Archivo diario: agosto 7, 2008

El negro de los huevos blancos

7 de agosto de 2008

Flexible” de Basquiat (1984)

 

   -Donde coño se habrá metido Orestes. Mira que por más que me aseguró que ayer me devolvería el coche, no tenía que haberme fiado. La jefa se va a poner… Y con razón. Esta noche nos vamos de vacaciones, y este cabrón no ha aparecido- brama Jesús desde detrás de la barra de su bar.

 

   -Igual está con el suizo ese que ha desparecido en Roses. El que se fue sin pagar la cuenta de la cena desestructurada- comenta un parroquiano habitual del local. Ese típico listillo (y entrometido) que tanto abunda en los lugares públicos del solar patrio.

 

   -Calla, calla, no me calientes más. Que Orestes iba para Gerona- aúlla Jesús antes de contestar el teléfono, que acaba de empezar a sonar.

 

   -Nada, no sé nada. Ni ha llamado, ni nadie me ha dado señal suya- le dice a su mujer, que es con quien está hablando.

 

   -Ya lo sé, ya. No se lo tenía que haber prestado. Pero tu hermana insistió tan… Que no mujer, que no estoy intentando desviar las culpas hacia tu familia, pero ¿y si ella le pide la furgoneta prestada al cuñado?… Y dale, que no me estoy quitando el muerto de encima. Estoy pensando en soluciones… ¿Y qué prefieres quedarte aquí o irnos en la furgo, aunque no tenga aire acondicionado? Hay que ver que fina te has… Espera, te cuelgo que veo venir a Arsenio que igual sabe algo. Luego te llamo.

 

   -Jesús, buenas ¿sabes algo de Orestes que me ha dejado tirado? Bueno, a mí y a los demás.

 

    -No jodas Arsenio, si pensaba que tú me ibas dar noticias suyas. Que me voy esta noche a la playa y estoy sin coche.

 

   -¿Cómo sin coche? Si está aparcado detrás del mercado. Y con el motor en marcha. Por eso he venido para acá.

 

   -¿Mi coche? ¿Cómo? ¿Con el motor en marcha? Jodio Orestes. Venga vamos juntos. Si entra alguien ¿me lo entretienes si eres tan amable?- le pide Jesús al listillo.

 

   -Por supuesto. Y si llama tu señora, se lo cuento, que se aliviará al saberlo.

 

Al cabo de un rato Jesús vuelve visiblemente desencajado y sangrando. Durante su ausencia el bar se ha ido llenando de clientes de Orestes. Es martes y es dia de reparto. Están desabastecidos.

 

   -Este cabrón ha aparcado el coche, lo ha dejado en punto muerto con las llaves puestas y el motor encendido. Y los seguros echados- narra mientras enseña las llaves.

 

   -¿Cómo con los seguros echados?- preguntan varias voces al unísono.

 

   -Es que es un coche inteligente. Al cabo de un rato, por seguridad, se bloquean las puertas- explica, mientras se lava las heridas producidas al romper la ventana del vehículo.

 

   -Un coche inteligente es para conductores inteligentes y Orestes no ha dado la talla- apostilla el tocapelotas profesional. Jesús le acribilla con la mirada.

 

   -Venga vamos, aire, circulando, que tengo que curarme las heridas, cerrar el bar y arreglar los desperfectos del coche, que me voy de viaje esta noche.

 

   -¿Y Orestes donde está?- se preguntan los polleros del mercado, los tenderos del barrio y algunos restauradores de la zona, que se han quedado sin los magníficos huevos blancos, que cada martes, reparte el negro Orestes Domínguez. 

 

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