Archivo diario: junio 3, 2009

Asbury Park, teatro de los sueños (by Julio Valdeón Blanco)

3 de junio de 2009

Greetings-from-Asbury-Park

Asbury Park languidece entre fantasmas de tiovivos, escombreras, coches patrulla y clubs cerrados «a causa del mal tiempo». Ayer volví al pueblín mítico, donde el nombre de Bruce Springsteen saluda desde el Paramount Theatre. Caía una lluvia fina, una higuera blanca, un sudario lechal, había cubierto los ojos de las estatuas, y el Atlántico picaba olas con modales groseros. Las engarabitadas crestas inmolaban la tarde mientras el viento nos abrasaba el pecho. Hacía un frío del carajo, en fin, pero resulta imposible no emocionarse rodeado de historia.

Madame-Marie's-Asbury-Park

Fuimos para grabar un especial de televisión, con motivo de la edición de “American Madness”, tan cariñosamente recibido por el maestro Vogel. Los corresponsales y el arriba firmante recorrimos las 96 millas que separan la calle 33 Este de Manhattan de Ocean Avenue. Un atasco y varias salidas equivocadas más tarde alcanzamos la caseta de Madame Marie. El casino, derruido, exhibe una penumbra gótica. Faltan enclaves sagrados, como el viejo Upstage, donde Bruce tocaba cada noche a principios de los setenta, o el Palace Amusents, o el hotel Albion… Cada año escuchamos que la ayuda está en camino y Asbury, donde Springsteen y cia. echaron los dientes como jóvenes cachorros del rock and roll, regresará de entre los muertos, del vértigo pútrido donde agoniza para apenas levantarse durante el verano, cuando las musas bendicen al paseante.

Wonder Bar

Charlamos frente al Wonder Bar. Caminamos por los tablones del paseo donde Tony Soprano se duchó con gasolina. Nos acercamos al Stone Pony. Al final, más allá del perfil comatoso, queda la certidumbre de pisar un territorio con liturgia. Otras ciudades, caso de Nueva York, San Francisco o Los Angeles, aglutinan la historia de la música popular, visten la púrpura, pero los huevos mágicos también germinaron en ciudades periféricas, pueblos olvidados, capitales ajenas al trasiego de estrellas, agentes y gente de la industria, en St. Louise y Filadelfia, en Seattle y Austin, y en Asbury Park, claro. Aquí, a mil kilómetros de todo, espoleados por eléctricas fantasías de cuero, un puñado de locos facturó caramelos de r&b, mersey-pop, soul, rockabilly, surf y casi cualquier otro ingrediente apto de caer en la marmita. Si rebuscas un poco encontrarás nombres como los de Southside Johnny and the Asbury Jukes, pero sólo uno fue el elegido.

Cómo olvidar que entre diciembre de 1981 y el 3 de enero de 1982, ya consagrado merced a discos como “Born To Run”, “Darkness…” o “The River”, Bruce Springsteen grabó la práctica totalidad de las canciones del “Nebraska” (las que aparecen en el disco más gemas del calibre de “Johnny Bye, Bye”, “The Klansman”, “Child Bride”, “Losing Kid”, etc.), y que dos días después, en el Stone Pony, trepó al escenario para ofrecer junto a los Lord Gunner sendas versiones de “Jole Blon” y “In The Midnight Hour”. Afirma Jimmy Gutterman, en su lustroso y peleón “Runaway American Dream”, que «Si seguiste, siquiera de forma casual, el circuito de bares musicales de la costa de Jersey y no viste a Springsteen tocar en algún momento durante los años 82 y 83, es que algo te fallaba». Con grupetes olvidados como Jimmy and the Mustangs o los ya semiclásicos Cat´s on Smooth Surface, Bruce descorchaba adrenalina en Asbury y largaba covers clásicas; luego, a vuelta de autovía, en la soledad de su granja en Colt´s Neck, armaba el puzzle que daría lugar a “Nebraska” y a “Born In The USA”, descartó más de ochenta canciones y preparó el desembarco de un disco tenebroso y austero, magistral, para después abrazar la admiración cósmica, reventar la banca y transformarse en ídolo de gente que a la que el rock se la sopla. Pero esa es otra historia, y uno, ustedes disculpen, quería atenerse a Asbury, a los “Glory Days”.

Stone Pony

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