Archivo diario: septiembre 3, 2008

Los desaparecidos del franquismo: España, pionera de la iniquidad (por Antonio Gómez)

3 de septiembre de 2008

 

Fosa de Piedrafita de Babia (León) • Foto: Eloy Alonso

El juez Garzón ha dictado una providencia en la que se pide a diversos organismos gubernamentales, municipales, religiosos y privados faciliten cuanta información tengan sobre los desaparecidos de la represión franquista. No voy a entrar a explicar el tema, ni a dar cifras, números o argumentos sobre la justeza de la medida. Ni siquiera voy a polemizar con quienes se niegan a devolver sus muertos a los hijos o nietos que hasta ahora no saben en que cuneta cayeron. Sólo apuntar que, contra los que piensan que identificar a esos muertos y devolverlos a los suyos es “abrir viejas heridas”, personalmente considero que se trata de todo lo contrario, de cerrar definitivamente las cicatrices de una guerra cruel y una dictadura criminal que, por desgracia, todavía siguen abiertas en la España actual, como bien demuestra la reacción escandalizada de ciertos políticos y medios a ese simple intento de restablecer la justicia a quienes no tuvieron ocasión de reclamarla en su muerte.

 

La noticia, sin embargo, me ha llevado a un par de reflexiones que quedaría dejar aquí brevemente. Desde 1492 en pocas cosas puede presumir España de haber sido los primeros. Sin embargo, tenemos el triste honor de haber sido pioneros en dos de los más ignominiosos procedimientos criminales del siglo XX y de la  historia en general.

 

Desde hace tiempo los historiadores han coincidido en que los bombardeos de ciudades como Guernica o Málaga durante la Guerra Civil Española fueron el antecedente de los arrasamientos masivos de ciudades desmilitarizadas, en las que únicamente vivían civiles inocentes. Un método que luego sería utilizado por los nazis contra Londres o Coventry, y, curiosamente, por los aliados contra Dresde y otras ciudades alemanas, y que posteriormente se convertiría en moneda corriente en las guerras modernas.

        

Menos comentado –y aquí llega la relación con Garzón y la memoria histórica—es que los españoles tengamos el dudoso mérito de haber inventado también la figura del desaparecido, la más cruel o innoble manera de represión política que puede existir. Ni siquiera los nazis con su operación “Noche y niebla”, que hizo desaparecer a cientos de miles de personas (judíos, sí, fundamentalmente, pero también gitanos, homosexuales, comunistas, deficientes psíquicos y enemigos políticos en general), llegaron a tanto, pues en su minuciosidad germana dejaron exacta relación de sus asesinatos, aún poniendo “neumonía” como causa del fallecimiento de quien había muerto en la cámara de gas.

 

Cuando se difundió el concepto de desaparecido, a raíz de las actividades represivas de las dictaduras chilena, argentina o uruguaya, ya en los años 70, en España hacía casi 40 años que se había utilizado el método. Y a día de hoy, debemos constatar no sin cabreo que no sólo inventamos a los desaparecidos, sino que aún hay quienes se esfuerzan en ignorarlo, pretendiendo que a quienes hicieron desaparecer sigan perdidos por cunetas y montes, alimentando el dolor de sus familias que, con su recuperación, quieren cerrar un capítulo tan dramático de la  historia de España.

Naturalmente, de quienes desaparecieron se conservan testimonios de sus familiares que pueden contar cómo eran o cómo vivieron, pero no cómo murieron. Otros muertos de la represión franquista, que fueron juzgados, aún por aquellos tribunales de principios de la dictadura, condenados y ejecutados, si pudieron dejar testimonio de sus últimos días y de cómo enfrentaron la muerte. Como complemento al tema, traigo aquí dos textos escritos por sendos condenados a muerte dirigidos a sus familias. El primero es la carta a su madre de un condenado que fue fusilado el mismo día en que la escribió. El segundo es un testamento, las cosas que deja un hombre después de una vida de trabajo y lucha por la justicia y cómo pide que se distribuyan entre sus familiares y seres queridos. Creo que no hacen falta comentarios, al menos de momento. En estos textos queda clara la personalidad de sus autores, sus principios, sus sentimientos, sus ideas, similares a las de tantos que todavía permanecen en las cunetas y que no tuvieron el consuelo de dejar a sus familias unas letras con las que pudieran sobrellevar con menos dolor su desaparición.

 

1:

 

Penal de Ocaña, 27 diciembre 1947.

 

Madre Querida: cuando esta carta reciba, su pequeño “Chirri”, como cariñosamente me llamaba, habrá dejando de existir.

        

¡Pobre mía! Yo qué daría mi vida mil veces, esto es lo peor de todo, el dolor que la causo.

        

Toda mi vida está llena de veneración por Vd., muchas veces silenciosa. Los grandes amores no suelen ser muy locuaces. Lejos de Vd., en el frente primero o en la emigración después, ni un momento se alejó de mi pensamiento. Aún recuerdo que en la finca de Santa Clara (Cuba), donde trabajé dos años de campesino, todas las tardes al caer el sol y terminar el trabajo, me gustaba sentarme al pie de un árbol pensando en mi patria y en Vd.

        

Siempre he desea poseer sus admirables cualidades. Antes de cada acción en mi vida, siempre he pensado procurando que fueran todas de tal género que de ninguna hubiera de avergonzarse Vd.

        

Y qué decir de lo que significado para mí, durante la estancia en la cárcel y hasta el último instante de mi vida. Cómo me confortó su valor y entereza. Cuánto la admiro madre querida. Vd sí que es una auténtica heroína anónima y silenciosa, con el heroísmo inigualable de las madres.

        

Que yo sea valiente y permanezca tranquilo y orgulloso de mis actos hasta el último instante de mi vida, ningún mérito tiene. Poseo las bases inconmovibles de mis ideas políticas, férrea e inquebrantable seguridad en su victoria, que me da el orgullo de haberla servido con mi sangre.

Lo admirable es su entereza, apoyada en el amor de madre, en el deseo de ayudarme y hacer menos dura esta hora para mi y ver la valentía con que Vd. Lo soporta.

        

Dura ha de ser su pena. Desgraciadamente, no es Vd. Una excepción, la historia de nuestra Patria está tinta de la sangre de los mejores hijos, asesinados y anegadas por decenas de millares que como Vd. Lloran la muerte de sus hijos.

        

Yo, madre, sírvale de consuelo, muero tranquilo y orgulloso, con la satisfacción de haber cumplido y haber sido hasta el último suspiro digno militante de mi partido y esforzado hijo de mi Patria.

        

Tengo la seguridad de que nuestro sacrificio, como el de cientos de miles que me precedieron, contribuirá a acelerar la llegada de días de prosperidad y felicidad para nuestro Pueblo.

        

Puesto en el trance de elegir en Gobernación la libertad, a cambio de mi traición, o la muerte digna, no vacilé. Prefiero que llore la muerte de un valiente que la vergüenza de tener un hijo despreciado por traidor y por cobarde.

        

No se amilane, le quedan tres buenos  hijos que la ayudarán a soportar esta prueba.  Y no aguante el llanto como suele hacer. Llore, madre querida, con el espíritu de aquella madre del romance popular de nuestra guerra:

 

“Yo no lloro al  hijo muerto

Solo lloro mi destino

Porque para dar al pueblo

Ya no me quedan más hijos…”

 

Adiós, madre querida. Un millón de besos.

 

Agustín Zoroa

Fusilado el 17.12.1947

 

2:

 

Mi testamento:

 

Yo, Luis Campos Osaba, natural de Madrid, de 34 años de edad, casado, hijo de Manuel Campos Monte-negro y María Osaba Estibalez, condenado a la pena capital el día 22-2-1949 por un Consejo de Guerra incoado por actividades políticas contra el régimen franquista, y en régimen de aislamiento en la celda nº 41 de la Prisión Provincial de Sevilla, declaro y es mi última voluntad:

 

Primero.- Que se hagan llegar a su destino las cartas que en mis últimos momentos dirigiré a mis queridos padres, hermanos y sobrinos.

 

Segundo.- Que aunque las leyes hoy vigentes en España no reconozcan la validez de mi casamiento con mi esposa, Carmela Gómez Ruiz, mantengo con todas mis energías que estamos casados conforme a las leyes republicanas y que por tanto nos consideramos como legítimos marido y mujer. Pido le sean entregadas a mi esposa Carmela Gómez Ruiz mi diario de condenado a muerte y la carta que en mis últimos momentos le escribiré

 

Tercero.- Pido que como recuerdo póstumo se haga llegar a manos de mis familiares que nombro los objetos siguientes:

 

A mis queridos padres: mi cartera del Colegio Oficial de Practicantes de Madrid con su contenido íntegro. Mi cuaderno de apuntes de inglés escrito por mi esposa Carmela. Mi cuchara.

 

A mis queridos hermanos Manola, Carmen, Pepe y Alfonso: mi peine, mi cepillo de dientes, mi billetera, mi mechero.

 

A mis sobrinos Conchita, José María y Juan Luis: mi monedero, mis gemelos y mi petaca de cuero.

 

A mi querida esposa: mi reloj, todas las fotografías del álbum, alianza de plata, libros, colchón, manta y almohada, anclita de plata, etc, etc.

 

El resto de los objetos y cosas no enumeradas las lego a mi esposa para que de ellas haga el uso que estime más oportuno.

 

Esta es mi última voluntad que por escrito expreso en la celda nº 41 de la Prisión Provincial de Sevilla a uno de marzo de mil novecientos cuarenta y nueve. Ruego al Sr. Director de la Prisión que de las órdenes oportunas para su cumplimiento.

 

Domicilio de mis padres, hermanos y sobrinos: Calle Fernández de los Ríos nº 68, Madrid.

 

Domicilio de mi esposa: Compas de la Victoria nº 14, Málaga, en la actualidad departamento de mujeres de la Prisión Provincial de Sevilla.

 

P.D. Olvidé mencionar entre mis herederos de re-cuerdos a mis queridos hermanos políticos Manolo y María, Paquita y Ramón, Juanito y Rafita, Victoria y Juan. Al buen entendimiento de mi esposa Carmela Gómez Ruiz dejo este cuidado.

 

Luis Campos Osaba

Fusilado en marzo de 1949 

 

ACTUALIZACIÓN:

 

Otro magnifico artículo de Enrique Meneses en su blog:

 

Caídos por Dios y por España

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