Viaje madrileño 1 (por Javier García-Pelayo)

17 de octubre de 2008

 Si usted lo vio, no es privado (la columna del viernes de Javier)

 El concierto fue muy bueno. Smash era, en esa época, un grupo underground; rock, blues y baladas eran la base de su repertorio, todavía cantaban en inglés y sus éxitos eran: “I left you”, “Scouting”, “Forever walking” y otras de ese tipo, pero también hacían versiones como “Little Wing” o “Red House” de Jimi Hendrix, “Paint it Black” de los Rolling Stones y muchas improvisaciones.

El público de la caseta de los estudiantes de Utrera los conocía y les gustó, supongo que los discos que salían de las cercanas bases americanas de Morón y Rota, contribuyeron, junto con Pepe, el director de la caseta, al extraño fenómeno de que en Utrera, bastión del flamenco, cada año en septiembre en la feria se programasen actuaciones de los más nuevos grupos españoles de rock. Rock progresivo como le llamaron las discográficas, que en esas fechas del año 70 habían sacado ya sus discos. Los Tormentos fueron los teloneros y esos eran puro rock duro, sin duda los primeros en hacerlo en toda España. Luego los hermanos Diego y Ángel, con Luis y Pepe, pasaron por una mala traducción de ser Los Tormentos a ser The Storm, y tocaban “Smoke in the water” mejor que los Deep Purple.

 

En los Smash, Gualberto se había ido a Estados Unidos y a la base compuesta por Julio Matito y Antoñito se les unió como guitarra Henry, un hippy danés que encontramos en la playa tocando el violín y Silvio como cantante percusionista. Esa fue la formación que tocó en Utrera. Miguel Ángel Iglesias, amigo de Silvio y gurú de los freaks sevillanos vino a la actuación y cuando terminó el concierto, mientras yo recogía el equipo, se fueron a dar una vuelta por la feria. La cobranza de la actuación fue una tragedia, porque entre Silvio y Miguel Ángel se habían bebido el manso y nos lo descontaron a lo bravo, quedando una bolsa ridícula que casi no daba para seguir el viaje hasta Madrid, donde debutábamos al día siguiente, lunes, en Top Hat Morrison, en la Gran Vía, donde actuarían tarde y noche hasta el domingo. Es decir, ¡una semana de actuación diaria en Madrid! algo importantísimo para la fama y la economía del grupo. 

Amaneciendo ya, y con prisa para salir de viaje terminé de meter el equipo en la furgoneta y fui a buscarles por la feria, que estando en su último día ya estaba desmantelándose, al rato los encontré en una pequeña caseta privada inmersos en una seria juerga flamenca. El ambiente era de enorme respeto, estaba cantando don Antonio Mairena, yo no sabía quién era pero me impresionó y me senté con Smash, que con sus pelos largos habían caído en gracia a los flamencos y estaban con ellos haciéndoles compás. Como road-manager, en ese momento responsable de sus contratos, intenté sacarlos de allí, pero mis 19 años recién cumplidos y el respeto por ¡el Arte! del ambiente, me convenció de que eso que estaba pasando allí, según nuestra ideología, era más importante que cualquier contrato, y me senté a disfrutar del cante que con don Antonio alternaban, quien luego me enteré que eran la Fernanda y la Bernarda de Utrera, de modo que aquello era como un éxtasis místico y así, calladito me quedé, dejando que el compás y los canutos me embriagaran como a los demás.  

Estaba el sol en su cenit (je, je) cuando se disolvió la fiesta y era ya evidente, que con la furgoneta que teníamos, no llegaríamos a tiempo de poder actuar en la sesión de tarde en Madrid, quizás tampoco en la de noche. Pero el contrato era de una semana y además, ya se sabe, siempre hay que llegar a la gala, así que no sin trabajo y discusiones subimos a la furgona para irnos. Antes tuve que bajar a Miguel Ángel que se había camuflado de polizón entre los amplificadores Marshall. Incluso sin él ya era difícil que aquella vieja Volkswagen que habíamos comprado por 25000 pesetas pudiera con el equipo y cinco personas, así que después de discutir con Miguel sobre lo imprescindible o no de sus buenas vibraciones para el éxito del grupo:  

-Ti, ti, tío, que mis vi, vibraciones son buenas pal grupo, tío.

-Que si, Miguel, pero no puedes venir, no cabes, tío, somos ya cinco.

-Y, y, y, ¿qué más da, tío?, seis mejor que cinco, más amor, más rollo, más vibraciones.

-Que no, Miguel, deja que nos vayamos que es tardísimo ya.

-Tú lo que tienes es miedo, tío, miedo de tó, que si cinco que si seis que si el tiempo que si el dinero, ¿qué más da, tío? esta noche hemos triunfao y luego cuando lleguemos a Madrid, otra vez; y si no voy yo será diferente, tengo que ir tío, ¿no lo ves?

-Miguel, ¡qué no!

 

Y no recuerdo cuantas cosas más pero muchas, muchas discusiones: Silvio decía que con Miguel era mejor, Julio sin querer cortar el rollo pero que no, que se quedara, Antoñito rezongaba ya sentado diciendo que no comprendía nada y Henry sentado a su lado sonreía.  

Bueno, nos fuimos sin Miguel y salimos con medio día de retraso; la furgoneta tomó rumbo a Écija camino de Madrid. Desde el principio la furgona no iba bien, le patinaba el embrague o algo así; el caso es que andaba pero despacio, muy despacio, y en las cuestas arriba era tremendo, se venía abajo y las subía con poquísima convicción de que podría con la próxima. En fin, ya era de noche cuando llegamos a Despeñaperros y ahí ya tuvimos que bajarnos para empujarla, conseguimos pasar pero en la cuesta abajo de llegada a Almuradiel, con la velocidad, fue cuando se le salió la biela por el costado y no dio más de sí. 

-Chungo tío- decía Julio.

-Ojú que corte de rollo- opinaba Antoñito.

-Que mala suerte- se quejaba Henry.

-¿Lo ves tu tío? Por chungos, por malas vibraciones, con Miguel Ángel no habría pasado.

-Venga ya Silvio, con Miguel se nos rompe antes- decía yo.

-Pues hubiera dado igual, al final estaríamos parados y yo preferiría que Miguel estuviese aquí. 

Conseguimos empujarla hasta el hostal más próximo desde donde llamé a Madrid para decirles que un accidente con rotura nos había impedido llegar pero que mañana debutaríamos sin falta. Al no hablar con el jefe no hubo problemas, me cogieron el recado y me desearon suerte, por esa parte todo parecía ir bien. Localizamos a un mecánico que nos aseguró que por la mañana lo arreglaba y cansados de no dormir la noche anterior y un viaje transcurrido entre porros, discusión sobre las vibraciones de Miguel Ángel y bajadas a empujar, comimos bien y nos dormimos.

 

El arreglo por la mañana era imposible, estaba gripada y reventada, además después de pagar el hostal con la cena y desayuno, prácticamente no le quedaba dinero a nadie; entonces llegamos a un acuerdo con un camionero al que le dábamos nuestra furgoneta a cambio de que la subiera a su camión y nos llevara a Madrid con el equipo.  

Así conseguimos llegar a TOP HAT MORRISON en la Gran Vía madrileña, justo a tiempo para descargar, montar y tocar en sesión de tarde, es decir, con unas 26 horas de retraso. El concierto fue horroroso, aquello fue todo un acople, todo el concierto pitando todos los micrófonos; como no tuvimos tiempo de lavarnos y cambiarnos, las manchas de grasa resaltaban con las luces del escenario, la actuación fue un desastre, cuando terminó hablé con un encargado que allí había y conseguí que me adelantara la mitad del total del contrato y fuimos a buscar pensión quedando para volver a la sesión de noche.  

Alguien nos había hablado de una pensión en la calle San Bernardo 55 donde vivían flamencos y gentes del ARTE, así que allí nos fuimos. El dueño, un simpático hombre bajito y gordito de unos 50 años nos atendió, y aunque sólo tenía una habitación libre nos dijo que si no nos importaba, en unas buhardillas de arriba, que aunque no podía alquilarlas a nosotros nos haría el favor y nos cobraría menos que si de unas habitaciones normales se tratase. Nos pareció estupendo ya que las buhardillas estaban bien, nos dejaban aparte del trasiego de la pensión (así podremos fumar tranquilos) y además siempre es bonito ver los tejados de Madrid. Le pagamos como era costumbre una semana por anticipado y nos lavamos y cambiamos, bajamos a comer algo y nos fuimos a la discoteca con idea de poner el equipo a punto y así poder debutar en la noche madrileña.  

Todo inútil. Cuando llegamos al TOP HAT nuestro equipo estaba en la calle, en medio de la Gran Vía y el único de la sala que allí había no nos dejó ni entrar a recoger cosas del camerino, las sacó él y nos contó que al encargado que me había pagado lo habían echado y que teníamos prohibido volver por allí.

 

-¡Qué corte, tío!- decía Antoñito -¡Pa que veáis lo que son las vibraciones y la falta de compás! 

Henry no entendía nada y Julio y yo estábamos preocupados por dónde guardar el equipo, que en dos taxis llevamos a un local de ensayo, FAICO, en Embajadores. Con el dinero que nos quedaba decidimos quedarnos en Madrid a la espera de nuevos contratos. Yo había estudiado Preuniversitario en Madrid en el curso 69-70, en realidad, desde Marzo del 70, por un error policial y judicial, incluso estaba judicialmente desterrado de Madrid durante dos años. O sea, que había vuelto a los pocos meses de haber estado tres días en la DGS, dos en las Salesas y 12 días en el psiquiátrico penitenciario de Carabanchel. Y luego desterrado con prohibición de volver a Madrid, así que estaba preocupado. Me ponía nervioso (me daba miedo) la posibilidad de encontrarme con las autoridades que me habían buscado la ruina; por eso era una suerte que las buhardillas no fueran legales y que el dueño no pidiera el DNI y se conformara con saber que éramos los Smash, un conjunto moderno. 

El Madrid que yo recuerdo del año 70 era frío, gris, opaco, funcionarial; pero también grande y capitalino y por estar fuera de mi entorno familiar me daba sensación de libertad y de experiencia, palabra sagrada que era para mí un objetivo: poder responder afirmativamente a la pregunta de Jimi Hendrix ARE YOU EXPERIENCED? Mi sensación ante la experiencia vital que se daba en España del 70 era como la del Calígula de Camus (el mundo como es, no me gusta) y esa era la sensación del grupo, de Smash y de otros. El mundo era mentira, el miedo y la hipocresía se notaban en todo, era como una impregnación que se sentía en los poros, se sudaba y olía en todas partes. Otros hablaban de la necesidad de transformar la sociedad, concepto y objetivo también sagrado que unido al de Experiencia se traducía en nuestra ideología: en conseguir experiencias transformadoras  y en transformar la sociedad mediante performances, happenings, y experiencias continuas, con o sin drogas. Provocar a los burgueses con nuestra imagen, nuestra actitud, nuestras opiniones y sobre todo con la música; es decir, convertir la ideología en forma de vida (yippies o outsiders como nos gustaba llamarnos a Julio y a mi).

Smash junto con su primer LP “Glorieta de los Lotos”, habían publicado firmado por ellos y mi hermano Gonzalo, su productor y manager, un manifiesto titulado “Dialéctica del rollo y estética de lo borde”; la revista Triunfo le había dado sitio en sus páginas (Paco Almazán). La preocupación de entender la realidad y poder transformar la sociedad (realidad social) era cierta en el espíritu de grupo y mío. La oposición real a Franco en ese momento era El Partido, el comunista por supuesto. A nosotros, aquello de la dictadura del proletariado no nos gustaba (por lo de dictadura y por lo de proletariado); nuestro espíritu era ácrata (pide lo imposible), muchos de nuestros amigos y de Gonzalo eran del PCE. Camilo Tejera, Pipo, Porfirio, Amparo Rubiales, Daniel y otros, brillantes líderes, habían sido expedientados en las protestas universitarias del Mayo del 68 sevillano. Porfirio y Camilo llegaron a conducir la furgoneta y a realizar labores de road manager con Smash y con el entonces naciente grupo sevillano del PSOE, los de la foto de la tortilla y otros, nos encontrábamos en cine clubs (Alfonso Guerra) y a veces se reunían en ese centro de reunión y foco de opinión que fue la discoteca Dom Gonzalo, cerrada por orden gubernativa, que Felipe González recurrió y perdió en su primer caso en el Supremo ( me alegro de que luego ganáramos todos con él en la presidencia de un gobierno democrático).

 

Es decir, el compromiso era real pero nuestra ruptura quería ser total en fondo, en formas y hasta en referencias, ya que todas las referencias históricas, políticas y culturales habidas hasta ese momento no habían evitado el millón de muertos de la guerra civil española, los 50 millones de muertos de la segunda guerra mundial, los millones de muertos de la guerra de Corea y los que estaban muriendo en la de Vietnam. O sea qué no. La única forma era la sinceridad, el amor, la relación valiente, sin prejuicios, sin miedos, sin tapujos para que, al no confluir ocultos intereses espurios, pueda suceder siempre lo mejor. ¡Toma ya!    

 

 

Continua en: 

El viaje madrileño 2 (por Javier García-Pelayo) 

El viaje madrileño 3 (por Javier García-Pelayo) 

Viaje madrileño y 4 (por Javier García-Pelayo)

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4 comentarios

Archivado bajo Cultura, General, Música, Política, Recomendaciones

4 Respuestas a “Viaje madrileño 1 (por Javier García-Pelayo)

  1. nunca segundas partes fueron guenas

    En el fondo, nada más que gente que van de progres de pseudo izquierda y en el fondo más capitalistas y admiradores del dinero que otra cosa. El rock andaluz impregnado, manchado, por los intereses personales (siempre Don Dinero) pero jugando con los sentimientos de personas que iban de bien y con buen rollo en el sentidi auténtico de la palabra. Intereses monetarios detrás y namás. Casi todos los grupos de rock andaluz, excepto honrosas excepciones, muchos intereses personales, rencillas personales, protagonismos, mamoneos y mucha admiración por el dinero. Los demás, los de siempre que no se enteran y admiran aq uien dirige su dedo a la Luna. Decepcionante rock andaluz.

  2. Juan Sabroso

    Era de Miguel Angel Iglesias.
    Sabio guía de Silvio, era pura devoción lo que tenía Silvio con M.Angel, nadie se entendieron como ellos. Eran como esas fusiones que se dan entre personas como Lennon y Paul.M Carney, Jagger y Keith Richards o el gordo y el flaco.

    Pura esencia, diluia por tanto alcohool.

    En paz descansen, mantengamos el respeto del recuerdo como merecen ambos.

  3. Siempre hemos coincidido en el poco aprecio a lo de “la dictadura del proletariado”, por lo de “dictadura” y por lo de “proletariado” como comenta Javier. Eso si, luego me enseñaron la “teoría del camastrone”, que no recuerdo si era de Javier, de los Triana, de Miguel Ángel, de Silvio o de Varela. O de todos ellos, como parte de un “esfuerzo” colectivo…

  4. Antonio Gómez

    Ya tenía yo ganas de ver este primer texto de Javier sobre Smash, que ya había leído pero que tenía ilusión de compartirlo con todos. Un texto que para mí ha supuesto un descubrimiento y un redescubrimiento. El redescubrimiento es el de Javier, al que hace ya casi 40 años que conozco (fue en el 69, ¿no?) y al que siempre había considerado una persona inteligente y lista, graciosa, en perpetuo movimiento, con una extraordinaria capacidad de convicción, capaz, en una frase, de vender arena en un desierto. Cuando leí sus memorias sobre Smash me di cuenta, y ese es el descubrimiento, que, además, es un excelente escritor. Ni que decir tiene que para disfrutarlo, lo he impreso, y dado que estoy en el curro me he bajado a la calle a leerlo mientras me daba una alegría. Lo recomiendo.
    La calidez de sus descripciones (por ejemplo, la juerga flamenca, que toma un tinte lírico que, como haría John Ford -esta cita va por ti, Gonzalo–, se disuelve en una broma en el siguiente parrafo), lo hilarante de los diálogos que reinventa (que tan bien retratan la personalidad de cada uno en cuatro palabras. Yo los he visto delante de mí), lo acertado del ambiente, la capacidad para utilizar el lenguaje coloquial (“la cobranza de la actuación fue una tragedia, porque entre Silvio y Miguel Ángel se habían bebido el manso y nos lo descontaron a lo bravo”. Olé tus muertos), y, en la última parte, su habilidad para teorizar la posición ideológica del grupo me han corrompido, compañero.
    Es una parte de la historia de España y de su música popular, por pequeña que sea, que nunca se había contado así, tan desde dentro y con esa capacidad narrativa. Así que dejaré para otra ocasión hablar de Smash. Hoy le tocaba a Javier.
    Salud.

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