Archivo diario: marzo 9, 2009

Los Conciertos de la Transición 3: Quilapayún (por Javier García-Pelayo)

9 de marzo de 2009

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El invierno es la época de presentaciones de los artistas, para su posterior trabajo de verano. Los conciertos que hicimos con ZA eran para desarrollar los Artistas de Gong. En el teatro Barceló (hoy Pachá) y otros sitios, presentamos en diferentes días a: Carlos Cano, Pablo Guerrero, Hilario Camacho, Luis Pastor y creo que Amancio Prada y Labordeta.

 

 Entre los músicos de Hilario estaba Flaco Barral, que junto con Antonio Valls, Dick Zappala y Gustavo Ros tenían un proyecto que se llamó Azahar, para el que no encontraban batería y se decidió psicodizarlo, más aún, y no llevar ese instrumento. Se grabó y preparó para ese verano.

 

Estábamos buscando como ponernos en contacto con los Quilapayún, cuando sonó el teléfono…. y eran: Quilapayún, preguntándole a Gonzalo como podían hacer una gira en España. Acordaron un número mínimo de actuaciones garantizadas y las demás al mismo precio pactado, más gastos. Les preparamos más de diez para el mes de Marzo a ellos y algo parecido, para después de Semana Santa a sus colegas Inti Illimani y a los Parra, ya para mayo- junio

 

Manuel Gerena sacaba disco y solía tener problemas gubernamentales para sus actuaciones. Decidimos probar suerte y lo preparamos para el teatro Monumental. Varela pidió los permisos… y se los concedieron. La presentación fue a teatro lleno. Después, el camerino se llenó de gente y llegó D. Santiago Carrillo ¡¡con peluca!! Manuel le presentó a Varela como el que había conseguido el milagro de los permisos y D. Santiago le dijo: “Pues le vamos a tener que contratar para que nos lo den a nosotros“. A los pocos días le detuvieron y lo demás es Historia. (Varela no se ocupó de la posterior legalización)

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Foto de El País: Santiago Carrillo (derecha) y su amigo Teodulfo Lagunero, al entrar en España en febrero de 1976.

 

Con Quilapayún sabíamos que, tiempo atrás, alguien los había querido presentar y pidió los permisos poniéndolos como “cantautores chilenos”. Fueron denegados.

 

Varela, en su santa ignorancia-sabiduría (se hacia el cortito como nadie), los pidió humildemente y apoyándose en los ponchos de las fotos, rellenó la casilla como ” grupo folclórico andino”. Se los dieron del tirón. Pepe Varela era un genio popular de una gracia, simpatía y enganche personal inmenso. Vino a casa a preparar un cocido y se quedó casi dos años de risas, desarrollo personal  y profesional en el mundo del espectáculo.

 

Quilapayún eran en ese momento apátridas, porque el golpe les cogió fuera y se quedaron sin pasaporte. Necesitaban visado. Varela los consiguió y se los mandamos a Paris. Gonzalo nos dijo de contratar el pabellón del Real Madrid, nos pareció mucho pero era el jefe, a los del pabellón también les pareció mucho y nos advirtieron del posible fracaso, pero seguimos. Hicimos los carteles y contratamos la publicidad en El País. El plan era el domingo anuncio en el periódico, diciendo que el lunes se ponían a la venta las entradas y desde el lunes cartelería durante dos semanas. El lunes, a media mañana fuimos a las taquillas del Madrid para confirmar que se habían abierto y ver la respuesta. Llegamos y al ver mucha gente maldijimos al futbol, por coincidir y complicarnos la taquilla, pero mucha barba había para futbol. Cuando llegamos, oímos al taquillero decir: “¡Que no queda ni una! ¡Que no es mi culpa!“. Quedaban fuera más de mil personas. ¡¡Habíamos agotado, en dos horas y sin cartelería, todo el taquillaje!! Un genio mi hermano.

 

La gira fue a lleno completo toda ella y como en ese tiempo no se ponía seguridad, se nos subieron al escenario todo tipo de agitadores políticos, flameando banderas prohibidas, leyendo manifiestos airados, protestas indignadas y reivindicaciones milenarias, que nos ponían los pelos de punta . Los “Quilas” tenían pánico de la DINA, yo de los delegados gubernativos y toreamos a cuerpo limpio, tuvimos suerte… y sin problemas.

 

En Madrid, el día del concierto, veo que las colas estaban, temprano seriecitas y ordenadas, pero casi todos llevaban enrolladas y escondidas, banderas, proclamas y octavillas.

 

Estamos en el backstage y nos llega el delegado gubernativo, haciendo gestos obscenos y diciéndonos: “Nos la habéis metido entera, pero a mi no me engañáis. ¡¡Estos son comunistas!! Ahora, que yo os voy a meter ¡un millón de pesetas de multa! por cada bandera, octavilla o desorden que haya aquí.” El plan era enorme. La ruina estaba garantizada (¡un millón por cada bandera, octavilla!). Probablemente sería noche de comisaría. Varela sacó la muleta y comenzó una gran faena, diciéndole de tomar una cervecita en el bar, donde al pedir algo de tapa no había o era mala y Pepe empezó a alabar las tapas y su afición por ellas y ya puestos, le propuso ir a un bar que él conocía con autentica calidad en tapas y jamón……Se lo llevó, desde el pabellón a la Plaza de Oriente y me lo trajo, completamente borracho y bien comido, cuando las sesiones, con sus agitaciones habían ya terminado. La gente, por precaución, no se llevaba las banderas de vuelta a casa. Estaban allí por los suelos, entre octavillas y demás restos de un concierto. El gubernativo nos dijo, que como éramos nosotros, sólo nos pondría un millón. Nos extendió la receta y se fue tambaleándose cual régimen a punto de desplome.

 

ENTRADAS ANTERIORES:

 

Los conciertos de la transición 2: Carlos Puebla y los Tradicionales (por Javier García-Pelayo)

 

Los conciertos de la transición (por Javier García-Pelayo)

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