Archivo diario: noviembre 17, 2008

Miguel Núñez: la muerte es una fiera cruel que nos devora (por Antonio Gómez)

17 de noviembre de 2008

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El pasado miércoles falleció en Barcelona Miguel Núñez, un luchador incansable y un buen hombre. Nacido en 1920 fue militante comunista, fundador del PSUC (Partido Socialista Unificado de Catalunya), diputado del PCE en el primer parlamento democrático y dedicó los últimos años de su vida a dirigir una ONG de solidaridad con Sudamérica. Pasó, en diversos periodos, un total de 17 años en la cárcel. Son los datos escuetos de su biografía, pero de su vida quizás pueda ilustrar mejor el relato de algunas de las cosas que vivió.

        

En el verano de 1987 mantuve una larga conversación ante un magnetofón con Tomasa Cuevas (fallecida el 25 de abril de 2007), su compañera y camarada de toda la vida, madre de sus hijos, para un libro sobre veteranos militantes, acabado pero inédito. Ella me contó una historia que creo que es oportuna en este momento. En 1947 ambos estaban clandestinos en Barcelona, Miguel como uno de los responsables políticos del PSUC y Tomasa como su enlace con la guerrilla. Tras una importante caída que provocó numerosos detenciones, debieron esconderse. Contaba Tomasa:

 

“Yo estaba embarazada y tenía un barrigón enorme, más barrigón que tiempo de embarazo. Intentaron sacarme de España para llevarme a parir al Hospital Varsovia (1), que estaba en Toulouse, pero aunque llegué hasta la frontera decidí al final quedarme en España. Volví a Barcelona y me escondieron con Miguel en una casa en construcción, con un taller abajo y un piso arriba sin terminar. No había servicios, el piso tenía mosaico y el suelo era de tierra, en la que yo hacía pipí durante el día. Miguel y yo dormíamos en un sofá, él en la parte de la pared y yo en la de afuera, con la barriga encima de un cajón para no caerme.

        

Había una terraza a la que subíamos sin poder ponernos en pie, porque se nos podía ver desde las terrazas de enfrente, y allí hacíamos nuestras necesidades en papeles, que envolvíamos y tirábamos a la calle por la noche. En algunas ocasiones por la mañana oíamos decir a las mujeres que pasaban al mercado: no sé que pasa en esta calle, que hace una temporadita que no hay más que papeles con mierda por los suelos.

        

Estuvimos así dos meses. Cuando los detenidos pasaron de jefatura a la cárcel dijeron que a Miguel no le diera ni el aire, porque le buscaban, y también que yo podía parir a casa de Lis, que para mí sigue siendo como una madre, que era la estafeta particular de Pedro Valverde y no había aparecido para nada en los interrogatorios. Por lo que sabían era una casa segura. Allí parí, ayudada por un ginecólogo, que había pasado de la CNT al partido y también estaba clandestino. Clandestino él y clandestinos Miguel y yo. Así tuve a nuestra hija. En la calle Urgell 72 nació Estrella”.

 

 

(1) El Hospital Varsovia, dirigido por el doctor catalán, y comunista, Josep Bonifaci, fue durante la ocupación alemana lugar de asilo para los resistentes heridos o enfermos, a los que se prestaba atención médica, labor que continuó con los antifranquistas españoles tras la guerra.

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Sentada, a la derecha, Tomasa Cuevas en la cárcel de Amorebieta (1942)

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