Archivo diario: junio 18, 2009

A la busca del nuevo gran grupo (por Julio Valdeón Blanco)

18 de junio de 2009

LES

Vista del Lower East Side con Manhattan Bridge al fondo

Habíamos asistido a un concierto de Little Richard. Desconsolados, comprobamos lo enfermo y viejito que luce el pirata. A la salida, unos gorilas nos entregaron un libro de autoayuda bíblica, o algo así, regalo de la estrella. Coño. De tanto escuchar a Loretta Lynn, de tanto contemplar a los ídolos del rock & roll medio minuto antes de bailar con la Pringosa, acabaremos arteroescleróticos, convencidos de que toda la música posterior al medio siglo es una puta mierda. Acabada la ruina crepuscular del B.B. King Club, pusimos rumbo al Lower East Side.  

Viajas hasta las postrimerías del barrio que fue judío, donde Henry Roth aterrizó con su familia antes de mudarse a Harlem, y concluyes que en Nueva York todavía resisten algunos fuegos, que los especuladores no han devorado hasta el tuétano la esencia de la ciudad, que no todo son boutiques de mierda y pijas analfabetas, adoradoras de “Sex and the city” y demás capullos que vuelan hasta Manhattan con la sofisticada intención de comprar camisetas. Oh, sí, abunda la pose, la insoportable banalidad de unos fulanos que adoran su ombligo y disfrazan a base de boas, botas y rímel la necrosis mental, los guays en estado puro, las fashion victims, sección intelligentsia, pero qué quieren, la zona mantiene el pulso, abundan los garitos con solera, las tiendas de discos, los reductos de lo que fue la Gran Manzana antes de que se transformara en jardín de recreo para millonarios.

Dispuestos a sacudirnos la tristeza entramos en Arlene’s Grocery. Restaurante puertorriqueño hasta mediados de los noventa, la sala, con su ya casi legendario sótano, es un estupendo escaparate de la nueva escena. A diario, descontado el estúpido y aburridísimo karaoke punk de los lunes -excepto, intuyo, si canta tu amigo y vais ciegos- sirve para trasladarse más allá de la mugre atuendaria de la ciudad, para darle una patada a la melancolía, sacudirte de una vez el fantasma de la CBGB y conocer antes que nadie, y por diez dólares, the new big thing. Claro que a la vista de lo que escuchamos -una formación de rock pesadote en la línea, puag, de los Stone Temple Pilots, y otra de electro-punk graciosete- calculo que aterrizamos en mal momento. Ni bien ni mal, correctos, aseados y aburridos. A ver si otra noche, menos desmelenada de tópicos, menos entregada a la repetición de pautas entre pretenciosas y horteras, tenemos más suerte…   

P.D.: …me digo mientras escucho, carajo, el nuevo y deslumbrante disco de Elvis Costello, ese “Secret, Profane & Sugarcane” que hace del historicismo excusa para engendrar belleza; lo cual no hace sino devolverme al estado semidepresivo y cuasi⁄reaccionario, ustedes disculpen, en el que me hallaba tras el recital del Richard.

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