Archivo diario: agosto 30, 2008

Vicente Marco (por Julio R. Llorente)

30 de agosto de 2008

Adiós al maestro Vicente Marco

 

A lo mejor me dedico a la radio desde hace unas décadas, porque mi madre (q.e.p.d.) me inculcó ese veneno de oyente (Radio Madrid era su favorita y de mi súper-infancia se me quedaron grabadas las voces de Bobby Deglané, José Luis Pécker, Miguel de los Santos, Raúl Matas…) en aquellas grises tardes sesenteras de los días de diario, de cuando uno venía del “cole” y antes de (o mientras) hacer los deberes también me entretenía escuchando lo que saltaba al aire desde las ondas.

 

Decía antes “a diario” porque en el fin de semana (bueno, los domingos, porque el sábado no había) era mi padre (q.e.p.d.) quien se incorporaba a la tarea de oyente porque llegaba un programa que mezclaba anuncios de anises y coñacs y concursos “dificilísimos” con el marcador simultáneo Dardo. Hasta habilitábamos en la amplia cocina nuestro particular marcador en el que íbamos poniendo al minuto como iban los resultados de  los partidos de Primera División. Me costaba añadirle un gol al rival del Atleti y se alegraba mi padre (si, si, era blanco) si había que anotarle uno al Madrid. Y los gritos de los distintos estadios que cantaban los goles (humm, éste lo canta muy en tono bajo, eso es que ha marcado el visitante) eran coordinadas por la voz del maestro Vicente Marco, el primero, el precursor, el que se inventó esa rueda-paseo y cuyo testigo han recogido hasta el presente distintas generaciones de conductores del mítico “Carrusel Deportivo”.

 

Hoy sábado (en la mañana del domingo es su entierro) me he enterado de que se ha ido ese gran profesional y gran persona (comprometido, solidario… que anda que no era difícil en los tiempos que le costó hacer nacer y crecer el programa al que él puso su sello…).

 

Valga desde este rinconcito (en mi “Disco Grande” del lunes, en Radio 3, de RNE, creo que incluso voy a leer estas líneas en señal de homenaje) todo mi afecto para sus allegados, empezando por su hija Julia (para mí siempre será Lita) con la que tuve el placer de estudiar en aquellos tiempos en que ambos, en el mismo centro escolar de la calle Atocha, éramos “chicos de Preu”. Y qué emoción fue para mí enterarme con el tiempo de que su padre era nada menos que… Vicente Marco.

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