Archivo diario: noviembre 18, 2008

Gwendal (par Christophe Magny)

18 de noviembre de 2008

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Estamos a principios de 1977 (El Mundano es una máquina de remontar el tiempo, ya os habéis dado cuenta). Llevaba unos meses instalado en Madrid, donde me había venido a vivir por motivos amorosos que llegaron a ser matrimoniales. En París, en los años anteriores, tocaba la guitarra con un exiliado vasco llamado Imanol. Un día me llama, había vuelto a San Sebastián tras la amnistía, y le había fichado CBS. Me enteré más tarde que Aurelio González, responsable de tal fichaje, era vasco, creo que por su madre. Me invita Imanol a visitarle al estudio, Audiofilm si bien recuerdo.

 

En París, con Imanol tocaban también Bruno Barré (violín) y Arnaud Rogers (percusión y batería), ambos miembros de Gwendal. A Bruno le conocía de toda la vida ya que era el novio de mi prima – sigue siéndolo, con dos hijas veinteañeras-. Roger Schaub, bajo de Gwendal, había participado junto con nosotros en el segundo LP de Imanol, “Herriak ez du barkatuko” (Le Chant du Monde, 1974). Para venir a grabar en Madrid, Youenn Le Berre, el estupendo saxo, flauta, gaita, bombarda, etc. de Gwendal se había unido a Bruno, Arnaud y Roger.

 

Voy a Audiofilm, alegre de ver a tantos amigos reunidos. Ese día va a ser importantísimo en mi vida, ya que en el estudio se encuentra Aurelio, quien se acerca a hablarme en el bar: “De música sabes, obviamente.” Acababa de poner un punteo guitarrero en una canción. “¿Hablas inglés? Sí, pues ven a verme el lunes a CBS.” Así, en vez de una pesada vida en los negocios de mi suegro, empezaron quince años, más bien divertidos, dedicados al negocio del disco.

 

Al ver a tantos Gwendal reunidos en Madrid (solo faltaban Jean-Marie Renard y Ricky Caust, los guitarristas), con todos los gastos pagados por CBS, me entra una idea: ¿por qué no organizar un concierto? Les gusta la idea, busco una sala gratis – le toca al colegio mayor San Juan Evangelista– y vamos a porcentaje. Habíamos decidido hacerlo a lo barato: no pósters, no prensa. No conocía a nadie en el medio musical.

 

Única promoción: voy a ver a Chema Martínez, que tenía un programa diario en Onda 2, dedicado al folk. Me recibe muy bien, le gusta Gwendal, apoya el concierto, y tal es su poder de convocatoria – y el de la música de Gwendal – que llenamos hasta los topes el San Juan (creo que metimos 800 personas en una sala prevista para 600). Dos semanas antes, no les conocía nadie. Tremendo ambiente, la gente chillando, aplaudiendo, pidiendo más, una bulla increíble. Bruno y los demás alucinan: Gwendal era en Francia un grupo más bien marginal. Mi querido país va por modas, y la breve moda bretona que siguió al éxito de Alan Stivell, al principio de los años 70, ya se había acabado. Solo sobrevivía en Bretaña.

 

Después del providencial encuentro con Aurelio, empecé casi de inmediato a trabajar en CBS, donde se creaba la división Epic. Es cuando conocí a Adrian. En Francia, Gwendal grababa con Pathé Marconi (la EMI francesa), pero la avispada EMI española no quiso sacar los discos del grupo. Los fiché con CBS y, con el acuerdo tácito de la dirección, les seguí montando conciertos por toda España. Una situación perfecta: era a la vez la casa de discos, el manager, el tour manager, el agente y el promotor en Madrid de los conciertos de Gwendal. Y su amigo. Tenía entre las manos todos los hilos que pueden llevar al éxito.

 

Y el éxito vino. Fuimos haciendo giras cada vez más importantes en salas cada vez más grandes: Castilla, Galicia, Asturias, Euskadi. Hasta cuarenta conciertos al año, ya con condiciones más profesionales, equipo propio, pósters a todo color y buena promoción. En Cataluña y Andalucía nunca llegamos a entrar, a ver si me lo puede explicar alguno de los sabios invitados del Mundano. Gwendal vendió cantidades de discos, mucho más que en Francia o en cualquier otro país.

 

Para mí el punto culminante tuvo lugar en la Casa de Campo con la Fiesta Celta. Todavía tengo el recorte de El País, media página del amigo Costa alabando el asunto. La idea de la Fiesta esa, se la había vendido a la Joven Guardia Roja, grupúsculo que quería montar un gran festival al aire libre en Madrid, el primero del postfranquismo. La idea era sencilla: un artista representante de cada zona celta principal. Me encargué también de la programación: Bibiano por Galicia, The Boys of the Lough por Irlanda, Alan Stivell por Bretaña, y Gwendal de estrellas. Una organización perfecta por parte de la JGR, y 25.000 personas entusiastas. Ni un incidente.

 

La vida de gira con Gwendal era a la vez despelotante y a veces totalmente agobiante. Ellos mismos se definían como un hospital psiquiátrico de campaña. Se bebía mucho, se consumían cantidad de drogas, se montaban de vez en cuando unas broncas alucinantes en hoteles, restaurantes, donde fuera. Sex, drugs & folk music. No me lanzaré a contar anécdotas, ya que nadie puede superar a Javier García-Pelayo en este aspecto.

 

Dejé de montar sus giras cuando me fui de Madrid por primera vez en el 80, pero les dí al grupo todos mis contactos, y siguieron trabajando en España. Gwendal están ahora disuelto después de numerosísimos cambios de personal. Se reúnen sin embargo de vez en cuando para una gira en España, el único sitio donde siguen teniendo éxito. Del grupo original solo queda Youenn Le Berre.

 

Nunca he acabado de entender este éxito de Gwendal en España. Eran por supuesto muy buenos músicos, Youenn sobre todo, espléndido improvisador que sabía meter toques de jazz en los jigs y reels del grupo. Y estas formas irlandesas y bretonas incitan como pocas otras al baile y a la juerga. Otro factor importante: el momento que vivía España. Acababa de morirse el viejo aquel, y empezaban a expresarse las reivindicaciones de culturas minoritarias, hasta el momento reprimidas. Grupos como la Companya Eléctrica Dharma triunfaban. Ultimo factor de ese sorprendente éxito español: los innumerables gallegos se reconocían en la música de Gwendal. Y a lo mejor mi trabajo también influyó.

 

Detalle gracioso: por ser el representante de Gwendal, me transformé de repente en el sumo especialista madrileño de la música celta. Nunca me ha acabado de gustar esta última palabra, demasiadas connotaciones racistas. Me entrevistaban en la radio, la prensa, o me invitaban a coloquios en colegios mayores. Toda mi vida me he sentido un impostor en todo lo que he hecho, pero pocas veces como en ese papel de especialista de la cosa celta. Hace ya unos años que me defino como especialista en nada y curioso de todo.

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