Archivo diario: diciembre 11, 2008

Sebastián Álvaro: una vida al borde de lo imposible (por Antonio Gómez)

11 de diciembre de 2008

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A veces suceden cosas como que en una noche de 1976, encima del ya desmontado scalextric de Cuatro Caminos una persona decide que la máxima aventura que va a correr en su vida a partir de ese momento será jugar al parchís y otra sabe ya que el riesgo va a formar parte de su existencia.

 

Habíamos terminado una agotadora reunión de la entonces clandestina, pera ya visible y casi tolerada, célula del PCE en Televisión Española y un amigo ofreció a otro llevarle en moto hasta su casa. Temeroso de la implacable bestia metálica, el uno se subió temblando a ella, sin casco, que entonces no era obligatorio, y el otro la puso enseguida a velocidad de bólido. Atravesando el puente el que iba detrás comenzó a notar que las gafas se le escurrían por la cabeza llevadas por el viento. “Las gafas, las gafas”, atinó a decir el timorato antes de que las antiparras volaran con destino desconocido. Imperturbable, el conductor paró en lo alto del scalextric, dio media vuelta, que era tarde y no pasaba nadie, y volvió hasta atrás hasta que las gafas aparecieron intactas tiradas en el asfalto. El pacato que desde entonces usó ascensor para subir a las sillas era yo. El aguerrido motorista se llamaba Sebastián Álvaro Lomba y a finales de diciembre acaba su relación laboral con TVE (“me voy porque me echan, no porque yo quiera jubilarme”, asegura el interfecto), en la que hace 27 años creó y desde entonces ha dirigido uno de los programas más significativos de la televisión pública española, Al filo de lo imposible.

 

Ya para entonces era aficionado Sebas a subir piedras, y no era raro que dedicara a ello los pocos fines de semana que le dejaba libres la militancia política y sindical, aunque su trabajo concreto en TVE era como técnico de sonido de los informativos. También estudiaba periodismo, tenía una novia, Carmen, que desde entonces le ha acompañado en todas las aventuras personales y profesionales en que se ha metido. Además era un devorador de letras y tenía un cerebro de muchos kilates.

 

Yo tenía una cierta visión propia de lo que quería hacer, y además en aquella época de finales de los 70 y comienzos de los 80 coincidí con un montón de magníficos profesionales que me enseñaron las claves de la televisión”, me contaba Sebas hace unos días, charlando para una entrevista, dando un dato que, sin ninguna nostalgia mostraba, no obstante, las diferencias entre aquella tele que salía de la dictadura y esta tan democrática: “La diferencia es la que puede haber entre La Clave y 59 segundos o La forja de un rebelde  y Sin tetas no hay paraíso”.

 

Y es que Sebas es todo un carácter, al que haber hecho 300 documentales de aventura que se han visto en todo el mundo, no le ha cambiado la conciencia crítica. “Y sigo afiliado”, me comentó cuando le recordé que él había sido creador de Comisiones Obreras en TVE y que como tal hubo de negociar convenios y mil desacuerdos con la empresa. “Tengo muchas cosas que criticar al sindicalismo actual, pero creo que los sindicatos jugaron un papel decisivo en la conquista de la democracia en este país, que no se les ha reconocido, y aunque sólo fuera por ello hay que seguir ahí”.

 

Soy de los que piensan que son los hechos lo que define a las personas y no tanto las palabras que pronuncian o las ideas que proclaman. En los últimos años ha sido habitual en el mundo televisivo, y en TVE en particular, que los directores o presentadores de programas de éxito pidieran la excedencia y formaran sus propias productoras para seguir haciendo el mismo espacio y forrarse. Sebastián Álvaro es todavía, hasta diciembre, ya sabemos, trabajador fijo de la empresa, de la que ha cobrado durante todos estos años su sueldo correspondiente. “Hay gente que me acusa de ingenuidad, porque estos años he tenido muchas ofertas, pero no me arrepiento de nada. Siempre tengo muy presente algo que me repetía mi madre: hijo, es preferible que te llamen alguna vez que tonto a que nunca puedan decir que fuiste mala persona”.

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Celebración de la Nochevieja de un grupo de militantes del PCE y CCOO en TVE. Arriba del grupo, iluminados por el foco del photoshop Sebas y Carmen. Un poco más abajo, a su izquierda, con barba y gafas, el escribano.

 

Personalmente creo que Sebas encontró con Al filo de lo imposible no sólo un trabajo que le apasionaba (y le apasiona, porque sus aventuras no ha acabado, con o sin TVE, ya lo veréis), sino una forma de vida en la que, en la medida en que eso es posible, ha aplicado unos principios que coinciden con los que le movieron a la militancia política o sindical. Quizás por eso una de las cosas de las que más orgulloso está de estos 27 años de riesgo sea de que el programa haya podido contribuir “a difundir los valores básicos que creo deben impregnar la sociedad actual; la solidaridad, el trabajo en equipo, el compañerismo, la capacidad de sacrificio y esfuerzo, la idea de que un buen equipo es capaz de conseguir cualquier cosa y de que un sueño merece la pena ser alcanzado. Y luego, sobre todo, que lo que de verdad merece la pena en la vida hay que conseguirlo con esfuerzo, con sacrificio y con trabajo”.

 

Me gustaría citar a sus colaboradores, pero es tarea imposible, pues son más de 1.000. Sin embargo, no querría dejar de nombrar a Antonio Perezgrueso, subdirector de Al filo que en buena parte de los programas emitidos ha sido siempre el que no se veía. El que estaba allí pero no salía en pantalla, porque era el que llevaba la cámara.

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Sebas y Perezgrueso

 

Ah, y a Suso Saiz y sus estupendas músicas.

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