Archivo diario: diciembre 2, 2008

Santiago Monforte 1949-1987 (par Christophe Magny)

2 de diciembre de 2008

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Era 1977 si no recuerdo mal. Me encontraba en el despacho de Tomás Muñoz, carismático presidente de la CBS española. Un botones le trae las carpetas recién impresas de los discos que se van a lanzar la semana siguiente. Rutina: Muñoz quería controlarlo todo. Mira una carpeta, otra, y de repente se pone muy pálido, y luego muy rojo. Coge el teléfono interno y con esa voz suya de barítono, convoca de inmediato a Santiago Monforte, el Director de Creación Gráfica, o sea el responsable entre otras cosas del diseño de las carpetas.

 

Mientras esperamos a Santi – Creación Gráfica se encontraba al otro lado del edificio aquel de CBS, frente al Bernabéu – Muñoz me enseña el cuerpo del delito. Sobre un fondo azul, un pedazo de papel de aluminio arrugado, y en medio una barra de hachís, con la palabra “Veneno” en mayúsculas negras estampada en el “costo”. Intento controlar la risa, mientras Muñoz llama a quien sea para que dejen de fabricar en seguida semejante horror.

 

Llega Santi, de los pocos que no se dejaban impresionar por Muñoz.

 

¿Señor Monforte, qué es esto? – le pregunta, el barítono a tope de hondo.

¿Cree Vd. que podemos poner esto en el mercado? 

No veo el problema, ya ve Vd., pone “Veneno”, quiere decir que es muy malo. 

 

Admirable mala fe. Le viene la risa a Muñoz, la controla, y en un par de llamadas se entera que acaba de hacerse el envío de promoción, unas quinientas copias que no se pueden parar. Nos despide a Santi y a mí, diciéndole que haga urgentemente otra portada.

 

Salimos del despacho muertos de risa. Santi me cuenta la historia: tuvo la idea, hizo fabricar un sello de hierro, lo calentó, y estampó la “china”. Le dejé, y se fue a ampliar enormemente la foto esa, para que no se viera el papel de aluminio, sólo la textura del hachís. Así quedó la carpeta oficial del primer disco de Veneno.

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Sobre Veneno se podrían contar mil cosas, pero no se trata de ellos sino de Santiago Monforte. Que personaje… Alto, guapo, elegante, con un espléndido sentido del humor, y esa chispa constante en el ojo, esa sabiduría callejera que tanto le envidiaba, y que tanta falta me hacía. Mil ideas por minuto. Grandísimo diseñador, basta con mirar las carpetas de Camarón por orden cronológico: en un principio, fotos malas, diseño cutre, tipografía barata. Pero de repente, se nota elegancia, creatividad y clase. Buscas el crédito de la primera carpeta bonita y de las que siguen: “Diseño: Santiago Monforte”.

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Lo mismo con Lole y Manuel, Paco de Lucía, y mil artistas más. Santi puso su sello sobre decenas, quizás cientos de discos durante los años 70 y 80. Se hizo amigo de todos los músicos y cantantes que le caían bien, tan grande era su charme, un “encanto” como pocas veces he visto en mi vida. De todos los que trabajábamos en CBS, Santi era el único artista, tanto por su talento de diseñador como por su actitud ante la vida, ese auténtico pasotismo de dandy cheli que era exclusivamente suyo. Todo un gentleman. Me enorgullezco de haber sido su  amigo.

 

Con él, aparte de encuentros diarios en CBS (o en su casa o la mía cuando se fue de CBS), recuerdo fiestas memorables. En marzo del 82, nos reunimos en su casa media docena de personas nacidas entre el día 12 y el 16, o algo parecido. Santi, Marta (quien sería después su segunda esposa), yo, la mitad femenina de un dúo flamenco de primer plano, y un par más. El plan era celebrar nuestros cumpleaños del 12 al 16, sin parar. No aguanté mucho, pero ellos lo llevaron a cabo. A menudo le ocurría a Santi quedarse dos o tres días sin dormir. Su boda, celebrada junto con la de su hermano Javier, fue otra grandísima fiesta, en un pueblo de la sierra, no recuerdo bien donde, pero ¡que fiestón! Santi amaba la vida, y la vida se lo devolvía. Sex, drugs & rock and roll. Y flamenco.

 

Después de irme de Madrid en el 83, nos perdimos de vista. Su amistad está sin duda entre los mejores recuerdos que traje a París, mil historias de cuelgues monumentales y risas absolutas. Pocos años después, en octubre de 1987 me enteré que Santi había muerto en un accidente de coche, volviendo de Burgos, donde tocaba su hermano Javier, magnífico guitarrista entonces miembro de Radio Futura. Fue un día de gran dolor para sus amigos, y de pérdida para el arte. Me costó mucho aceptar su muerte: ¿como podía morirse Santi si era tan grande como la vida misma?

 

El epílogo es algo siniestro. A primeros de los años 90, me llama un tal Nicolas, un paparazzi casado con una amiga mía. Había vivido en Madrid y hecho fotos para Santi. Apenas le conocía, y me llama para decirme que acaba de ver a Santi en Paris, que éste tuvo que simular su muerte porque le buscaban para matarle. Yo, siempre naíf, me lo creo, la alegría me desborda. La historia es tan enorme que podría parecer de Santi. Llamo a Adrian para darle la noticia. Éste habla con Javier, que no encuentra la historia graciosa en absoluto. Se puede entender. Nunca acabaré de comprender porque el gabacho pelirrojo gilipollas ese me llamó para contarme eso.

 

Por cierto, Santi y yo nos fumamos un par de porros con la china de la portada, era más bien pequeña, muy ampliada en la foto, desde luego. Cuídate, Santi, estés donde estés.

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