Archivo diario: febrero 13, 2009

El precio de los discos en El Corte Inglés

13 de febrero de 2009

fnac

Vengo observando con demasiada frecuencia la confusión respecto al precio de los CDs. Sinceramente pensaba que era un tema que estaba ya superado por la realidad de las descargas, la piratería del Top Manta, la debacle de las discográficas, las nuevas tecnologías, etc. Y como he tratado el tema en varios posts y artículos para Efe Eme lo daba ya por finiquitado. Sobre todo porque siendo práctico, creo que es una perdida de tiempo intentar convencer a alguien de algo cuando su predisposición le impide escuchar o atender a razones. Si bien es cierto que no conviene olvidar cierta pedagogía (como escribía en el post cuyo vinculo encontrareis ligado al nombre de Efe Eme).

 

El pasado fin de semana después que Julio Valdeón –corresponsal de El Mundo en Nueva York- enlazase los Agravios Comparativos 1 y 2 en un artículo suyo, se dispararon las visitas y los comentarios en el blog. En uno de ellos apareció el tema del precio y el margen, cargando como siempre las tintas sobre las discográficas. No se si la explicación que di fue convincente o no (como he dicho antes: seguro que a la persona en cuestión le daría igual, porque ya tiene formada una opinión y no la va a modificar). Tampoco se si me expliqué correctamente o no.

 

Ahora traigo unos ejemplos prácticos, que quizás ayuden a la comprensión. Ayer, después de comer con Víctor Alfaro, estuve en FNAC haciendo unas compras de cumpleaños, San Valentín, etc. Es el recibo que encabeza el post. Me faltó por comprar el “Back in Black” de AC/DC, que estaba agotado. Camino de casa, bajando por la calle Preciados, entré en El Corte Inglés de Sol (la disco tienda que se llamaba en mi época). Por si acaso. Y tenían el de AC/DC. Me sorprendió el precio. Consulté en caja por si me había equivocado. No, todavía me funcionaba la vista. Que no la memoria. Costaba 20 euros. ¿O eran 20.95? En cualquier caso un pastón. Comparado con los que acababa de comprar –Led Zeppelin (el primero) y Jimi Hendrix (“Axis: Bold as Love”) a 7.95€ cada uno, siendo ambos la edición remasterizada- esto de ECI era una autentica burrada. Así que lo siguiente que hice fue pedir “Tonight”, el último de Franz Ferdinand. En FNAC pagué 14.95. En El Corte Inglés costaba 18.95. ¡4 euros de diferencia en el mismo CD! Sólo cambia la tienda. Y entre ambas no debe haber más de 200 metros de distancia. ¿También tiene la culpa la compañía de discos? ¿O la SGAE? Va a ser cosa del árbitro…

 

Y si Madrid Rock siguiese en funcionamiento (y Castelló, Discoplay y tantas otras) los beneficiados seriamos los compradores, especie también en extinción.

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Aquellos rebeldes: La versión española

13 de febrero de 2009

javier-garcia-pelayo

Hablando anoche con Javier García-Pelayo me cuenta del reportaje del Magazine de El Mundo del domingo pasado sobre los hippies. Era la segunda parte de “Aquellos Rebeldes”, artículo de Maribel González. Él aparecía en “la versión española” como hippy destacado. Lo podéis leer directamente en la Web del diario o a continuación (con links):

 
No fueron muchos los hippies españoles. Apenas un puñado de aventureros que, cuando la dictadura empezaba a languidecer, consagraron su juventud al peace and love y encontraron en las vírgenes Baleares el paraíso donde hacerlo.

 

La mayoría eran hijos de burgueses. Niños de buena educación que llegaban con un cheque y varios idiomas en el bolsillo a esas islas repletas de extranjeros donde imperaba el vive y deja vivir. Había tal buen rollo que no dudaron en dejarse llevar.

 

No niegan que lo hicieron de la mano del LSD o la marihuana; tampoco que abrazaron el hippismo movidos, a partes iguales, por un utópico entusiasmo de dar color a un mundo que veían gris y por un irrefrenable deseo de dar salida al torrente de hormonas que corrían desbocadas por su sangre juvenil. Y reconocen que un día la realidad los despertó de aquel psicodélico sueño y casi todos los que no habían caído en los excesos del sexo y las drogas acabaron volviendo al redil. Aún así, perjuran que, nunca como en aquellos ibicencos 70, fueron tan felices y tan libres, y que esos alocados años no fueron en vano.

 

Hoy la ropa que llevábamos está de moda y la gente paga por hacer yoga. Al final, el sistema convirtió nuestra forma de vida en algo rentable”, se lamenta Carlos Martorell, un licenciado en Derecho que iba para diplomático y que se quedó en el camino al descubrir Ibiza en el 68. Fundador de la mítica Pachá, Martorell espera que la Historia reconozca que “los hippies no fuimos una panda de vagos más o menos sucios, sino gente muy culta que defendíamos unos valores que hoy forman parte de nuestra democracia”. Aquellos hijos de Ibiza hoy bordean la edad de la jubilación y algunos, genios y figuras como los que hemos entrevistado, no han cambiado. Mientras los nietos de la isla recuerdan su infancia con una mezcla de orgullo y nostalgia.

 

FAMILIA SÁNCHEZ DRAGÓ | EL PRIMER HIPPY Y SUS CIGARRITOS MAGICOS

Con el mismo espíritu que Marco Polo, el escritor Fernando Sánchez Dragó (1936) inició en 1966 un viaje sin prisa hacia Tokio en el descubrió todos los encantos del exótico Oriente. Quedó prendado de India –al llegar una fuerza extraña le llevó a proclamar: “¡Esta es mi tierra!”–; del hachís que el Estado vendía en monopolio, y del hippismo, una forma de entender la vida que desde entonces ha marcado su manera de ser y de escribir. “Fui el primer español que en el 68 se perdió en Oriente y mientras en aquel mayo de París andaban revolucionados, yo montaba mi marimorena particular en un cuchitril infecto de Taiwán donde, tras una trompa, Caterina y yo concebimos a nuestra hija Ayanta“. Hoy, aquella niña es la directora del Teatro Lara (Madrid), una abstemia fundamentalista de todas las drogas. De su padre asegura que “fue un magnifico guía en el mundo del conocimiento, pero un pésimo organizador de mi niñez. Me dejaba no ir al colegio porque decía que allí se desaprendía lo aprendido en la vida, no me ponía hora de llegada por más que yo la pedía…”. A pesar de los pesares, Ayanta no cambiaría por nada del mundo esas noches en que “él se fumaba sus cigarritos mágicos y dejaba volar su imaginación mientras yo me acurrucaba a su lado”.

 

FAMILIA RIBA | EL VISIONARIO Y SU VIDA NATURAL

Pau Riba,1948, ya no luce melena: “Me la corté después del último homenaje que me hicieron porque fue una auténtica tomadura de pelo”. Por lo demás, sigue igual: “Aún creo que los valores que la movida hippy puso sobre la mesa forman parte de la moral universal”. Hijo de aristócratas catalanes fue educado en un ambiente culto y refinado. Pero Riba salió rana y se convirtió en uno de los primeros cantantes hippies nacionales. Inspirado por el LSD, con sus letras pretendía cargarse el sistema: “El ácido convirtió a los jóvenes en unos en visionarios que veíamos lo que otros ni vislumbraban. De ahí mi primer disco: Dioptría”. Con 23 años decidió ser consecuente con el ideal hippy de volver a la naturaleza y se marchó a vivir a una cueva en Formentera. “Allí traje al mundo a mis dos primeros hijos [tiene otros tres de distintas mujeres] y nunca los eduqué. Eso se hace con los perros. Yo los cuidé y los dejé ser libres”. Pauet, el primogénito, siguió los pasos de su padre y hoy triunfa junto a su hermano Caïm en el grupo Pastora. “De hippy sólo tengo las raíces: soy un urbanita y un tecnófilo. Pero reconozco que viví una infancia muy divertida, y agradezco que mis padres me enseñaran que aquel movimiento era mucho más que sexo y drogas”.

 

FAMILIA GARCÍA PELAYO | HIPPY CONVENCIDO…Y MUCHAS COSAS MÁS

“El mundo tal como es no me gusta”, leyó Javier García Pelayo (1951) en Calígula, de Albert Camus, y adoptó la cita. “Como no tenía cojones ni necesidad de meterme en el PCE, y un médico amigo me dijo que la marihuana no tenía contraindicaciones, me enamoré del concepto que el hippismo tenía del amor y con él me lancé a cambiar el sistema”. Nunca pudo ir a Ibiza, pero en su Sevilla adoptó la estética de la isla, se adornó de toda la parafernalia psicodélica y luchó para transformar su entorno inmediato: “La libertad de la que hoy disfrutan mis hijos demuestra que triunfamos, que no fue una lucha utópica y vacía de unos melenudos. El problema es que, a partir del 73, empezaron a matar a nuestros líderes musicales e intelectuales y banalizaron nuestra forma de pensar vendiendo en El Corte Inglés ropa hippy para pijos”. Javier, que fue manager de todo el rock andaluz de la época, tiene dos hijos, a los que nunca ha prohibido nada. Luis, que nació en 1980 cuando su padre ya no llevaba el pelo largo, valora la forma en que fue educado: “Me daban información sin tabúes, pero no me imponían o impedían nada. Hoy no soy hippy, pero sí creo, por ejemplo, en el amor libre. El problema es que ya casi ninguna mujer lo defiende…”.

 

FAMILIA ESCOHOTADO | EL DEFENSOR DE LAS DROGAS Y LA CULTURA

Más que hippy, fui freak: quería vivir en la naturaleza, hacer la revolución sexual e investigar con las drogas, pero sin creer en místicas ni vender escayolitas”, aclara el filósofo Antonio Escohotado (1941), un loco, como se autodefine, que en el 70 dejó un puestazo en el ICO para hacer la robinsonada de vivir 13 años en Ibiza. “Vivíamos en una choza sin luz ni agua y trabajaba haciendo traducciones o en lo que salía”. Sentimentalmente, confiesa, fue una época plena: “Primero tenías relaciones sexuales y luego personales. Nunca follamos tanto como entonces”. En el 83 despierta de la utopía para retomar la docencia y convertirse en presidente de honor de Memoralia, la empresa de comunicación que ha creado Jorge, el tercero de los siete hijos que ha tenido con diferentes mujeres: “Los descendientes de esa generación heredamos sus sueños románticos, pero los vivimos desde dentro del sistema…”. En su opinión, la forma de ser de Escohota, como llama a «su viejo», ha sido positiva para él: “En casa había mucha libertad, pero también mucha exigencia en el plano cultural y de responsabilidad personal. Mi padre nos ha dado la opción de probar cualquier droga, pero siempre que fuéramos responsables”.

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