Lynch, Seeger, la meditación y la trucha (by Julio Valdeón Blanco)

7 de mayo de 2009

seeger-reuters

Hace un mes dimos (los medios, o sea, sus obreros) amplia noticia del concierto que reunía a Paul McCartney y Ringo Starr en el Radio City Music Hall. La chochona melódica y el baterista gracioso hicieron de la noche un alegato rocanrolero. Le robaron el escenario a David Lynch, empeñado en recaudar fondos para que los niños pobres accedan a los beneficios de la meditación. Toma castaña. A falta de antivirales, agua o comida, sobredosis Zen. Por acabado que muchos consideren a Marx, el filósofo con mariposas en las barbas delineó hasta la corva el sentido último del opio espiritual, así en los días de los infantes deshollinadores como en la era de la lechuga vegana y el trascendentalismo chic. Que Lynch está gagá resulta obvio. Como tantos artistas millonarios cree disponer de la fórmula mágica. Aliviará este valle de mierda porque su capacidad creativa le otorga poderes demiúrgicos. Es lo que tienen los premios, y la coca. A este paso el descrédito de los intelectuales será irreparable. Siguiendo la divisa antigua, con el habla trabucada por el ego, montan un caballo a la manera de Don Quijote y parten a la conquista de la dicha universal. Qué pesaditos.

Otro renombrado activista, sólo que menos marciano, ha sido, es, Pete Seeger. Cumplía noventa años. Un tremendo cartel de discípulos, amigos, socios y colaboradores tomó las tablas del Madison Square Garden para festejarlo. Al reclamo acudieron Bruce Springsteen, Tom Morello, John Mellencamp, Emmylou Harris, Kris Kristofferson, Dave Matthews, Arlo Guthrie, Joan Baez, Steve Earle, Bela Fleck, Michael Franti, Ben Harper, Tom Paxton, Richie Havens, Ani DiFranco, Patterson Hood, Eddie Vedder, Ladysmith Black Mambazo, Ramblin´ Jack Elliot, Roger Mcguinn o Taj Mahal. Faltaron Bob Dylan, de gira por Europa (y poco dado, intuyo, a cantar “This land is your land” en cascabelera comunión cósmica) y Silvio Rodríguez, al que las autoridades estadounidenses denegaron por lo fino el visado. Aclaro que el cubano me parece un compositor e instrumentista superdotado, y un dogmático insufrible cada vez que engancha el enésimo subidón guevarista, pero eché en falta que alguien le dedicara un capotazo, unas palabras de apoyo, un guiño, no sé, algo.

Como en el concierto del cincuenta cumpleaños de Dylan, callaron como putas. Entonces, porque no parecía conveniente poner de mala leche al público tocándole los nuncios al Santo Padre; el domingo, porque en tiempos de “Working on a dream” (qué desorientado y banal suena últimamente mi amado Bruce, con lo que ha sido, dios), estropear los coros y danzas recordando la evidente monstruosidad del bloqueo quedaba muy feo.

Sí, claro, odiamos al senador McCarthy, aquel borracho paranoico y cabrón. Oh, cielos, condenamos la Caza de Brujas, etc., sólo que mejor hacemos mutis y esperamos para soltar la lengua cincuenta o sesenta años. Mejor, quita, quita, demostramos la tenacidad de nuestras convicciones cuando el asunto sea pasto de gusanos, desayuno de historiadores, criadero de moho.

Al menos el gran Seeger hace tiempo que abandonó su musculada defensa del hombre socialista por la más prosaica aspiración de limpiar el Hudson. Mucho mejor, digo, sacarle brillo a las truchas, desatascar rápidos, depurar aguas, que la empanada del Sr. Lynch y sus mantras curriculares.

Y lo peor no es eso.

Lo más chungo es que cualquier día se pone flamenco y zas, nos castiga el páncreas con otra película, por ejemplo, mmm…, Inland Empire II.

Acojona, ¿eh?

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7 comentarios

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7 Respuestas a “Lynch, Seeger, la meditación y la trucha (by Julio Valdeón Blanco)

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  3. Tan sólo decir que ¡viva Paul McCartney también! Aún a pesar de sus…

  4. Jeje! Mi buen machadiano y gramsciano Antonio (¡cuánto Antonio!): sencillamente, eso es mucho mejor.

  5. Pete Seeger vivo. Eso si que es un milagro.

  6. Antonio Gómez

    Interesante esa comparación de conciertos. La verdad es que servidora está desde hace tiempo hasta los mismísimos ovarios de ese tipo de “solidaridades” a bombo y platillo que tan buenos dividendos de publicidad otorgar a quienes las organizan (y no digo, ojo, que todos sean iguales o que no sirvan, aunque lo del ZEN es demasiado para mi sensibilidad).
    Otra cosa creo que es la del homenaje a Seeger (espero que Adrián cuelgue una cosita que le he mandado a toda mecha), que responde, como dices, a otros parámetros. Los de los discipulos agradeciendo al maestro sus enseñanzas.
    Por cierto, gustavo. Es cierto que a Seeger no le han dado sus ganancias para comprarse una mansión. La casa en la que vive, en las orillas del río Hudson, la construyó con sus propias manos. Y las de su mujer, Toshi, y las de sus amigos, que a cada uno que iba a vistarle le ponía a levantar paredes o a hacer una mesa de troncos.
    Salud

  7. Me gusta la comparación que haces entre el compromiso artístico y personal de ambos. Lo de Lynch tiene una explicación, no excusable por supuesto: todas estas filosofías o religiones orientales creen que la paz universal se logrará meditando y cantando mantras (lo cual, en cierto sentido tiene lógica: si todos cantan mantras y no hacen otra cosa, no hacen la guerra); lo malo es cuando te lo crees. Será que está gagá, y los otros dos (por muy bien que me caiga Ringo, McCartney no tanto) también por apoyar una causa tan absurda y tan inútil y tan inaplicable.
    Seeger es mi héroe, es el ejemplo del compromiso universal. Alguien, en la página que pide la candidatura de Seeger a Nobel de la Paz, le atribuía una máxima: “Piensa globalmente, actúa localmente”, que es lo que hace con lo del Hudson. Y ya que nombras al Boss: hay algo que hace tiempo me vengo mordiendo, pero ahora voy y lo suelto: seguramente tú también apuntas a ello: me jode mucho que Springsteen cobre un dineral por sus conciertos cantando las canciones de Seeger, cuando el propio Pete, cuando pudo, las cantó hasta gratis y, además no le dieron más que para vivir holgadamente, no para comprarse mansiones y descapotables. Ahora, si me aseguras que parte de lo recaudado va a alguna buena causa (no la de Lynch, ¡por Dios!), entonces ya no me jode.
    Un saludo

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