Los desaparecidos del franquismo: España, pionera de la iniquidad (por Antonio Gómez)

3 de septiembre de 2008

 

Fosa de Piedrafita de Babia (León) • Foto: Eloy Alonso

El juez Garzón ha dictado una providencia en la que se pide a diversos organismos gubernamentales, municipales, religiosos y privados faciliten cuanta información tengan sobre los desaparecidos de la represión franquista. No voy a entrar a explicar el tema, ni a dar cifras, números o argumentos sobre la justeza de la medida. Ni siquiera voy a polemizar con quienes se niegan a devolver sus muertos a los hijos o nietos que hasta ahora no saben en que cuneta cayeron. Sólo apuntar que, contra los que piensan que identificar a esos muertos y devolverlos a los suyos es “abrir viejas heridas”, personalmente considero que se trata de todo lo contrario, de cerrar definitivamente las cicatrices de una guerra cruel y una dictadura criminal que, por desgracia, todavía siguen abiertas en la España actual, como bien demuestra la reacción escandalizada de ciertos políticos y medios a ese simple intento de restablecer la justicia a quienes no tuvieron ocasión de reclamarla en su muerte.

 

La noticia, sin embargo, me ha llevado a un par de reflexiones que quedaría dejar aquí brevemente. Desde 1492 en pocas cosas puede presumir España de haber sido los primeros. Sin embargo, tenemos el triste honor de haber sido pioneros en dos de los más ignominiosos procedimientos criminales del siglo XX y de la  historia en general.

 

Desde hace tiempo los historiadores han coincidido en que los bombardeos de ciudades como Guernica o Málaga durante la Guerra Civil Española fueron el antecedente de los arrasamientos masivos de ciudades desmilitarizadas, en las que únicamente vivían civiles inocentes. Un método que luego sería utilizado por los nazis contra Londres o Coventry, y, curiosamente, por los aliados contra Dresde y otras ciudades alemanas, y que posteriormente se convertiría en moneda corriente en las guerras modernas.

        

Menos comentado –y aquí llega la relación con Garzón y la memoria histórica—es que los españoles tengamos el dudoso mérito de haber inventado también la figura del desaparecido, la más cruel o innoble manera de represión política que puede existir. Ni siquiera los nazis con su operación “Noche y niebla”, que hizo desaparecer a cientos de miles de personas (judíos, sí, fundamentalmente, pero también gitanos, homosexuales, comunistas, deficientes psíquicos y enemigos políticos en general), llegaron a tanto, pues en su minuciosidad germana dejaron exacta relación de sus asesinatos, aún poniendo “neumonía” como causa del fallecimiento de quien había muerto en la cámara de gas.

 

Cuando se difundió el concepto de desaparecido, a raíz de las actividades represivas de las dictaduras chilena, argentina o uruguaya, ya en los años 70, en España hacía casi 40 años que se había utilizado el método. Y a día de hoy, debemos constatar no sin cabreo que no sólo inventamos a los desaparecidos, sino que aún hay quienes se esfuerzan en ignorarlo, pretendiendo que a quienes hicieron desaparecer sigan perdidos por cunetas y montes, alimentando el dolor de sus familias que, con su recuperación, quieren cerrar un capítulo tan dramático de la  historia de España.

Naturalmente, de quienes desaparecieron se conservan testimonios de sus familiares que pueden contar cómo eran o cómo vivieron, pero no cómo murieron. Otros muertos de la represión franquista, que fueron juzgados, aún por aquellos tribunales de principios de la dictadura, condenados y ejecutados, si pudieron dejar testimonio de sus últimos días y de cómo enfrentaron la muerte. Como complemento al tema, traigo aquí dos textos escritos por sendos condenados a muerte dirigidos a sus familias. El primero es la carta a su madre de un condenado que fue fusilado el mismo día en que la escribió. El segundo es un testamento, las cosas que deja un hombre después de una vida de trabajo y lucha por la justicia y cómo pide que se distribuyan entre sus familiares y seres queridos. Creo que no hacen falta comentarios, al menos de momento. En estos textos queda clara la personalidad de sus autores, sus principios, sus sentimientos, sus ideas, similares a las de tantos que todavía permanecen en las cunetas y que no tuvieron el consuelo de dejar a sus familias unas letras con las que pudieran sobrellevar con menos dolor su desaparición.

 

1:

 

Penal de Ocaña, 27 diciembre 1947.

 

Madre Querida: cuando esta carta reciba, su pequeño “Chirri”, como cariñosamente me llamaba, habrá dejando de existir.

        

¡Pobre mía! Yo qué daría mi vida mil veces, esto es lo peor de todo, el dolor que la causo.

        

Toda mi vida está llena de veneración por Vd., muchas veces silenciosa. Los grandes amores no suelen ser muy locuaces. Lejos de Vd., en el frente primero o en la emigración después, ni un momento se alejó de mi pensamiento. Aún recuerdo que en la finca de Santa Clara (Cuba), donde trabajé dos años de campesino, todas las tardes al caer el sol y terminar el trabajo, me gustaba sentarme al pie de un árbol pensando en mi patria y en Vd.

        

Siempre he desea poseer sus admirables cualidades. Antes de cada acción en mi vida, siempre he pensado procurando que fueran todas de tal género que de ninguna hubiera de avergonzarse Vd.

        

Y qué decir de lo que significado para mí, durante la estancia en la cárcel y hasta el último instante de mi vida. Cómo me confortó su valor y entereza. Cuánto la admiro madre querida. Vd sí que es una auténtica heroína anónima y silenciosa, con el heroísmo inigualable de las madres.

        

Que yo sea valiente y permanezca tranquilo y orgulloso de mis actos hasta el último instante de mi vida, ningún mérito tiene. Poseo las bases inconmovibles de mis ideas políticas, férrea e inquebrantable seguridad en su victoria, que me da el orgullo de haberla servido con mi sangre.

Lo admirable es su entereza, apoyada en el amor de madre, en el deseo de ayudarme y hacer menos dura esta hora para mi y ver la valentía con que Vd. Lo soporta.

        

Dura ha de ser su pena. Desgraciadamente, no es Vd. Una excepción, la historia de nuestra Patria está tinta de la sangre de los mejores hijos, asesinados y anegadas por decenas de millares que como Vd. Lloran la muerte de sus hijos.

        

Yo, madre, sírvale de consuelo, muero tranquilo y orgulloso, con la satisfacción de haber cumplido y haber sido hasta el último suspiro digno militante de mi partido y esforzado hijo de mi Patria.

        

Tengo la seguridad de que nuestro sacrificio, como el de cientos de miles que me precedieron, contribuirá a acelerar la llegada de días de prosperidad y felicidad para nuestro Pueblo.

        

Puesto en el trance de elegir en Gobernación la libertad, a cambio de mi traición, o la muerte digna, no vacilé. Prefiero que llore la muerte de un valiente que la vergüenza de tener un hijo despreciado por traidor y por cobarde.

        

No se amilane, le quedan tres buenos  hijos que la ayudarán a soportar esta prueba.  Y no aguante el llanto como suele hacer. Llore, madre querida, con el espíritu de aquella madre del romance popular de nuestra guerra:

 

“Yo no lloro al  hijo muerto

Solo lloro mi destino

Porque para dar al pueblo

Ya no me quedan más hijos…”

 

Adiós, madre querida. Un millón de besos.

 

Agustín Zoroa

Fusilado el 17.12.1947

 

2:

 

Mi testamento:

 

Yo, Luis Campos Osaba, natural de Madrid, de 34 años de edad, casado, hijo de Manuel Campos Monte-negro y María Osaba Estibalez, condenado a la pena capital el día 22-2-1949 por un Consejo de Guerra incoado por actividades políticas contra el régimen franquista, y en régimen de aislamiento en la celda nº 41 de la Prisión Provincial de Sevilla, declaro y es mi última voluntad:

 

Primero.- Que se hagan llegar a su destino las cartas que en mis últimos momentos dirigiré a mis queridos padres, hermanos y sobrinos.

 

Segundo.- Que aunque las leyes hoy vigentes en España no reconozcan la validez de mi casamiento con mi esposa, Carmela Gómez Ruiz, mantengo con todas mis energías que estamos casados conforme a las leyes republicanas y que por tanto nos consideramos como legítimos marido y mujer. Pido le sean entregadas a mi esposa Carmela Gómez Ruiz mi diario de condenado a muerte y la carta que en mis últimos momentos le escribiré

 

Tercero.- Pido que como recuerdo póstumo se haga llegar a manos de mis familiares que nombro los objetos siguientes:

 

A mis queridos padres: mi cartera del Colegio Oficial de Practicantes de Madrid con su contenido íntegro. Mi cuaderno de apuntes de inglés escrito por mi esposa Carmela. Mi cuchara.

 

A mis queridos hermanos Manola, Carmen, Pepe y Alfonso: mi peine, mi cepillo de dientes, mi billetera, mi mechero.

 

A mis sobrinos Conchita, José María y Juan Luis: mi monedero, mis gemelos y mi petaca de cuero.

 

A mi querida esposa: mi reloj, todas las fotografías del álbum, alianza de plata, libros, colchón, manta y almohada, anclita de plata, etc, etc.

 

El resto de los objetos y cosas no enumeradas las lego a mi esposa para que de ellas haga el uso que estime más oportuno.

 

Esta es mi última voluntad que por escrito expreso en la celda nº 41 de la Prisión Provincial de Sevilla a uno de marzo de mil novecientos cuarenta y nueve. Ruego al Sr. Director de la Prisión que de las órdenes oportunas para su cumplimiento.

 

Domicilio de mis padres, hermanos y sobrinos: Calle Fernández de los Ríos nº 68, Madrid.

 

Domicilio de mi esposa: Compas de la Victoria nº 14, Málaga, en la actualidad departamento de mujeres de la Prisión Provincial de Sevilla.

 

P.D. Olvidé mencionar entre mis herederos de re-cuerdos a mis queridos hermanos políticos Manolo y María, Paquita y Ramón, Juanito y Rafita, Victoria y Juan. Al buen entendimiento de mi esposa Carmela Gómez Ruiz dejo este cuidado.

 

Luis Campos Osaba

Fusilado en marzo de 1949 

 

ACTUALIZACIÓN:

 

Otro magnifico artículo de Enrique Meneses en su blog:

 

Caídos por Dios y por España

22 comentarios

Archivado bajo Cultura, General, Política, Recomendaciones

22 Respuestas a “Los desaparecidos del franquismo: España, pionera de la iniquidad (por Antonio Gómez)

  1. Anahí

    Desde la lejana tierra, con sus respectivas desapariciones setentistas, muy lejanas alas tan heróicas que mencionan -pero no tanto- los saluda y agradece sus historias que ya ninguno de mis abuelos va a compartir conmigo, (aunque italianos italianos, porque ya se han marchado). con un nudo en la garganta por sus escritos, los saludo con el corazón hecho puño.
    Salud a ustedes, a su maravilloso pueblo y a sus antepasados

  2. Ana

    YO también me emociono y lloro… madre, contigo.

  3. lluvia villegas ortiz

    He leido el libro Ines y la alegria y me he emocionado mucho al ver como sufrieron unas personas solo por no pensar igual que el DICTADOR.

  4. Pingback: La Guinda Ocaña (Toledo), 9 de diciembre de 1947 EL MUNDO OBRERO, A MANO, CON LOS PRESOS « La Mancha Roja

  5. Antonio Gómez

    La llevaré, Aurora, aunque no sé si cabrá en la foto. Se ha hecho muy grande.
    salud

  6. Aurora A. de Andrés

    A.Gómez…Tendrás que traer alguna foto de Marina.si no te importa.Os quiero.

  7. antonio gómez

    ah, canallas, si os vais a achuchar la semana que viene, yo quiero.

  8. Aurora, Rodri me insiste que lo sabía porque me lo contó, pero yo no lo recuerdo. De todas formas leer un testimonio directo es algo que nunca olvidas. Y la fuerza narrativa de tu relato es conmovedora… No he podido decir nada hasta ahora, después de leer a Gustavo y Antonio.

    Nos achuchamos la semana que viene (tengo entendido).

  9. Antonio Gómez

    Joder, Aurora, desconocía esa historia, que como a Gustavo me emociona hasta el borde de las lágrimas. Cuanto hubiéramos hablado de ello de haberla conocido en otro tiempo. Personalmente también he conocido ese dolor (aunque mi padre sólo estuvo en la cárcel cuatro años) de la injusticia, que queda incrustrado en el alma (o la mente, o la memoria, o lo que sea lo que llevamos más dentro los humanos) como un estigma con el que se ha de vivir toda la vida. Son esas historias susurradas que tanto escuché de pequeño y que ahora, por fin, se pueden decir en voz alta. Es nuestra obligación contarlas.
    Salud y un beso, compañera.

  10. Aurora: hasta ahora no habíamos intercambiado palabra. Sólo quiero decir que me has emocionado y que me bajo a fumar con las gafas de sol puestas porque estoy a punto de ponerme a llorar.
    ¡Salud!

  11. Aurora A. de Andrés

    Querido, siempre recordado Antonio: No habia visto éstas referencias, a las que acabo de dar lectura..y estoy conmocionada una vez mas por los terribles, dramaticos y humillantes actos de nuestra guerra civil Tevoy a contar:
    era en Zaragoza -que habia quedado en zona nacional. Era una madrugada: Suenan golpes en la puerta-aquí si que rompiendo la noche-

    una joven madre con su niña de dos meses envuelta en las toquillas del sueño abre la puerta.En el umbral cinco falangistas trajeados de correajes, preguntan por el doctor Moises Alcrudo.Con ellos va un hombre de mediana edad entero, soportando con dignidad el sobresalto, es el otro doctor Alcrudo, hermano de Moisés. Terminándose de vestir se incorpora valiente el doctor Alcrudo, su mirada es para la joven madre, y alza en brazos al bebe, que en ese momento rompe a llorar con descon suelo infantil como presintiendo el irremediable final…Los falangistas se los llevan ” para interrogarlos”..
    Quince días después, los dos hermanos médicos, masones, rojos, anarquistas, yacian con un tiro en la nuca en las tapias del cementerio de Valdeespartera.
    Fin de la historia: La joven madre, maestra, vivió escondida hasta más allá del fin de la guerra..La niña, la bebe, yo, todavia sigue buscando en sus adentros el abrazo de un padre que no puede recordar..

  12. Antonio Gómez

    Ante la última decisión del juez Garzón no se me ocurre otro comentario que colgar aquí una nueva carta de un condenado a muerte:

    “Mi queridísima Manoli: ayer, día 19, me anunciaron que al amanecer de hoy sería fusilado, pero fue suspendida la ejecución; espero acabar mis días de un día para otro. He hecho inventario de mis cosas para que te sean entregadas. ¡No desesperes, cariño mío! Muero tranquilo y sereno, confiando en que el sacrificio de mi vida servirá para que en el porvenir no sufran los que nos suceden las vicisitudes de nuestra generación.
    Inmenso es el amor que siento por ti y por nuestra querida amatxo; vuestra imagen me acompaña hasta la muerte. Durante toda mi vida he procurado ser un buen hijo, buen esposo y buen padre, como corresponde a un hombre de mi condición. No os dejo herencia más que mi pasado de consecuente honradez, mi limpio apellido de comunista. ¡Cuidadlo como las niñas de vuestros ojos! ¡Qué él ilumine el camino que has de recorrer durante toda tu vida!
    Deseo que no te dejes ganar por el dolor y la melancolía que pueda producirte mi desaparición. Eres joven todavía y el tiempo cicatrizará la herida de tu sufrido corazón. ¡Mi Manoli querida! No quiero que por venerar mi memoria renuncies a tu juventud. Te quiero demasiado para desear tal cosa.
    Cuando te uniste a mi, yo no pude ofrecerte esa felicidad risueña y apacible con que sueñan las muchachas de tu edad. Ese género de “felicidad” no nos pertenece, es totalmente contrario a nuestras aspiraciones. Cuando te uniste a mí te uniste a un luchador con el que has compartido todas las vicisitudes durante todas las accidentadas etapas de nuestro “idilio”. Procura forjarte en las enseñanzas de esta dura experiencia, pues las vicisitudes no han terminado para los que sobreviváis.
    Aconseja de esta manera a nuestra querida Luisita. Yo la vigilaré desde los luceros, que no entristezca demasiado, ya veis que yo conservo el buen humor.
    Mis postreros besos para todos y en especial para nuestra amaxo, para ti, para Eusebi y Luisita.
    Prisión de Porlier, 20.2.42. PD.- Me fusilan al amanecer.

    Manuel Asarta”
    Fusilado el 21.1.42

    Manuel Asarta Imaz era vasco. Militante comunista, se exilió en Francia tras la guerra civil, desde donde viajó a México. De allí, en un largo viaje que a veces incluía bajar hasta Montevideo o Buenos Aires pasando por Río de Janeiro, regresó a Portugal (en una de las vías de ingreso de militantes clandestinos en España), con la intención de instalarse en Galicia para reorganizar el Partido y la resistencia. La policía política portuguesa le detuvo junto a otros compañeros y le entregó a la franquista. Fue fusilado en los muros del cementerio de La Almudena la madrugada del 21 de enero de 1942 junto a Isidoro Diéguez, Jesús Larrañaga, Eladio Rodríguez, Jaime Girabau y Francisco Barreiro

    “MUERO TRANQUILO Y SERENO, CONFIANDO EN QUE EL SACRIFICIO DE MI VIDA SERVIRÁ PARA QUE EN EL PORVENIR NO SUFRAN LOS QUE NOS SUCEDAN LAS VICISITUDES DE NUESTRA GENERACIÓN “

  13. Antonio Gómez

    Voy a tirar un poco más de este hilo de la memoria, que creo que todavía queda tela que cortar.
    De los desaparecidos de la guerra civil se ha escrito sobradamente estos días en los periódicos, así que voy a continuar con la segunda parte de mensaje inicial: las cartas, de las que comparto la opinión de varios de vosotros de que resultan “estremecedoras”.
    Me estremece en ellas la dignidad, la entereza, la fuerza moral que dimanan, incluso ese sentimiento de fidelidad a unas ideas que raya en algo místico, por no decir religioso. Pero sobre todo me emociona imaginar las personas que había detrás de esas cartas, que no se diferenciarían mucho de los asesinados en las cunetas, aún hoy sin reconocer.
    Como para muestra basta un botón, y sobre el autor de la primera de las cartas (Luis Campos Osaba) ya hay información en el enlace que se incluye en su nombre, me gustaría contar quien era Agustín Zoroa, el que escribió esa “estremecedora” frase de “Y no se aguante el llanto como suele hacer, llore madre querida”.
    Agustín Zoroa había nacido en 1916 en el norte de África, y tenía 20 años cuando estalló la guerra civil, en la que participó y en la que se hizo comunista. Al acabar se exilió en México. Aunque los datos que tengo sobre él no lo especifican, lo más probable es que, como la mayor parte de los que tuvieron que refugiarse en aquel país, atravesaría la frontera por Francia, para ser internado en alguno de los campos de concentración en los que los franceses encerraron a los casi 500 republicanos (soldados muchos, pero también hombres, mujeres y niños) que huían de las tropas sublevadas tras la caída de Cataluña en febrero del 36. Quizás fue en Argelès-Sur-Mer, en la misma playa que hoy es el gran atractivo turístico de la ciudad, o en Saint-Cyprien, o en el Castillo de Colliure, el pueblo donde murió Machado.
    De allí pudo salir o escaparse, que de todo hubo, pero en 1940 ya estaba en México como responsable local de las Juventudes Socialistas Unificadas de España. Probablemente viajó en uno de aquellos barcos míticos que llevaban por nombre “Mexique”, “Ipanema” o “Sinaia”, en el que viajaron el filósofo José Gaos y el poeta Pedro Garfías, entre otros, que lo primero que hicieron el primer día de travesía fue crear un periódico para informar a los viajeros de lo que pasaba en el mundo y comentarlo.
    Sea como sea, Agustín Zoroa regresó a España en 1944, con 28 años de edad, para hacerse cargo de los contactos del Partido entre la dirección del exterior y la del interior. Y no era un viaje cualquiera, duraba meses y estaba cargado de dificultades. México no mantenía relaciones diplomáticas con la dictadura franquista, además no hubiera sido prudente regresar directamente, así que se viajaba, con documentos falsos, claro, por barco y tren, hasta Brasil, Uruguay o Argentina, y desde allí se daba el salto a Lisboa, para pasar luego la frontera clandestinamente.
    ¿Qué lleva a una persona que ya se ha salvado del peligro a volver a meterse de cabeza en él?”. Me cuesta hacerme a la idea y dudo de si yo sería capaz de portarme de la misma manera. Agustín Zoroa fue detenido en el verano de 1945 en Madrid. Fue torturado salvajemente (es destacable el tremendo pudor con que esta gente se refiere a las torturas que sufrieron, tanto en cartas como las que hay más arriba u en otras similares como en los testimonios personales de quienes sobrevivieron). Agustín no sobrevivió. Fue fusilado el 27 de diciembre de 1947.
    Su historia no es sólo una heroicidad del pasado. Su vida y la de otros como él constituyen un ejemplo de dignidad, valor y espíritu de sacrificio, y un recordatorio de que, aún en los peores momentos, hubo españoles que no se rindieron a la dictadura. Siempre. Y cuando una caía llegaba otro a relevarle. Puede resultar pomposo decirlo, pero así fue. Hoy deberían constituir no sólo un motivo para una Ley, sino un referente moral de la sociedad. Por eso creo que deben ser conocidos.

    Salud

    • amparo

      Soy familia directa de Agustin Zoroa, mi abuela era su hermana, me gustaria saber si en la carta de mas arriba pone que estuvo en cuba, se habla que estuvo exiliado en Mexico, mi abuela comentaba que tenia una placa, monumento…no se. Guardo efectos personales y fotografias pero siempre me intrigó lo del monumento.

      • Estibaliz

        He oído más de una vez a mi abuela hablar sobre Agustín Zoroa: cómo lo reconoció un viejo amigo en la puerta del Sol sin saber lo que supondría; que se fumó un cigarro con los hombres que iban a matarlo justo antes, porque incluso ellos lo respetaban; que en París los taxis pusieron una cinta negra en señal de luto…
        Mi abuela dice que él era su tío. Al parecer no era tío biológico, pero la relación que mantenían era esa.
        La verdad es que yo no sé casi nada de la guerra ni del franquismo, sólo esas historias que cuentan a veces mis abuelos. Hoy ha venido este nombre a mi mente y he dado con la carta que escribió a su madre. Es curioso que siendo para mí un desconocido, un personaje de las historias de mi abuela, me impacte tanto.
        Me ha sorprendido leer que eres familiar de Zoroa y si tú quisieras, me gustaría ponerme en contacto contigo vía e-mail.
        Un saludo.

      • amparo

        Estibaliz te dejo mi correo: amparo.200466@gmail.com

    • No. Agustín Zoroa no se exilió en México sino en Cuba. Conviví allí con él casi a diario. Era un hombre muy modesto y discreto, de pocas palabras, semblante y complexión de campesino. Salió de Cuba hacia España. Lo recuerdo con enorme tristeza. F.A.

  14. Totalmente de acuerdo con todo el texto, e interesantísimos los dos documentos aportados. Gracias por todo ello.

    Saludos

  15. liz

    Por ignorar lo que sucedió no vamos a borrarlo. Es justo que se haga, que las familias sepan dónde están sus muertos, que los desaparecidos tengan nombres y apellidos y que, algunos, por una vez antepongan lo humano y lo coherente a lo demás.
    Las cartas son estremecedoras. Cuanto dolor innecesario.

  16. Al igual que el otro día escribía en “Física o Química”

    https://elmundano.wordpress.com/2008/09/01/fisica-o-quimica/

    sobre el incidente de De La Morena al hacerse la foto de la SER y El País publicaba la foto al día siguiente, hoy me ha pasado lo mismo. Hace un rato he cogido El País y me he encontrado, en la portada, con una foto similar a la que me mandó ayer Antonio para ilustrar este post. También es de una fosa de León. Cambia el pueblo. La de ayer, la nuestra, es de Babia. Y la de ellos, hoy, es de Izagre.

  17. pues, nada más que añadir, la verdad. creo que es una postura impecable. las cartas son sobrecogedoras. yo sentí que quedaban muchísimas heridas que cerrar leyendo “el corazón helado” de almudena grandes, que aunque no sea un texto auténtico, no creo que diste mucho de la realidad. me parece una novela definitiva.

  18. Sólo los que no quieren saber tienen algo que ocultar. Sólo los que se aprovecharon de la situación se sienten incómodos ante la verdad. En este aspecto quisiera resaltar la labor hebrea –de los judíos, para entendernos- respecto a mantener viva la memoria del Holocausto. Porque si no, a fecha de hoy, los “negacionistas” dirían que no hay pruebas que den veracidad a los hechos narrados (y conocidos).

    De siempre me ha sorprendido como en España se ha mantenido un velo sobre estos asuntos y que personajes como Queipo de Llano ¡estén enterrados con todos los honores en la catedral de Sevilla! Con lo que aprovecho y recuerdo que seis meses de represión de Queipo causaron más muertos y desparecidos que toda la dictadura de Pinochet.

    Bien –una vez más- por Garzón y confiemos que el gobierno no lo use para tapar asuntos básicos del día a día…

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