. Encerrado en su habitación, viajará hasta el país de los monstruos que habitan en su mente. Será coronado rey de las bestias. Bailará. Rugirá. Aullará. Quebrará árboles junto a sus peludos vasallos. Aplacará la ira. Volverá a casa, convidado por el perfume a sopa tibia que le sirve, una vez perdonado, su madre. Todo esto, ya digo, sirvió a Sendak para sumergirnos en los miedos, tristezas y aventuras de un mocoso, o sea, para encender las bombillas en nuestro cuarto trasero, allí donde duermen desmadejados nuestros viejos osos de trapo, los dinosaurios sin un ojo, los muñecos huérfanos y los vampiros hambrientos.          

Hace tiempo, merced a Pixar, que compartimos la devoción por un cine falsamente infantil, o al menos capaz de combinar las deliciosas servidumbres del género (si las manejas bien), la mirada naif, etc., con un corazón de sístole adulta, que ejecuta guiños inteligentes a la historia del cine, articula personajes e historias dotados de drama y misterio, y que, en general, remata sus largometrajes con la musculada potencia de las obras mayores. Rasgos, sí, reconocibles en Where the wild things are, aumentados al cubo. La mirada es infantil, infantil como jamás hayamos visto, pero es que, además, Spike Jonze, guionista y director, sustituye el aroma a ensamblaje perfecto, a cadena de montaje sin fisuras Made in Pixar, a menú cinco tenedores con platos concebidos para que orgasmen los clientes, por diversos que sean sus gustos, por la mirada del artista, a ratos fallona pero también infinitamente más peligrosa, arriesgada y nutricia.  

Todo en Where… sabe a pasote de la imaginación, a perfecto equilibrio sobre el barranco, a ruleta rusa liquidada con certero relámpago, a espontánea y, sin embargo, calculadísima criatura que respeta y fecunda la savia proporcionada por Sendak gracias a un guión memorable, una ambientación sublime y unos actores, con o sin disfraz, en estado de gracia. Qué cabroncete Jonze, gurú de modernos que llegada la hora de cascársela con una narración que permitía, en principio, tantos pasotes, avalancha de cinefilia, ensayismo pop y demás, haya optado, corajudo, por el sencillo adobe donde abrevan criaturas de ojos amarillos y circulan felices los espectros de Charles Perrault, Lewis Carroll o Michael Ende. Añadan, de paso, el grano gordo de unas imágenes cocinadas al punto y unas voces que sangran, y obtendrán al cabo una cinta indie con vocación de estruendo, un milagro que a los cinco minutos de arrancar ya te noquea y que te deja, al terminar, bendecido por la electricidad y las lágrimas.

2 comentarios

Archivado bajo Cine, Cultura

2 Respuestas a “Donde viven los monstruos (por Julio Valdeón Blanco)

  1. Luis Prosper

    No he leido el libro, pero con lo que me gustan a mi los cuentos de hadas, las fabulas y sobre todo Lewis Carroll seguro que me va a encantar la pelicula. Ole por Jonze.

  2. Tengo muchas ganas de verla. Fue libro de cabecera de El Mundanito y objeto de muchos regalos de cumple…

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