Archivo diario: mayo 14, 2009

La música y el abismo (by Julio Valdeón Blanco)

14 de mayo de 2005

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Rodeo Bar de NYC

Nadie imagina Nueva York sin música. Caen grandes tiendas de discos, acosadas por los gatos de Internet, cierran discográficas, lloramos y tal, pero en mil garitos encontrarás amplificadores, guitarras, bajos a todo trapo. Quizá el jazz necesite revolucionarios, tal vez el blues hace tiempo que no renueva demonios, pero ahí tienes garitos (Iridum, Blue Note, Birland, Terra Blues, etc.), unos aristocráticos, otros más cutres, en los que las viejas melodías abrasan.

Otro fenónemo curioso: el auge del bluegrass (hierba azul). Una tradición supuestamente provinciana, rural, seduce a jóvenes talentos en Brooklyn y Manhattan. Cuevas como el Banjo Jim´s presentan alucinantes noches de folk y country. Sobre la carcoma de la madera los fantasmas de Bill Monroe y Stanley Brothers buscan el paraíso anterior al asfalto. El rockabilly pareciera desterrado del imaginario colectivo desde que Brian Setzer abandonara, más o menos, la causa, y no. Es carne eléctrica, barbacoa gozosa, en el Rodeo Bar.

Añade a la lista clásicos como el Joe´s Pub, donde dentro de media hora morderá Steve Forbert, otro de esos rockers amamantados en Nueva Jersey. Hora y media más tarde Marc Ribot celebrará su cumpleaños en la industria con una de sus habituales, y apetitosas, aventuras (busca su guitarra en discos que van de Tom Waits al “Alta suciedad” de Calamaro, aparte de exquisitas chifladuras, tipo Los cubanos postizos). Y en el B.B. King Club la gran Etta James enajena corazones con su catálogo blues/soul. Uno, a veces, necesita frotarse los ojos para comprender de qué va todo esto. Llueve azufre. Al tiempo, nunca antes el gentío estuvo más interesado en la música real, la que aspira a contar lo que sucede en las fontanerías del alma.

En “The sound of the city” el gran Charlie Gillet comentaba como en Inglaterra, a prinicipios de los sesenta, ante la falta de emisoras especializadas, el rock ´n´ roll floreció gracias al directo. Tras el aldabonazo de “Rock Around The Clock”, la película, Beatles, Kinks, Stones y demás destrozaron la dictadura de un mercado grogui, incapaz de reaccionar, partiendo nudillos en vivo.

Entre tanto, el Departamento de Estado incluye a España entre los países corsarios, un territorio donde no existe Amazon, en el que se da la monstruosa anomalía de que los autores encarnan la némesis popular (SGAE). ¿Cómo es posible, dios mío? Acaso la actuación de artistas como Ramoncín (hoy firmo contra un concursete de TV, mañana lo presento), contribuya al descrédito. Como mínimo, ejerce de quintacolumnista, alimentando a los demagogos. Mientras, los videojuegos, a priori los que cultivan a un público más netamente pirata (niños y adolescentes), venden a quemarropa (bueno, en España un poco menos: también en materia de consolas somos reyes de la descarga).

Tengo días contundentes y otros grises, y va ser que esta tarde el artículo nace aterido, cosido a dudas. Cuando compruebo que, en apenas un mes, la mastodóntica caja de Neil Young ha bajado su precio en casi un 30% (¿cual era el margen de beneficios?), abro la boca y enciendo un pitillo. Carajo, me pregunto si la industria no caminará hechizada rumbo al matadero, si a pesar del latrocinio global, o sea, va a ser que le pone el suicidio.

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