Archivo diario: julio 7, 2009

El marciano y sus frutos (by Julio Valdeón Blanco)

7 de julio de 2009

ET

Cuesta sacudirse el hedor, mientras los buitres saborean la carcasa del muerto. Aceptémoslo, Michael Jackson fue un flipao, un monstruito, un freak cuyo comportamiento, siquiera cara a los medios, extendía la noción del músico como inadaptado social, consagrado a la banalidad. Y está el laberinto de su muerte. Las últimas dos semanas han sido pasto de hormigas. Todo Dios ha opinado. Sucede, por ejemplo, que en España sirve para corroborar el analfabetismo musical de nuestros intelectuales. No han pasado de la inopia en la que vivía la Gauche Divine. Dado que el rock, el pop, etc., son dinastías ajenas, forjadas entre el imperialismo, de un lado, y la futilidad de unos tiempos inanes, del otro, se estancaron en los Beatles (con suerte). ¿El resultado? artículos solemnes, repletos de costurones, pensamiento sonámbulo, juicios risibles y falta de poso: patéticos ejemplos de como el aislacionismo franquista, y también la estupenda, pomposa seriedad autoimpuesta de sus enemigos, todavía lastran su pensamiento. Quizá influya, uh, el que la mayoría ya ejercieran como columnistas de guardia hace treinta años. Es lo que tiene la esclerosis.

Volviendo a Jackson. Olviden, si pueden, sus chuminadas. Olviden aquellos vídeos que revisados hoy dan vergüenza ajena (en materia de vídeos, lo siento, los mejores los más sencillos, el grupo tocando y punto, la música como única protagonista). Aparquen, también, sus apariciones doradas rodeado de niños, los escándalos, el barullo de Neverland, la noria, la obsesión por Peter Pan, la amistad con un crío tan aborrecible como Macaulay Culkin, el que quisiera levantarse siempre rodeado de infantes, la boda cocinada en el infierno con, cielos, Lisa Marie Presley, el bebé asomado al balcón, la increíble nariz menguante, terrible, y la decoloración de una piel que nació orgullosamente negra y encalló en todos los matices del gris cadáver. Borren de la disquetera mental la indefensa imagen de un marciano con calcetines blancos, mascarilla, guante de pedrería y sombrero, adicto a la pirotecnia visual y las coreografías (ese cáncer), que en la dialéctica arte/espectáculo parecía siempre del lado del segundo. Olvídenlo todo, o no, pero sepan que Jackson no fue el heraldo de ninguna Britney Spears. Sus discos, desde el arranque deslumbrante con sus hermanos y desembocando en “Off The Wall”, “Thriller” y “Bad”, lo salvan de cualquier jibarización. Tarado o no, deja un legado asombroso, drapeado de joyas incandescentes, tributo al mejor soul, funk y pop facturado desde principios los setenta. Grande, a pesar de si mismo.

ENTRADAS RELACIONADAS:

Michael Jackson: Primer Contacto (Efe Eme)

Apuntes dominicales

Michael Jackson (1958-2009)

La noche que Michael Jackson rompió todos los esquemas

Anuncios

5 comentarios

Archivado bajo Cultura, Música