Archivo diario: enero 8, 2009

La prensa musical en España: el admirable trabajo de unos pioneros (por Antonio San José)

8 de enero de 2009

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Viñeta de 1977 de Ceesepe para Disco Expres inspirada por “Jim Dinamita” de Burning

Aguardaba cada sábado, después de comer, la llegada al kiosco de la calle Montero Calvo de Valladolid de “El Musical”, un periódico semanal editado por la cadena SER, que recogía noticias, entrevistas y críticas de discos en aquel inicio de los años setenta. La publicación traía mucha publicidad, como correspondía a la creciente cadena 40 Principales, pero lograba ofrecer una panorámica interesante de lo que ocurría en el mundo de la música y, de vez en cuando, incluía superposters  de algunos artistas que terminaron decorando mi habitación: de Serrat a Jimi Hendrix. Eclécticos que eran los editores.

 

Aquel periódico sin demasiadas pretensiones, que dirigía nominalmente Basilio Gassent, el único jefe de la Sociedad Española de Radiodifusión que cumplía los requisitos legales de titulación para ello de acuerdo con la ley Fraga entonces vigente , se convirtió al cabo de los años en “El Gran Musical”, un título homónimo al programa que se emitía por la cadena todos los domingos a mediodía dirigido por Tomás Martín Blanco y Rafael Revert. A mí no era la publicación que más me gustaba, pero no había demasiadas y mi pasión musical me empujaba a los puestos de prensa con una adicción propia de males mayores.

 

Entre las revistas que yo compraba con asiduidad estaba la legendaria “Discóbolo”, en la que oficiaba con arte y maestría un auténtico pionero como Alfonso Eduardo Pérez Orozco. Era un tipo de publicación formalmente seria y austera, pero fue una de las primeras, junto con la que editaba José Luis Álvarez. Era lo que había en una España que vivía de espaldas al mundo y en la que todo lo interesante había que traérselo de Inglaterra o de Estados Unidos, porque aquí seguíamos siendo lamentablemente diferentes.

 

No obstante, descubrí enseguida, con apenas trece años, dos títulos que me marcarían indeleblemente en mi adolescencia. Mis publicaciones de cabecera durante muchos años y el alimento musical más preciado porque por aquel entonces no disponía de “numerario” suficiente para comprar discos (los elepés costaban la friolera de 300 pesetas). Aquellas preciadas vitaminas fueron “Mundo Joven” y “Disco Expres”. Cada cual en su ambiente y las dos complementándose en mi ansia por saberlo todo de los artistas a quienes más admiraba.

 

“Mundo Joven” fue un semanario valioso, bien hecho y magníficamente dirigido. Su editora tenía que ver con sectores religiosos filo Opus, pero tuvo el acierto de no impregnar a su revista de ideología dura y dejar hacer a los “musiqueros” que por allí pululaban al lado de periodistas de confianza de la casa. Tenían la redacción en la calle Luisa Fernanda de Madrid y aparecieron como secuela de  la revista “Tele Guía” que entonces editaba aquella empresa y que cerraría para dar paso en los kioscos a la nueva criatura. En su redacción, una plantilla diversa entre cuyos nombres recuerdo a Manuel Leguineche, Jesús Torbado, Jesús Picatoste y José Manuel Alonso Ibarrola (como directores), José María Iñigo, Lluis Crous, Camino Ciordia, Pilar Cambra, Pilar Urbano (¡sí, si, ella misma1), Charo Martínez Garin, y otros compañeros y compañeras mártires que dedicaron a aquella aventura los mejores años de sus vidas.

 

En “Mundo Joven” se hablaba del Festival de Woodstock y del de la isla de Wight, se reseñaban los conciertos que tenían lugar en los Estados Unidos y en Gran Bretaña, se ofrecían buenas entrevistas y se escribía con corrección. Un lujo que se miraba de reojo en espejos foráneos como la francesa “Salut les Copains”, que entonces leíamos con fruición.  

  

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Disco Expres”, era otra cosa muy distinta. Se trataba de un periódico editado en Pamplona por Edwin Mauch, al estilo de nuestros idolatrados “Melody Maker” y “New Musical Express”. Junto a nombres como Jesús Ordovás, Joaquín Luqui (en un principio) o Gonzalo García Pelayo (“Vuelo sin motor”); allí oficiaba como gran gurú periodístico el letraherido Jordi Sierra i Fabra, que se hacía él sólo medio periódico desde Barcelona sin despeinarse en absoluto. Sus dobles páginas eran un torrente de documentación que guardábamos cuidadosamente para nuestros programas de radio, aunque las erratas fueran tan flagrantes como la de llamar, en titulares bien gordos, John Elton a Elton John, a raíz de la aparición de su álbum “Madman across the water”. Pero, en fin, todo se lo perdonábamos por los buenos ratos que nos procuraba el ritual de ir a comprarlo puntualmente cada semana.

 

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En Madrid es necesario reseñar un par de excelentes revistas muy ligadas, por cierto, al Mundano que edita lo que se ha convertido ya en un club de encuentro de viejos colegas y amigos. “AU” (“Apuntes Universitarios”), era la publicación oficial del Colegio Mayor Chaminade y gracias a los buenos oficios de Domingo Jaumandreu, se convirtió en una especie de órgano escrito del excelente equipo profesional de la 99,5, la emisora más importante de este país en la difusión de música progresiva de todos los estilos. Como una especie de secuela de ésta, surgió algo después “Ozono”, un título inspirado en el legendario programa de Juan de Pablos en aquella radio (hoy todavía en antena a través de Radio 3), que dirigió Álvaro Feito y en el que colaboraron también muchos de los especialistas de aquel grupo haciendo de la solvencia, el conocimiento y el rigor, banderas del proyecto.

 

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De vez en cuando, sólo de vez en cuando, le echábamos una ojeada a “El Musiquero” y “Sonocontrol”, dos publicaciones editadas por José María Iñigo, que poco tenían que ver con las anteriormente reseñadas. Y, desde luego, nunca dejamos de mirar a Barcelona donde a mediados de los setenta se editaron otros tres títulos emblemáticos. “Vibraciones” estaba dirigida por Ángel Casas y era una revista mensual excelente con las firmas de Lluis Crous (procedente de “Mundo Joven”) o el malogrado Claudí Montañá. La segunda era, y es, “Popular 1”, fundada por Jordi Sierra i Fabra y dirigida por Martín J. Louis. Y la tercera, con buen diseño e interesantes contenidos, respondía al nombre de “Extra!”.

 

Otros títulos madrileños como “Disco Show”, editada por el inefable Rafa García Loza, merecen ser reseñados sin más honores que nunca tuvieron y pienso que jamás pretendieron, al ser concebidos, básicamente, como soportes publicitarios para la industria del disco.

 

De aquellas pioneras, sin las que no puedo entender mi adolescencia, mi tiempo libre ni el destino de mis magras propinas, nacieron después “Rock de Luxe”, “Ruta 66” o “Efe Eme”. 

 

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Y, cómo no, citar dos publicaciones actuales como “Heavy Rock” y “Kerrang”, debidas al imbatible espíritu inmarcesible de mi querido y admirado Vicente “Mariskal” Romero, del que prometo, querido Adrian, un próximo post en El Mundano.

 

Creo, sinceramente, que habría que rendir un homenaje muy merecido a todos aquellos pioneros de la prensa musical en España, que contribuyeron a hacer más amplios y respirables nuestros propios horizontes vitales.

 

Es una deuda que tenemos pendiente con ellos, Perdonadme si se me queda alguna publicación en el tintero, pero no pretendo ser exhaustivo, sino rememorar aquellas páginas que fueron compañeras cruciales de una época inolvidable de mi vida.

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