Archivo diario: junio 11, 2009

Caja de cajas: los archivos del tío Young (by Julio Valdeón Blanco)

11 de junio de 2009

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El mismo hombre que saludó a los apóstoles de Reagan con un disco arrastrado, o al menos inquietante, para veinte años después solicitar, vía amplificador desmadrado, la dimisión del presidente Bush, el mismo, sí, que a punto estuvo de liquidar la biografía “Shakey”, en la que Jimmy McDonough, colaborador del Village Voice había trabajado durante años, alguien que recibió el dudoso honor de ser demandado por producir música anticomercial y, al tiempo, condenaba a rezar misas en honor del vinilo, el mismo fulano, o sea, que ejercía como paladín del procesador de voz, en aquellos aciagos días de Geffen, que fue padrino, centurión y enterrador del punk y el grunge, que puso involuntariamente letra al epitafio de Cobain y pasea por los escenarios medio sordo a causa del volumen atronador de su Old Black, Neil Young, vaya, acaba de crear un nuevo paradigma en cuanto a recopilatorios se refiere.

Ya con “Decade”, aquel triple en el que cada canción recibía su glosa, navegó a años luz de sus colegas, pero amigo, lo de “Archives Vol. 1” supera cualquier hazaña. Y sí, el precio, 279 dólares por la versión Blu-Ray, acojona. Pero, atentos… Aunque haya necesitado veinte años para rematarlo, aunque nos haya socarrado con falsas alarmas, anuncios a destiempo, desplantes y retrasos, “Archives” transforma en hez cualquier otra Box-Set a la que te acerques. Sumergirse en ella asegura decenas de horas de viaje elíptico por la galaxia Young. No se trata del ejercicio gilipollas de un creador enamorado de su ombligo, del solipismo caprichoso e inane de un pez gordo que quiere esculpir en mármol su epitafio, sino de un cofre que hipnotiza y deslumbra, que te hará derramar lágrimas como diamantes cuando recorras sus ínsulas, previo atraco de la sucursal bancaria más próxima, todo hay que decirlo.

De sus 128 canciones, que abarcan de 1963 al 72, 43 son inéditas (algunas completamente; otras aparecen en versiones alternativas). Además, incluye toneladas de vídeos, las letras, canciones que van desde sus inicios en Ontario hasta “Harvest”, información pormenorizada de cada corte (cuando y cómo se grabó, quién participó, etc.), actuaciones live junto a Buffalo Springfield, descartes de CSN&Y, al menos un directo (“Live at the Riverboat”) nunca publicado, el vídeo de parte de “Live at the Massey Hall” (incluido en su totalidad como audio, al igual que el “Live at the Fillmore East”), un libro tamaño armario de doscientas páginas, la película, restaurada, “Journey thorugh the past”, infinidad de artículos, reseñas, memorabilia, la posibilidad de descargarte todas las canciones en MP3 y la de recibir nuevos temas según vaya siendo descubiertos y/o restaurados por el equipo de bibliófilos a sueldo del jefe, y además, arg, con un sonido tan prístino, tan espectacular, que ilumina tus venas y te hace crear, tachán, que sí, que estás frente a Neil, viajando en el tiempo y colocado de belleza.

Curioso que ahora que el chiringuito cruje aparezcan estuches como éste. Quizá acertaban los melancólicos, los aguafiestas, aquellos a los que nadie hacía ni puto caso en los soleados días de la abundancia cuando explicaban que existe un consumidor selectivo, capaz de gastar sus cuartos en monumentales recapitulaciones, un melómano, en fin, al que había que homenajear, procurando, de paso, aumentar su número. Por contra, han sido lustros de tomarnos el pelo, de reediciones cutres, libretos con créditos famélicos, nula presencia en televisión y radiofórmulas vomitivas, de listas de éxitos dignas de un estercolero, de bailarle el agua a locutores corruptos, de fabricar potajes sonoros listos para escapar por el inodoro, masajeando al personal menos interesado por la música, al preadolescente amamantado en la ley del mínimo común denominador, hasta lograr que al menos un par de generaciones creyeran que el rock puede consumirse en un móvil. A lo peor, mira tú, lo de Young llega tarde. Bendita chifladura, en cualquier caso.

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