Archivo diario: mayo 18, 2009

Un siglo de canciones 18: “Nocturno de Princesa” (por P.D. Álvarez)

18 de mayo de 2009

Single Moris

ANTES

Moris (a.k.a. Mauricio Birabent) grabó en mil novecientos sesenta y seis el sencillo “Rebelde“, el primero de la historia del rock argentino que lo convirtió en uno de los fundadores del camino que más tarde seguirían Charly García, Fito Páez y Andrés Calamaro, entre tantos otros. Tiempo después escribió “Ayer nomás“, que fuera popularizado por Los Gatos de Litto Nebbia y ya nada fue lo mismo.

A partir de ahí, su carrera cosechó dos discos de estudio (“30 Minutos De Vida” y “Ciudad De Guitarras Callejeras“, con temas como “El Oso“, “Ayer nomás” o “Pato trabaja en una carnicería“). Y todo esto antes de cumplir los treinta años.

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Las cosas iban bien hasta que llegó mil novecientos setenta y seis y los militares tomaron el gobierno, haciendo que vivir en Argentina se convirtiera en algo demasiado peligroso para la gente comprometida con la realidad. Y entre esas personas se encontraba Moris.

España era el país ideal para hospedarlo junto a su familia. La ciudad elegida fue Madrid, donde la movida madrileña estaba germinando en las calles, donde la Transición española hacía que la ciudad estuviera en estado de ebullición, y todavía faltaba para la llegada de Tierno Galván. Entonces Madrid se convirtió en el lugar ideal para los Birabent, en España.

DURANTE

Ya en Madrid, se ocupó de tomarle el pulso a la ciudad, caminando sus calles, bebiendo en sus bares, perdiéndose en sus noches  y sintiéndola suya como lo había hecho con Buenos Aires.

Comenzó una gira por Colegios Mayores y universidades y, según recuerda en las notas de una reedición de dos mil ocho, “periodistas destacados como Jesús Ordovás y Diego Manrique escribieron críticas particularmente alentadoras“. El tren Moris estaba comenzando a echar humo de la locomotora.

Fue en este período que aparece en su vida Vicente “Mariscal” Romero, un incipiente productor y DJ, quien “movió los hilos y volcó en la compañía Chapa Discos mi música“.

El Mariscal se convierte en el productor de este disco y pone a disposición de Moris a dos jóvenes argentinos que habían formado un grupo con otros tres jóvenes españoles. Los argentinos se llamaban Alejo Stivel y Ariel Rot. Los españoles, Julián Infante, Felipe Lipe y Manolo Iglesias. Los Tequila & Moris juntos en un estudio. Y que sea rock.

En el disco, editado bajo el nombre de “Fiebre de Vivir“, Moris pintó un Madrid delicioso en canciones como “Balada de Madrid“, “La ciudad no tiene fin” o “Rock del portal” y sumó un standard al repertorio de muchos músicos de rock en castellano de cualquier lado del atlántico: “Sábado a la noche“.

Y además incluyó la canción elegida para este siglo de canciones, llamada “Nocturno de Princesa” (canción cuatro del lado B).

LA CANCIÓN

Calle de Princesa 5, Madrid. Junto a un complejo de cines y con una escultura con unos cubos adornando la puerta, un restaurante Vips. Un músico argentino se decide a retratar lo que está viendo, toma un papel y un lápiz y garabatea:

Aquí estoy ahora esperando a nadie, esperando nada. Una coca cola tan roja y helada y en el aire suenan miles de palabras, pero destruiría todas las palabras, te sumergiría y te ahogaría, y en una mirada me comprenderías. ¿Me comprenderías? ¿O son tonterías?

Las rimas salen disparadas como balas. Podría ser Bob Dylan cantando en castellano, pero Bob está demasiado ocupado en Woodstock para aquellos años. El tipo sigue escribiendo:

Y aquí estoy ahora en el Vips de Princesa, y en aquella mesa hay varias duquesas. Una rubia inglesa come su hamburguesa, y en la barra un tío toma su cerveza, la música negra por los altavoces. Y los camareros que tú ya conoces.

El tipo le escribe a alguien que no llega y que es cliente habitual del lugar, pues ya conoce a los camareros. Cuenta que está en un restaurante y ni siquiera piensa que podría ser de los primeros experimentos de marketing musical de la historia, porque en ese momento no existía el marketing metiéndose en nuestras vidas. Continúa diciendo:

Y escribo y describo lo que voy mirando: los Beatles ya viejos mirando a la gente. Mil flores de plástico, un disco fantástico. Drácula que mira a King Kong con ira y el Che Guevara gira que te gira.

Los Beatles ya viejos, dice el treintañero. ¿Cuántos años lo separaban de Ringo Starr & Compañía? Él, que escribe como un viejo sabio que espera, acusa de viejos a sus colegas de Liverpool, cuando parece que se le está haciendo tarde, porque concluye diciendo:

Y por la ventana casi ningún niño, solo una escultura de duro aluminio, árabes, franceses, tíos que parecen hippies o burgueses y un mundo borracho que va haciendo eses, que va haciendo eses.

La plaza sin juegos, la escultura que nunca sería derribada y el mundo que va haciendo lo que puede desde aquella época. El tipo se levanta y se va, tal vez pensando que la mejor manera de describir un lugar, es no habiendo nacido allí.

EL DESPUÉS

Conocí esta canción en un recital, en Buenos Aires, cantada por Moris y su hijo Antonio, cuando yo no tenía más de doce años. Tiempo después descubrí la versión de los Neverly Brothers (Guille, no te olvidaremos) y todo fue tomando otro color. Nota del Editor: en el enlace hay una versión de los Neverly Brothers con Andrés Calamaro.

Llegué a Madrid casi treinta años después del nacimiento de la canción y estuve quince días preguntando por el Vips de Princesa a gente que desconocía su existencia por completo. Por un momento pensé que todo se trataba de una broma de Moris o de otro de los desaires del progreso hasta que, subiendo por las escaleras que están frente al Vips, me encontré con el emblemático restaurante.

Apuré mi paso como lo hacen los amantes que hace tiempo que se echan de menos, pasé junto a un grupo de chicos sentados al borde de la escultura de duro aluminio, abrí la puerta y respiré hondo.

Revisé las revistas para después sentarme en una mesa del centro, que era el lugar más próximo a la ventana. Abrí mi cuaderno de notas para inmortalizar ese momento hasta que llegó el camarero que, seguramente, jamás había visto a un cliente con esa cara de haber llegado a La Meca, y cuando me preguntó qué iba a tomar, le contesté “Una Coca Cola, bien roja y helada por favor”.

Ya no había hippies o burgueses, pero el mundo sigue borracho y haciendo eses.

NOTA: No hemos recibido ni un céntimo de la cadena Vips ni de Coca Cola, pero si pasan por el Vips de Princesa, saluden por mí al local.

 

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