Archivo diario: mayo 17, 2009

Me llamo Gus o la crónica de una frustración (por Gustavo Sierra)

17 de mayo de 2009

Garci sin Plomo

La película que se disponen a ver trata de la historia de una frustración: una idea que se fue forjando épica, pasó por el desencanto y acabó en la aceptación solidaria con los demás.

El autor eligió como modelo narrativo el de la serie estadounidense “My name is Earl”, porque es la historia de un perdedor: un tío bienintencionado que se empeña en hacer el bien, cosa que suele lograr algunas veces y otras le sale el tiro por la culata, pero acaba por aceptar la situación.

La historia cuenta con la aparición estelar de “El Hombre-Culebras”. Earl tiene un amigo que es un camarero al que llama “Hombre-Cangrejo”, porque trabaja en un bar que se llama “no-sé-qué del cangrejo” (hace tiempo que no la veo); si Gus quería ser Earl necesitaba a su hombre-cangrejo particular: y ahí entra el Hombre-Culebras (porque se apellida Culebras de segundo); cosa sorprendente, porque al igual que en la serie, el Hombre-Culebras le levantó la pretendida al autor (cosas de la vida).

También aparece estelarmente el gran Antonio Gómez, aunque bajo pseudónimo. En la entrada relacionada (ver abajo) dejo en el aire si la organización no habría vetado a todos los medios de comunicación, menos a RTVE y a alguno más (los pobres de TV3 andaban por el vestíbulo haciendo lo que podían): en realidad así era y yo lo sabía porque Antonio, que estaba tan desencantado o más que yo (seguramente más) me lo había dicho. De la misma manera, cuando Antonio trató la noticia en El Periódico poco días antes del evento, me hizo aparecer a mí soslayado como “el estudiante que ya ha protestado por la organización del evento”. Todos los detalles, aquí: Los de dentro y los de fuera: Raimon 1968-2008.

Ahora bien: este y el otro “artículo” fueron fruto de la ofuscación en parte, y en parte no: alargando la oreja cuando el “proletariado” universitario habla de los jefazos, uno se da cuenta que esto no era sólo porque fuera el Raimon, no: es que así actúan siempre, en círculos viciosos de comilonas. Pero, de todas formas, yo me quedo con la lectura final: seguramente otros también lo pensaron, y quizás también lo intentaron hasta donde pudieron… Y creo que todos nos quedamos fuera (?) ¡CON LO GUAPOS QUE SOMOS!

Sin más preámbulos, aquí tenéis la historia: con (sucedáneo de) violencia, con (sucedáneo de) sexo y con el auténtico protagonista de entonces, RAIMON, al que hoy, quizás, Berzosa (Rector de la UCM) no esté escuchando. Desabróchense los cinturones, preparen café, tómenselo, y hagan hamburguesas. Disfruten de la película…

Advertimos que (incomprensiblemente) algunos enlaces ya no funcionan

Permitidme contaros la historia a lo “Me llamo Earl” (estupenda serie norteamericana).

¿Han pensado alguna vez en el tío que un buen día decide intentar organizar un recital, pero descubre que el rectorado había tenido la misma idea, y al final se queda sin invitación y lo tiene que seguir desde fuera? Ese soy yo. Intenté organizar el recital de Raimon.

Me llamo Gus

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-¡Hola Gus!
-¡Hola Hombre-Culebras!

La historia que les voy contar comienza a finales de Septiembre de 2007. Aquel año había sido un año bastante satisfactorio: había conocido por Internet a varias personas interesantes, algunas de ellas personas a las que ya admiraba entonces. Así que la idea que por aquellos días se me ocurrió no era del todo descabellada. A finales de aquel verano y principios de aquel otoño, dejé por un momento de pensar en cómo sería mi vida si viviera en una isla desierta con la monumental Pilar Rubio y, por el contrario, comencé a reflexionar en que este año se cumplían exactamente 40 años del Mayo del 68.

Mayo del 68: los asesinatos de Luther King y Robert Kennedy, la Primavera de Praga, la guerra del Vietnam, los hippies… Y el recital de Raimon en la Facultad de Ciencias Económicas. Aquel recital supuso un antes y un después en la carrera del artista, de la oposición anti-franquista, y un hecho admirable para los jóvenes de hoy que escuchamos y admiramos al trovador de Xàtiva. Yo nunca había visto a Raimon y pensé que era una buena excusa. Así que me decidí:

TRAIGAMOS A RAIMON A LA COMPLUTENSE

Pero no parecía fácil, y mucho menos para un individuo que no pertenece a nada concreto. Pero conocía a gente de aquí y de allí que podían ayudarme. Pues, ¡manos a la obra!

Desde hacía tiempo participaba activamente en el foro de Hilario Camacho; allí escribía uno de los mejores tíos que he conocido en mi vida y que sí podía echarme una mano. Así que abrí un hilo en el foro que él recogió entusiasmado y prometió brindarme toda la ayuda que estuviera en su mano, que no fue ni es poca.

Como ya he dicho, no pertenezco a nada en concreto, pero sí conocía a alguien que pertenecía a algo y muy activamente. Mi buen amigo Mario, que había organizado unas estupendas jornadas en torno al filósofo Spinoza (a las que yo no asistí debido a mi natural fobia a las charlas). El caso es que se lo comenté y le encantó; y, aunque estaba horriblemente ocupado, prometió brindarme todo el apoyo de esta asociación de la Facultad de Filosofía.

Por otra parte pensé que si había alguien que en este tema debía de tener voz ese era el departamento de Filología Catalana (curiosamente coincidieron la Setmana de la Cultura Catalana con el recital, sin que se produjera ningún tipo de vinculación entre ambos acontecimientos). Pero no conocía al profesor de catalán, así que se lo dije al profesor de vasco para que se lo comentara.

Por otro lado, Toñi, una compañera de trabajo, me aconsejó proponérselo a la Sra. Decana de Geografía e Historia (aunque no recibiera beneficio económico alguno). Así pues, como se dice en el béisbol, ya tenía las bases cubiertas: debía ser ahora, porque contactar con el Rector no está al alcance de cualquier mortal.

Pero aquí vino el primer escollo. Al intentar hablar con la Sra. Decana me paró los pies una conserje bastante amable (con la que suelo fumar de vez en cuando). No me dejó ver a la Decana, pero en cambio me dieron un papel para solicitar el evento, el cual yo no dije en qué consistía. Pregunté a la secretaria si podía ser una asociación de filosofía, a lo que respondió algo así como: “Si los de Filosofía quieren organizar un acto, que usen su facultad”. La verdad es que, considerando que es en la facultad de Geografía e Historia, también llamado Edificio B de Filosofía y de Filología, en donde tenemos nuestra secretaría de alumnos, se podría decir que, en parte, es nuestra facultad. Esto tampoco me importaba: el edificio era por la cuestión sentimental del espacio, tampoco descartaba pedírselo a Filosofía. De todas maneras, comprendí que ese camino estaba cortado y pensé en atajar por otro lado.

La idea era llegar al rector, pero ¿cómo este miserable e indigno gusano mortal podría hablar con su señoría? Kafkiano, cuanto menos… Pero Mario, una vez más, tenía la solución: resultaba que una profesora amiga era además amiga del Decano: si alguien lo podía hacer ésa era ella. De manera que en cuanto tuve ocasión se lo comenté, ¡y le encantó! Prometió hablar con el Rector cuando tuviéramos la idea más definida. Eso alimentó mi esperanza. Por otro lado, me dijeron que el profesor de catalán se mostraba conforme, pero que no tenía ni pajolera idea (como servidor, que sólo tenía las ganas y la ilusión) de qué hacer.

Pero días después… Así lo conté en el foro:

Hola! Hoy traigo noticias desconcertantes sobre el tema.
Antes de ayer, mientras fumaba el cigarrito a la puerta de la facultad (¡dichosa ley!), me encontré a casi toda la plana mayor de la facultad fumando y tomando el sol (¡viva el funcionarazgo!) El caso es que estaban hablando, y en esto le oigo a alguno decir “El que va a venir es Raimon”. “¡Cómo!”, pienso yo. Se quedaron solos hablando del tema el gerente de la facultad de filosofía y una mujer; yo me acerco y les pregunto “Perdonen. ¿Dicen que va a venir?”, el gerente, un hombre que transpira simpatía por los poros de su piel (nótese la ironía) me dice “Sí”. Como tampoco parecían tener gran idea al respecto, paso del tema y me vuelvo pa dentro.
Pensé que quizás mi profe haya tenido algo que ver, así que intenté hablar con ella, pero no la encontré.

El caso es que esto complica las cosas: por un lado, si es verdad, pues yo ya no hago más na. ¿Para qué?; pero por otro, si es sólo un rumor -del que quizás sea yo la fuente- y no hago nada más, podrá quedarse esto en aguas de borrajas. ¡Qué dilema!

En fin, hablaré con mi profe y seguiremos informando. Si alguien se entera de algo, que me lo comunique.

(Mucho después, ese “sí” seco y agrio -al menos en apariencia- resonaría en mi memoria simbólicamente). Plómez me sacó de dudas: efectivamente la idea estaba ya en marcha desde hacía mucho tiempo, desde antes del verano (antes de que a mí se me ocurriera, para ser justo) y se iba a hacer. Por un lado, me sentía aliviado: podría descansar del tema y sentarme a esperar (también tenía/ tengo otras cosas de las que ocuparme); pero también un poco decepcionado: ¡me hubiera gustado tanto…! En fin, a diente regalado no le mires el caballo que los paquetes grandes aprietan en los calzoncillos… (?) Pero aún, quizás, podría hacer algo: siguiendo el consejo de Plómez intenté ponerme en contacto con el gabinete del rector, porque, como me dijo mi profesora “Si hay algo que les guste, eso son los voluntarios”; pero en este caso no querían voluntarios, y no recibí respuesta.

Pasó el tiempo, dejé de luchar, y me senté a esperar mientras intentaba leer a Marx para hacer un trabajo. Finalmente se anunció el evento y volví a intentar ponerme en contacto con el gabinete del rector. En esta ocasión me respondieron con un mensaje auto-generado (supongo). Tampoco quería parecer una especie de desquiciado, así que me contenté con la idea de ver a Raimon cantar, que nunca es poco. Pero pronto veríamos que la idea que yo tenía sobre la organización de un recital conmemorativo y la que tenía el rectorado coincidía, únicamente, en el recital sin más.

La idea era recoger las invitaciones en c/ Obispo Trejo nº 2 de 10 u 11 a 14’00, restringidas a dos invitaciones por persona desde el día 12 (lunes) hasta el 16 para la comunidad universitaria; y a partir del 19 hasta el 22 para la gente ajena a la universidad hasta completar los cerca de 810 asientos del auditorio. El recital me hacía una ilusión tremenda, pero aquel lunes uno tenía cosas que hacer.

Al día siguiente, mi mesa de trabajo tembló bajo la palma de mi mano cuando al día siguiente vi en la Web de la Complutense que las entradas para el recital se habían agotado (ciertas fuentes datan el momento de agote dos horas después de ponerse a disposición del público). Pensé mal entonces, luego me relajé: no sería la primera vez que un número tan alto de localidades se acababa tan rápidamente; el recital se esperaba con gran expectación… Pero, por lo visto, mucha gente tenía ya su plaza reservada. Caí en una tremenda especie de depresión y de resentimiento: ¡qué usaran a Raimon para estos pactos! De cualquier manera, decidí no sentenciar hasta no ver las fotos: ahora que las he visto puedo sentenciar que, mientras había gente que, por justicia, por tomarse la molestia de ir hasta allá, merecían estar en el auditorio, había otros que no guardaron cola ni esperaron día.

No obstante, uno siempre intentaba pensar bien, hasta que algún profesor amigo que se quedó sin entradas te confiesa que tiene también la misma sospecha y que intuye que pretendían hacer del recital un acto lo más institucional posible (y más aún si uno de estos profesores se refiere a la organización como “panda de mamones”: obviamente, no daré nombres). Por fortuna accedieron a poner una pantalla para poder seguirlo, cosa que ya he contado en la entrada anterior.

Decidí ir, dejar mi orgullo de lado, y disfrutar como si lo hubiera organizado yo el recital. Al fin y al cabo, soy uno más: soy igual que aquellos que estuvieron ayer conmigo, jóvenes y viejos, dentro y fuera, que fueron a disfrutar de un recital porque les gusta y no porque al día siguiente saldrá en la foto (a menos que la prensa -a excepción de la Gran Prensa- hubiera tenido que seguir el recital desde fuera: eso explicaría la falta de imágenes en algunos medios). Muy posiblemente alguno de ellos, con mis mismos medios y posibilidades, incluso menos, pensó o intentó hacerlo. Entonces es mejor disfrutar, aunque mi madre se cabreara al oír a uno decir “No era lo que me esperaba”… “¡Joío cabrón”, me dijo ella refiriéndose al personaje, “¡Pues haber cedido tu sitio!” Claro, era uno de los de dentro. Pero, en fin, fue agradable: parecía que estuviera con nosotros, e incluso, tal vez incluso, pudo haber hecho un guiño a los manifestantes contra Bolonia cuando en medio de una canción recitó en lengua de Castilla:

“Si sólo los ricos estudian,/ sólo los ricos sabrán,/ nos engañarán con cualquier cosa:…”

¿Lo hizo a posta? Pues yo diría que sí, porque estos versos están en catalán (comprobadlo pinchando el título: No el coneixia de res) y él los recito en castellano. ¡Bendito seas, Raimon! ¡Bendito seas mil veces!

En fin, que esto era la explicación a por qué mi madre le contaba a una chica “Yo debería estar ahí dentro”, por qué Bernat Soria y los otros ministros estaban ocupando las plazas que a mí me correspondían, y por qué este regusto amargo y este desencanto, que fue aliviado al ver a toda aquella gente que estaba como yo. A todos ellos va dirigida esta historia de una frustración personal.

Y ahí estaba yo, disfrutando del recital a pesar de todo: total, me he hecho con los dos carteles que anunciaban el evento (con permiso de los señores conserjes). Y aunque decepcionado por la actitud de las altas instancias universitarias, encantado, aunque no haya podido conocerle en persona, de haber visto a Raimon, su enorme humanidad, su genial humildad, y este guiño rebelde a los jóvenes que intentan parar Bolonia. Tal como dijo:

Dentro de cuarenta años, yo no podré estar aquí. Pero dentro de cien, contad conmigo

Espero no tener que esperar tanto para volver a verlo.

BENDITO SEAS RAIMON
BENDITO SEAS MIL Y UNA VECES

Juro por mi honor… Juro por Pilar Rubio que todo lo aquí contado es verdad (excepto la parte de Pilar Rubio, también me lo imaginaba con Leonor Waitling). Aquí, en el foro de Hilario Camacho, podéis comprobarlo, ya que lo escribí a modo de diario (aunque es posible que tengáis que registraros):

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Entrada relacionada:

Raimon en Económicas: hoy se cumplen 40 años (por Antonio Gómez)

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