Extorsión y Payola 1 (Efe Eme)

28 de junio de 2008

En un momento en que los ataques a discográficas y editoriales suelen ser moneda común en los medios, quizás sea el momento de recordar sus actitudes y reacciones en referencia a la corrupción (que en muchos casos tienen su origen en los propios periodistas y las empresas que los emplean).

 

Pero antes de seguir adelante conviene definir conceptos y significados. El diccionario de la RAE es la mejor fuente:

 

EXTORSIÓN

(Del lat. extorsĭo, -ōnis).

1. f. Amenaza de pública difamación o daño semejante que se hace contra alguien, a fin de obtener de él dinero u otro provecho.

2. f. Presión que, mediante amenazas, se ejerce sobre alguien para obligarle a obrar en determinado sentido.

 

PAYOLA no figura en el diccionario (y “fistro” tampoco, por mucho que se empeñe una “miembra” del gobierno). Para algunos es un mexicanismo, pero en realidad es la unión de dos palabras: el verbo inglés “to pay” (pagar) y Victrola, la marca de los primeros tocadiscos (o Rockola, las famosas jukebox). Se conoce como payola al acto de presionar a una empresa, estación de radio o locutor, por medio de sobornos y/o amenazas para promover a un grupo musical o artista.

 

SOBORNAR.

(Del lat. subornāre).

1.     tr. Corromper a alguien con dádivas para conseguir de él algo.

 

Payola si forma parte del idioma inglés, por obra y gracia del negocio de la música grabada y los medios. El primer caso judicial data de 1960. El 9 de mayo el disc-jockey Alan Freed (autor de la expresión Rock & Roll que bautizó la revolución musical de los 50) fue condenado por haber aceptado 2.500 dólares. También se vieron involucrados otros precursores del rock & roll en la radio como Dick Clark y Murray “The K” Kaufmann.

 

Antes del “caso Alan Freed” la payola no era ilegal, pero si lo eran los sobornos comerciales. Después del juicio se aprobaron medidas anti-payola, con multas de hasta diez mil dólares y un año de cárcel. La revista Billboard recordaba que “el cáncer de la payola no podía ser atribuible al r&r… era flagrante durante la década de los 20 (vaudeville) y también en los 30 y 40 (las big bands)”.

 

Podría extenderme sobre casos estadounidenses que afectan al crimen organizado, a promotores independientes (eufemismo que refleja aquello de “tirar la piedra y esconder la mano”), condenas a Sony BMG (10 millones, 2005), Warner (5 millones, 2005), Universal (12 millones, 2006) por el lado de las discográficas o los 12.millones y medio de dólares con las que fueron condenadas importantes cadenas de radio como CBS, Citadel, Clear Channel y Entercom.

 

Está claro que el morbo se encuentra en el solar patrio. Y quisiera dejar claro que esta mini serie de artículos no van a tratar de los conciertos y festivales y las corruptelas de nuestros políticos en ayuntamientos y comunidades autónomas.

 

Comienzo por el llamado maestro de periodistas, el franquista Emilio Romero. Impulsor de la creación de la Facultad de Ciencias de la Información desde su puesto de Director de la Escuela de Periodismo. El mismo que declaraba que el no se vendía, se alquilaba. Mal empezábamos

 

Así es como le reflejan en  la Wikipedia: “Emilio Romero podía perfectamente atacar a la banca o a un presidente de un gran banco español basándose en que el estatus de los banqueros era provisional si se atendían a los principios de Falange Española. Después de una serie de artículos sobre el tema, con una extrema dureza contra el banquero, no volvía a mencionar el asunto. Este silencio casi empezaba en el momento en que Romero estrenaba un nuevo Mercedes de brillante color verde. Su habilidad como escritor y orador era tal que parece que convirtió su pluma y su palabra en genuinas herramientas de ganarse la vida, vamos en un pico para abrir y una pala para enterrar.

 

Reproduzco las líneas maestras de lo que debería ser, y que escribí hace unos años para el Libro Blanco de la UFi (Unión Fonográfica Independiente). Desafortunadamente sigue vigente.

 

[…] 2.7. Lucha contra la “payola”.

 

La “payola” es un fenómeno de corrupción específico del sector fonográfico. Se resume como el soborno a medios de comunicación, locutores, programadores, periodistas y/o dj’s a cambio de promoción y publicidad de los productos fonográficos. En muchos países esta tipificado como delito castigado por ley. Estados Unidos de América fue pionero tanto en su creación e implantación como en su persecución y prohibición.

 

Este es un fenómeno comparable a los laboratorios y la clase médica.

 

En España la “payola” existe. Tanto en el ámbito individual como en el “modus operandi” de algunas empresas y medios de comunicación. Y con el paso del tiempo se ha ido sofisticando. Estas prácticas suponen un gasto para las empresas discográficas que las usan y lógicamente encarecen el precio final del producto.

 

Desde la UFI estamos activamente en contra de estas prácticas y proponemos su eliminación, aplicando todo el peso de la ley, tanto a las empresas como a las personas que practican y fomentan este delito. Tanto al corruptor como al corrupto.

 

Pero la “payola” no es el único fenómeno de corrupción que se da en el sector. Desde las clásicas comisiones en la cadena de valor que se dan en casi todos los sectores (que también encarecen el producto final) hasta la venta de productos y muestras promocionales por parte de los medios y periodistas que reciben gratuitamente nuestras ediciones. Esto último era algo también casi exclusivo de nuestro sector, pero casos recientes como el de los periodistas que revendieron sus pases de prensa a unos hooligans, en la reciente final de la UEFA celebrada en Sevilla, nos hacen ver que ocurre en otras industrias. Claro que estos dos periodistas fueron sancionados de forma inmediata. Algo que desdichadamente no ocurre en nuestro sector.

 

Otros fenómenos de corrupción son las vacaciones y viajes pagados a medios y periodistas/ programadores/ locutores; regalos suntuosos y, según los casos, procedentes del catalogo de productos electrónicos y electrodomésticos de la casa madre de la discográfica; reformas y amueblamiento de viviendas de locutores y programadores; falsos concursos; pago en especie, acciones o dinero (bien negro y en metálico o bien mediante facturas de agencias de publicidad del medio/ programador/ locutor de turno); actuaciones gratuitas para el medio/ programador/ locutor, etc. Todo a cambio de la difusión y apoyo masivo de los discos de la compañía que sea.

 

Tanta inversión (en millones) corresponde a tratamientos favorables en la difusión y promoción de sus productos.

 

Es necesario, pues, abogar por la ética y el bien hacer en los medios de comunicación.

 

Y también la concentración de poder que se da entre algunos medios y su propia discográfica; algunas cadenas de tiendas y su discográfica así como sus propios medios de comunicación, etc.

 

Proponemos que se acabe con todo este tipo de prácticas que manchan la reputación de todos y afectan a la credibilidad de los productores y discográficas de cara al público comprador y al sector creativo y nos colocan ante claras situaciones de competencia desleal por parte de quienes practican estas ilegalidades.

 

Otro ejemplo de corrupción practicado por las grandes compañías es el de la autocompra de CDs para manipular las listas de ventas. Actividad que expresamente está prohibida por la normativa que rige en AFYVE –hoy Promusicae-, pero que nadie persigue ni vigila. Un claro ejemplo de doble moral que afecta y pervierte claramente el mercado y su normal funcionamiento y donde se da la paradoja de que artistas con ventas de verdad se ven relegados en la lista de ventas o simplemente no entran, porque la inversión en autocompra de ciertas compañías se lo impide y cierra el paso.

 

Una normativa clara, sencilla y directa podría ser la mejor de las soluciones. Y abundan los ejemplos a nuestro alrededor, veamos solamente dos:

 

1. – En USA se prohibió tajantemente, a mediados del siglo pasado, que los productores de cine / estudios fuesen a la vez propietarios de salas de cine / exhibidores.

2. – En Prensa y Televisión existe el concepto de publirreportajes y la palabra “publicidad” impresa en pantalla, para no confundir / engañar al lector y/o telespectador. Es decir que si va sonar una canción, un fonograma, en una emisora como parte de una inversión publicitaria, que se especifique claramente por el locutor/ presentador/ dj para no engañar al oyente. Esto es una situación claramente distinta a la de la llamada cuña publicitaria, que nunca dura lo que la canción y tiene un claro mensaje publicitario. Lo que denunciamos es pagar por poner música, confundiéndolo con un criterio de selección por parte de la emisora. […]

 

Los pelos y señales, así como algunos casos significativos ¡la semana que viene!

 

Publicado en Efe Eme

18 comentarios

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18 Respuestas a “Extorsión y Payola 1 (Efe Eme)

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  3. Javier

    Aparte de la consabida introducción histórica sobre la Payola, Dick Clark, y todo eso, ¿qué nos deseas contar? ¿que los programas de radio no son mas que espacios comerciales que se “alquilan” a las discográficas para poner las canciones que les interesa promocionar? ¿que es una práctica vieja, y por eso está bien? ¿esa es la pobrecita industria musical que hay que salvar?. ¡¡¡¡Venga ya ……!!!!

  4. Xavivi gracias por tu comentario pero creo que no has captado el sentido real de mi articulo: son los medios los que generaron las prácticas corruptas. Quizás no me he expresado demasiado bien. Piensa que estaba incompleto porque como le explicaba a Juan, habrá segundas y terceras partes. Si en este primero me refería a Emilio Romero –maestro de periodistas- en el próximo me centraré en la radio musical… De todas formas cualquier excusa te será valida para usar el P2P. En referencia a esta tecnología personalmente no tengo el asunto muy claro. Por una parte hay aspectos que me parecen magníficos y por otra parte hay abusos y falta de calidad que no comparto.

    Juan y Antonio gracias por vuestras recomendaciones.

  5. antonio gómez

    perdón, se me olvidaba. Adrián en aquella época era hasta guapo, joder. Qué pena que haya envejecido tan mal. Se parecia al Tassio de Mann-Visconti. Menos mal que no había por allí ningún doctor Aschenbach, porque se hubiera enterado de lo que vale un peine.

    Salud

  6. antonio gómez

    Leche Juan, vada recuerdo tuyo toca uno mío paralelo. Me hablar de “Little boxes” y a Malvina Reynolds, y no puedo evitar el comentario (aparte de decir que ese programa que hacía Seeger merecería un hilo de este blog, por las maravillas que descubre y la actitud musical y política que refleja).
    Efectivamente, ahora “Little Boxes” se ha convertido en un tema casi de moda por la serie, que noestá mal, es verdad (si miras en youtube por el título de la canción encontrarán al menos una docena de versiones hechas para la serie por los artistas más insospechados), pero en España era conocida hce mucho. De hecho, la tradujo y versioneó el cantautor Adolfo Celdrán en su primer single de 1968/69 con el título de “Cajitas”, y en Chile también la cantó, en su propia versión, nada menos que Víctor Jara. Respeto a esa pareja de buesman, el ciego y el cojo, es que eran unos auténticos maestros.

    Salud

  7. Juan García

    Precisamente Antonio, el otro día en plena mudanza encontré mi primer disco comprado de importación, de Sonny Terry y Brownie McGhee, un verdadero tesoro. Recientemente rebuscando en YouTube me topé con estos programas de televisión que hizo Seeger y descubrí pasmado a Malvina Reynolds, la autora de “Little Boxes”, esa canción que, a estas alturas, hará popular la interesante serie de televisión “Weeds”.
    Si mal no recuerdo y Adrián era conocido entonces como “el niño”, en su caso la payola pudo tomar unas connotaciones sexuales rayana la pederastia.
    http://es.youtube.com/watch?v=4sooNNv9qHg

  8. He encontrado tu artículo a través de “Efe eme” y me parece muy revelador. El tuyo y la carta abierta de Florian Von Hoyer (“10 razones de un productor fonográfico para no pertenecer a Promusicae “) recogen unos cuantos argumentos para poder afirmar que lo que está en peligro no es la música sino el modelo tradicional que, en buena medida, ha estado apoyado en métodos “discutibles”, y que lo que realmente preocupa a las grandes discográficas no es la protección de la cultura frente a la “piratería” sino la salvaguarda de un sistema que les ha permitido enriquecerse a costa de prácticas corruptas.

    Todo esto, además, proporciona unas cuantas razones para seguir usando el p2p para obtener unos contenidos por los que se deben pagar unos precios abusivos y como forma de guerrilla contra esas grandes multinacionales que consideran la democracia un estorbo.

  9. antonio gómez

    Me alegra que colee el tema.
    No te culpabilices demasiado, rodri, por no recordar ese tango. Es una simple chorrada inventada, aunque dería mejor: “Y la piba en su chabola/ esperando la payola”, pero es que la pensé poco. Por cierto, igual algún día alguien debía escribir sobre los tangos, esa maravilla (los buenos, claro, que también los hay malísimos) de la música popular del siglo XX: ¿te atreves, Rodri?

    Juan: es normal ese ¿y donde? del antiguo compañero. Es la misma pregunta que me hago yo. Aunque en mi caso igual tengo suerte. Probablemente me pongan en la calle (eso que se llama “bajas incentivadas”) y una posibilidad es colaborar en la radio de mi pueblo, Rivas. La verdad es que apetecería un huevo.

    Adrián. Dices que te tentaron en alguna ocasión. A mí también claro. Pero me parece que ese no es el problema. Sin que necesariamente sea corrupción, al menos directa, quienes hacen crítica o radio musicales sufren diariamente pequeñas presiones, directas o indirectas, por parte de los fabricantes y vendedores de discos a través de muchos canales. Desde el inicial regalo de una cantidad de discos, que sobrepasan la capacidad de cualquiera para escuchar y programas (no digamos para criticar, si eso existiera todavía), hasta cócteles, regalos de navidad, viajes a oir conciertos, invitaciones a comer… En fin un sin fin de cosas innecesarias que necesariamente te acaban condicionando. Y todos las hemos aguantado. Yo el primero, aunque considere que es un sistema que debe desaparecer, y que si hay un concierto o una entrevista que hay que hacer en Londres, que no pague la discográfica, sino el medio, y que si hay que criticar un libro, que lo compre en la tienda de la esquina el propio medio. Pero… que la jubilación me pille confesado.
    Juan, mientras escribo estoy escuchando esa maravilla de Lester young y cia que nos has regalado. Vaya como devolución otra cosa para correrse de gusto, aunque de otro género. Pete Seeger, Sonny Terry y Brownie McGhee, delante de una mesa, ante una cámara con dos voces, una guitarra, un bajo y unas cuantas harmónicas demostrando cómo se hace música y cómo se hace televisión.

    http://es.youtube.com/watch?v=R4vWs8IS-Ys

    Salud

  10. Juan García

    Antonio, te escuchaba en Radio Nacional, que vivo en provincias y aquí era casi lo único que había, aparte de algunos muy esforzados voluntarios a los que algún día alguien debería reconocer sus hazañas; supongo además, que cuando eso de la 99.5 yo aún andaba sobre tres ruedas.
    El otro día hablando con uno de esos nuevos prejubilados de la radio pública intenté animarlo a que, en vez de dedicarse a bailar cumbias por los hoteles del IMSERSO, volviese a sus orígenes, a defender la música que siempre le ha gustado, la respuesta fue “¿y donde?”. No puedo evitar tener sentimientos encontrados cuando, por un lado, veo a estos mis queridos héroes prejubilados y por otro, veo a provectos músicos de blues o de jazz haciendo montones de conciertos todos los años. Supongo que es cosa del bienestar.
    Un regalo, un corto de cine intemporal: http://lacalaverabajolapiel.blogspot.com/2008/06/blues.html

  11. ¿Toda la verdad? No la conozco. ¿Y tú? Piensa -antes de contestar- que los abogados están carísimos…

    Lo de hacer amigos está en mi línea (habitual)

  12. RODRI

    ¡Cambalache!
    Hablando de tangos, Antonio, ¿que tango es ése que no conozco?
    En el tango de 1925,”A media luz”, letra de Carlos Cesar Lenzi, se citaba la “victrola” en la primera estrofa la “Corrientes, tres, cuatro, ocho”. Luego, pusieron “fonola” pero la original era “victrola”
    En la segunda estrofa, la del número de teléfono, “juncal, doce, veinticuatro”, se mencionaba la cocaína “cocó”.
    Y ese segundo piso era una casa de citas. ¡Que gloria de tango!

    Estamos todos esperando la segunda entrega de Don Adrián Vogel. Querido, Adrián, ¿vas a decir la verdad, toda la verdad y nada mas que la verdad?
    ¡Joé! Pues vas a hacer amigos, chavalote.

  13. Gracias Antonio.

    Juan, no me precipites, que lo que preguntas ira apareciendo en sucesivas entregas. Y lo que Antonio relata será el principio de la entrega nº 2, con una cita del Iñigo de 40 Principales que estableció las bases del sistema… Y a mi me intentaron comprar (cuando estaba en Onda 2 y en Para Vosotros Jóvenes)…

  14. antonio gómez

    Joder, camarada Adrián, en buena movida nos has metido. Y eso que sólo se trata de la primera parte. Espero impaciente la segunda. Ya sabes, aunque sea obviando nombres y enmascarando situaciones. Intentaré aportar algo, aunque esto da para un libro.

    Ante todo las alusiones. Jajajajaja, Juan, no sé cuándo me escucharías poner al bueno de Litto Nebbia, porque es un músico que me ha acompañado en muchas etapas de mi vida radiofónica. Si fue en la 99.5 (de la que Adrián tiene prometido escribir y yo comprometido seguirle), como muy bien dice él, supongo que no solo no cobre, sino que debió costarme el precio del disco que algún amigo me tuvo que traer de Argentina, porque entonces todavía no se había editado nada suyo en Madrid. Pero no era yo solo, éramos todos los que estábamos en aquella emisora, que una buena cantidad de los discos que programábamos eran inéditos en España y comprados fuera. Desde Van Morrison a Joe Cooker, de Boris Vian a Fabricio d’Andre (que nos descubrió Moncho), de Hendrix a Joplin, pasando por Litto o Eduardo Falú, todo era nuevo en aquella época. Nuevo y coherente, porque en un género u otro eran músicos que rompían con lo que sonaba entonces en la radio española. Eso se correspondió con una generación de llamémosles “difusores” (nosotros mismos y otros muchos en otras radios o revistas) que éramos igualmente jóvenes y compartíamos de alguna manera, en unos casos más directamente ideológica, en otros más estética, ese carácter “rupturista” de la música que poníamos. Y en esa época concreta de la 99.5, antes de profesionalizarnos, éramos más “militantes” de una cierta sensibilidad musical, que periodistas, críticos, y mucho menos “disc-jockeys”. Luego ha corrido mucha tinta.

    Respeto a la famosa payola (que es palabra de tango, no me digáis que no: “Che, viste la gachola / que se fue pa la payola”), pues ¿qué queréis que os diga? A mi entender ha existido siempre, es una necesidad del sistema, que produce unos determinados productos, música o coches, y precisa unos intermediarios que los popularicen para que se vendan mejor. No puede existir un sistema de producción como el actual sin la corrupción mediática, son dos partes de una misma cosa: el negocio. En el mundo discográfico existía entonces y estoy seguro que existe ahora. Tal vez la diferencia esté en que hace 40 años existían (y tenían su público y sus artistas) esos “difusores” a que me he referido, es decir, un movimiento de oposición y alternativa al sistema. Pero, como cantan Les Luthiers: “Perdimos, perdimos, perdimos otra vez”, y ahora ha desaparecido hasta ese mínimo factor de resistencia que pudo suponer 99.5.

    La industria y los medios se han convertido en una sola cosa, descaradamente. No se promociona otra cosa que no deseen las grandes discográficas, todo lo que no viene de ellas es como si no existiera, y los medios (las emisoras musicales principalmente) se funden con la industria de una manera perfecta. Y aquí va la anécdota que lo ilustra a la que se refería Adrián:

    Personalmente una de las cosas que más me apetece es volver a hacer radio. El problema es que no veo ninguna emisora en la que pudiera hacer lo que yo quisiera, que es mi principal interés en el tema. Hace unos años decidí hacer un último intento, y como la empresa en la que trabajo puso una emisora, allí fui con un compañero para proponerles hacer un programa, “un par de horitas semanales, a altas horas de la madrugada, cuando solo escuchan 50, en el que poner la música que no se pone en las demás emisoras y hablar a partir de ellas de lo que nos de la gana”. Ni que decir tiene que con estas premisas ni a las 25.00 horas de cada día nos dieron el programa. No obstante, antes de negarse nos dijeron que sí, que estupendo, que les teníamos que dar “una lista de las canciones que pusiéramos cada noche para pasarle la correspondiente factura publicitaria a las respectivas discográficas”. Creo que la cosa no merece ni apostilla.

    Salud

  15. Juan García

    Que razón tienes con lo de los Cds, tengo unos cuantos con un sonido penoso, pero esto forma parte de la siempre inexplicable actitud de las discográficas hacia los, llamémonos lo que somos, consumidores de discos: aquel precio de los discos hasta el Cd era caro y además hurtaban cualquier información casi por norma, también cambiaban las portadas originales a veces ¿no?, incluso en aquellos de importación que costaban verdaderas fortunas. Pero la unión de la revolución maoísta gracias a la cual todo el occidente capitalista dispone de reproductores a precios baratos y del Cd, ha facilitado el poder acceder a mucha gente a la música clásica, por ejemplo, de una manera decente.
    Supongo que para poder comprar a Antonio y a los que participaban de sus ideas, quién corresponda debería saber que existía la música que defendían.
    Sería interesante saber cómo la payola afecta a las músicas minoritarias, bastante agitadas por celos y envidias, creo.
    Y también sería interesante saber como se vivía en provincias, en precario, la compra de favores. Bueno, hoy supongo que esto ya es historia, o simplemente todo se ha hecho payola.
    Y finalmente, solo quería defender la radio, la buena radio, como la manera más divertida de disfrutar de la música, y la más barata, payola aparte.

  16. Moebius, siempre nos quedaran especimenes como Víctor Domingo, presidente de la Asociación de Internautas –de pocos miembros y miembras- dispuestos a tomar el relevo. Y fagocitar lo que quede, llegando a acuerdos con las cadenas de hoteles, eximiéndoles del pago por reproducción de música a cambio de los destrozos (que afortunadamente cada vez son menos frecuentes).

    Juan, llevas -en mi opinión- razón en lo del CD y el iPod. Pero tengo mis dudas sobre algunos aspectos del CD, referidas a la calidad de reproducción. Si la grabación original no es remasterizada muchos de los clásicos de la música popular no suenan bien. Por decirlo más claramente: lo que suena regular o mal de origen suena peor. Es decir que lo malo suena mejor: más peor, si se me permite el barbarismo.

    Antonio, y perdona que conteste por el, no cobraba por poner la música que defendía. Por no cobrar ni siquiera nos pagaban dignamente (en R. Popular FM). Y sobre los usos y costumbres de los medios y la payola, tiene una anécdota impagable (nunca mejor dicho) que espero que cuente.

    De todas formas parte de mi tesis es que no es la industria discográfica la mayor responsable de la corrupción. Son las empresas propietarias de los medios y los locutores/djs/periodistas/críticos. Los mismos que se llevan las manos a la cabeza, atacan el canon, niegan los derechos de artistas, autores y productores… Se verá más claro en próximas entregas.

  17. Juan García

    Hace tiempo, eso de la payola, parecía como un arcano del mundo de la música solo para iniciados, estupendo para indignarse, interesante para sentirse parte en la onda entre los aficionados con pretensiones, inevitable en ese organismo esclerotizado que era la industria musical. Y ahora vuelve a aparecer. Pero ¿no resulta un poco ocioso en la época de la crisis sin fin de la industria musical? Supongo que fue hacia principios de los ochenta cuando aconteció aquella que decían que era una crisis imparable, todos ignoraban cual sería el futuro de la fonografía comercial (¡uf!), pero hizo su aparición el CD. Aunque no conocí el inicio del fonógrafo, ni del rock’n’ roll, ni del LP, ni de Deutsche Grammophon, ni de la canción protesta, estoy convencido que el CD ha sido el gran invento del siglo XX. El CD ha hecho más por la popularización de la música que todos los esfuerzos publicitarios, corruptelas, voluntariosos independientes o lo que ustedes quieran. Rindámosle culto al CD que salvó a esa industria y permitió a cualquiera escuchar su música preferida decentemente con un pequeño esfuerzo económico. Cuesta entender donde está el avance del Ipod dichoso, con su precaria calidad, y con el gran absurdo incorporado de que la gente pueda ir por la calle con cinco mil canciones en el bolsillo escuchándolas de manera aleatoria: eso mi abuelo lo llamaba “el transistor” y las canciones las seleccionaba un bienhumorado señor del que solo conocías el nombre, la voz y la dedicación: recuerdo que la primera vez que escuché hablar de Litto Nebbia fue a Antonio Gómez (yo entonces creía que era Liton Hevia, descendiente de asturianos) y pregunto ¿recibió el señor Gómez algún tipo de gratificación por tan exhaustiva promoción? Si así fue, el Señor debiera demandársela.

  18. Entre unos y otros no sé como todavía se sigue haciendo buena música. Y si las discográficas desaparecen, ¿quién pagara los gastos de los camerinos y habitaciones de hotel que destrocen las futuras estrellas del rock? Turbio asunto.

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