Archivo diario: julio 23, 2008

Cruzada por la Memoria (por Rodri)

23 de julio de 2008

Jamás me atrevería a disputar a Antonio Gómez el honroso título de “Abuelo Cebolleta”. No sé si en un duelo por razones cronológicas ganaría él o lo haría yo (naturalmente, vence el más joven). Pero estoy completamente de acuerdo con él en esa “CRUZADA” (lo he escrito con alevosía) por la MEMORIA y no por la NOSTALGIA.

 

La nostalgia viene a ser como una tristeza originada por el recuerdo. Los de mi generación, los de nuestra generación: nací el año en que se creó el D.N.I., en 1944, en el hermoso y radiante mes de abril. Y el día siete que coincidió ese año en Viernes Santo. Los de esta generación, sí miramos hacia atrás pero es muy lógico, hemos visto tantas cosas.

 

Por circunstancias familiares, pasaba de lunes a sábado en mi casa, con mi madre, en la Glorieta de Bilbao y sábados por la noche y domingos en casa de mis padrinos, mis tíos Emilio y Chelo en Embajadores, 14, enfrente del Pavón.

 

He crecido cambiando tebeos y novelas en “Dora” en la calle Malasaña y alquilando los domingos por la mañana los”tebeos americanos” que no podíamos comprar: toda la saga de los  man”, es decir, Superman, Aquaman, Batman, o “El Arquero Verde”, que no sé porque coj… ¡narices no llevaba lo del man!  Esos tebeos de lujo se  alquilaban en la caseta de “Pepe, el Cojo”, frente al Cine Odeón y se leían sentados en los escalones de accesos al cine. Los centímetros cuadrados donde estaba situada esa “casetilla” eran mínimos pero tenía el inmenso atractivo de que a partir de las doce la calle Encomienda, en ese tramo, se llenaba de los deliciosos olores de las gambas a la plancha que hacían en “Cayetano”, a escasos metros del salón de lectura.

 

Escuchábamos en la radio de siete a siete y media, de lunes a viernes, en Radio Madrid, dos series radiofónicas que iban seguidas: “Dos hombres buenos” y “Diego Valor”. De quince minutos, cada una.

 

Y veíamos en esos cajones bajos de los antiguos armarios de luna las fotos que allí se guardaban.

Una de esas fotos estuvo escondida muchos años, muchos. No era cuestión de exhibirla. Era la foto de la boda de mis tíos, los de Embajadores. El hecho un pincel, casi de señorito, y mostrando una insignia en el ojal de la solapa izquierda de su chaqueta. Le gustaba aviarse así. Y pasear con mi tía, cada vez que bajaba del frente de la sierra, desde la Glorieta Bilbao hasta Tirso de Molina. Mil veces he escuchado que en ese trayecto le podían parar unas quince veces para pedirle los “papeles”. Y él, comisario político de una Compañía de Ametralladoras, se los enseñaba y, al mismo tiempo, les pedía que se subieran con él al frente. ¡Cuántas veces le he oído decir que “primero ganar la guerra, luego, hacer la revolución”!

 

Al final tuvo razón.

 

¡Que va a ser nostalgia! Es memoria, Antonio. Memoria del pasado. Tu, abuelo Cebolleta. Yo, un Cesar Guzmán que no sabe donde entregar su alfiler de oro. (*)

 

(*) Para los jóvenes o desconocedores de “Dos hombres buenos” sonará a chino. Cesar Guzmán, era español, Joao Silveira era portugués. Guzmán iba buscando a los asesinos de su esposa y les entregaba, antes de matarles, un alfiler de oro que había encontrado junto al cadáver de su mujer. Nunca pude tragarme el “Ulises” de Joyce y me devoraba todo lo de José Mallorquí. ¡Que cosas!

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