Archivo diario: febrero 23, 2009

Los conciertos de la transición (por Javier García-Pelayo)

23 de febrero de 2009

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De izquierda a derecha: Gonzalo, Santiago, Javier, Carlos, Varela, Pedro y Rafael

 

 

Triana estaban preparando la salida de su segundo LP “Hijos del Agobio“. Desacuerdos estructurales y técnicos sobre la puesta en escena nos hicieron ver, que para conservar nuestra amistad, era mejor no seguir trabajando juntos. Desde “El Patio“ y el primer contrato en el club Argentina (17.000 Pts.) pasando por el M&M de Vicente Romero (20.000 Pts.), los dos conseguidos a través de ese figura del rock español, Javier Gálvez. Hasta los últimos, en toda España, a más de 200.000 Pts., dejaban un buen recuerdo y un tiempo, de casi tres años imborrables, que era mejor no estropear por un éxito, en ciernes. Siguieron, un tiempo, ensayando en el garaje de casa, en Pozuelo. Pero Pepe Varela y yo atendimos la llamada de Gonzalo (García Pelayo), para dedicarnos a montar conciertos. Se acababa el 76 y empezaba un 77 que venía agitado, Adolfo Suárez había dicho de hacer legal, lo que era normal en la calle. Y la calle estaba alborotada y con ganas de reunirse, vibrar y votar.

 

Gonzalo, en la serie Gong editaba, con éxito, discos de cantautores españoles, caribeños y  del cono sur americano. Hablamos con la embajada cubana y les contratamos a Carlos Puebla y los Tradicionales. Una cantidad por concierto más gastos. Un numero de conciertos garantizado y los que pasaran, al mismo precio que los ya acordados. Le pagábamos a la embajada y ellos le pagaban a los músicos, su nomina mensual de trabajadores del estado.

 

Carlos llevaba, desde la revolución, cantando con el grupo tres horas diarias en el programa: “Carlos Puebla le canta al Pueblo” de Radio La Habana. Y girando por todo el mundo comunista, como contrapartida cultural, en los acuerdos entre países.

 

Gonzalo se ocupaba de los acuerdos con los artistas y la dirección general. Varela de pedir los permisos necesarios, pastorear y torear los problemas sueltos. Yo de la venta, producción y realización de los conciertos. En casa de Gonzalo. Un pasillo. Una habitación con una maquina de escribir, una mesa redonda y cuatro sillas de formica, un teléfono y la ventana al patio interior.

 

En Madrid Yolanda Castilla del Teatro Monumental, nos atendió muy bien y en el resto de España les firmamos 18 actuaciones, a realizar en 30 días.

 

El más joven de Los Tradicionales, Pedro tendría 60 y pico años, Rafael casi 70, Santiago casi 80 y Carlos 70 y bastantes. Era el mes de Enero y la embajada, siguiendo su costumbre, les hizo unos trajes para la gira. Varela siempre dijo que les habían comprado las telas en “toldos la Estrella“. Eran para que les sirvieran en Cuba, fresquitos. Hubo que hacer otros.

 

No hubo problemas de permisos, excepto en el Ferrol del Caudillo, que los denegaron. Pero lo vimos natural.

 

El “rider” del artista era fácil, solo pedían una loseta, de mármol, o adoquín de buena piedra. Y algo más difícil, pero con alternativas. La tapadera de una lata de betún de limpiar zapatos, de marca antigua. Pero si ya no la había, valían otras, que si encontrábamos.

 

Viendo que íbamos a recorrer España con varios miles de kilómetros, alquilamos un Dodge Dart de ministro, automático y gigante y comenzamos la gira por la autopista de La Coruña (casi única en esa época). Pitillito de salida y me emociono en la pista, con lo que el coche daba de si. Carlos iba a mi lado y los otros tres detrás. Le voy dando caña al coche y nadie dice nada y cuando el marcador empezaba a pasar de los 200 k/h y los coches adelantados desaparecían en los retrovisores, se oye la voz de Rafael que canta melodioso…”Dale dale suaveciiiito…Dale dale suaveciiiito…“. Levanté pié y Carlos se volvió y le dijo ..”Calla,… come mierda. Que este carro es americano y está hecho para correl…” Pero empezaron a cantar los tres: “Dale dale suaveciiiito Javier, que la calle no es tan solo para ti”…Y ya Carlos siguió cantando él solo (era una canción suya para el trafico): “Cuando veas la roja chofér… no te la pases… que por esa común infracción…también se muere”… y los coros, desde atrás… “Dale dale suaveciiiito… Dale, dale suaveciiiito Javier”.

 

En un, enorme, buen tono personal fue desarrollándose la gira, que de publico fue más o menos bien y con mucho éxito artístico. Tenían una gran capacidad de contacto, de comunicación.”Y En Eso Llegó Fidel” era una fiesta. “Hasta siempre comandante” llenaba las salas de mecheros encendidos y gente emocionada.”Si no fuera por Emiliana” provocaba complicidad. Con “Alamar paraíso junto al mar” explicaba la revolución urbana y la presentaba diciendo: “También hicimos la revolución urbana. A un señor que tenía más de trescientos pisos, le dijimos: Oye tú, ven y mira aquí. De todos esos pisos, que tú tienes… elige el que mas tú quieras… y los demás, para la revolución“… Aquí la gente aplaudía a rabiar y Carlos seguía “Y aquel individuo se negó y le dijimos: pues, ya tenemos un piso más. Al paredón. Y lo fusilamos“. La gente aquí se partía de risas y aplausos. Acababa de ser elegido Gerald Ford y Carlos cantaba “Pues mire usted, pues mire usted. A mi me da lo mismo Ford que Chevrolet“. Y todos, por el suelo de risa. Años más tarde los balseros salían desde Alamar y llorando, casi, me alegraba de que Carlos no los viera 

 

Santiago, guitarra y voz bajas, solía decir “Yo era un negro marihuanero y borracho, tirado en la calle. La Revolución me devolvió la dignidad y me hizo un hombre”… Era un gran músico y artista, presidente del sindicato de músicos de Cuba y el único del grupo con carnet del partido comunista.

 

Pedrito, voz alta y maracas mágicas. Era pequeño, con bigotito, una garganta de plata, como una trompeta y mucha, mucha clase y simpatía. Me contaba sus viajes por el mundo y el frío que pasaron, a cuenta de los trajes-regalo, en Mongolia exterior, concretamente en Ulham Bator (o como se escriba), que se les congelaban las orejas y me explicaba como el gigantesco presidente les saludaba cariñoso, dándole unos manotazos en la espalda que le hacían tambalear…“Que listos son los Mongoles, chico!!” decía. “Actuamos en el gran teatro Stalin y como el primer día no nos entendieron ni carajo… el segundo teníamos, detrás, unos mongoles que iban levantando carteles, con las frases traducidas, mientras cantábamos…Y tremendo éxito, chico”.

 

Rafael, Felongo en el grupo, era el de la marimbula (cajón con abertura lateral con lengüetas, que pulsadas suenan como bajo-bongó) y con la mano izquierda marcaba algunos tiempos con la tapadera de la lata de betún, en la loseta de mármol: Tlin, Tlin, Tlin, Tlin…, mientras Carlos cantaba: “En eso llegó Fidel”…Tlin, Tlin, Tlin, Tlin…”se acabo la diversión, llegó el comandante y mandó a parar” Tlin, Tlin, Tlin, Tlin”.

 

(Continuará).

 

Los conciertos de la transición 2: Carlos Puebla y los Tradicionales (por Javier García-Pelayo)

Los Conciertos de la Transición 3: Quilapayún (por Javier García-Pelayo)

Los Conciertos de la Transición 4: Inti-Illimani (por Javier García-Pelayo)

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