Archivo diario: junio 6, 2008

El Ojo Virgen 2: Segundo de Chomón, el inventor de maravillas (por Antonio Gómez)

6 de junio de 2008

En sábana tendida

de agua feliz dispuesta en un cuadrado

–alerta, no dormida:

el pulso acelerado—

escucha Circe el viento enamorado

 

Francisco Ayala

A Circe cinemática” Indagación sobre el cinema. 1929.

 

 

Está visto que esta irregular serie dedicada a los primeros cineastas está resultando fruto de las casualidades. Primero la de encontrar las imágenes de los Lumiere y de haber sido en mayo el aniversario de los inicios del cine en España, y ahora la coincidencia entre la idea de poner aquí una de las maravillas de un pionero cinematográfico español y el homenaje que se le ha rendido en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, con Jordi Sabatés poniendo música en directo a sus pequeños y sorprendentes filmes (creo que Adrian anda preparando algo sobre eso para Efe Eme).

 

El aragonés, turolense para más señas, Segundo de Chomón es uno de esos nombres míticos de la historia del cine español, de esos de los que habitualmente se ha leído u oído hablar, pero del que no se ha visto ninguna muestra de su obra. Ese era mi caso, pero buscando pioneros y tras no encontrar en youtube nada sobre Fructuós Gelabert, el catalán que parece ser que lo empezó todo en España, tecleé su nombre en el buscador. Y lo que aparecieron fueron maravillas, encantamientos, sorpresas, imaginación.

 

No contaré mucho de él, excepto, quizás, que nació en 1871 y murió en 1929, el año del crack. Incluyo un enlace a un artículo de Antón Castro, sumamente interesante sobre el personaje y su trabajo, que recomiendo leer, porque siempre son apasionantes las vidas de los pioneros. Y Segundo de Chomón lo fue. Discípulo de Méliès (de quien veremos algo en otra ocasión), marchó a Francia, donde desarrolló la mayor parte de su obra, haciendo sus propios filmes y, posteriormente, realizando en 1927 las escenas de efectos especiales para, por ejemplo, el “Napoleón” de Abel Gance, o la secuencia de la pesadilla de Conchita Piquer en “El negro que tenía el alma blanca”, que Benito Perojo dirigió en París el mismo año. También inventó un sistema de coloreado de la película, que se puede apreciar en la película que sigue, y el paso de manivela, lo que permitía rodar fotograma a fotograma, que utiliza perfectamente en “El hotel eléctrico” (que podréis encontrar en youtube si entráis a ver la que aquí se anuncia).

 

Por lo demás, aquí está su obra. A mi me deslumbró su capacidad para crear trucos sugerentes, creativos y llenos de imaginación, con arriesgadas soluciones técnicas y de planificación. En 1906, cuando hizo esta película, ya existía un público que acudía a los cines y que ya se había sobrepuesto al ataque de infarto de ver a aquella gente saliendo de la fábrica, andando hacia uno desde la pared. El espectador era ya más difícil de sorprender, y Chomón, como Méliès, su maestro, le descubrieron un mundo en el que la imaginación y la magia conducen a la maravilla. Apagad las luces, cerrad las puertas al cobrador del gas y disfrutad de “Les Kiriki. Acrobates japonais”:

 

 

Al ver estas imágenes me dio la impresión, que vuelve cuando reincido, que ahí estaba ya todo lo que vendría después en las artes visuales, desde las coreografías de Busby Berkeley hasta el arte cyber. Verlas me hace pensar si no habremos avanzado mucho en cien años en toda la parte que se refiere a la tecnología, a cambio de no innovar los conceptos, las ideas de fondo; si no habremos fomentado el cerebro, por no hablar ya del marketín, que es cosa pareja, frente a la imaginación.

 

Salud.

 

ENTRADAS RELACIONADAS:

 

El Ojo Virgen 1: Primeras Imágenes Cinematográficas (por Antonio Gómez)

La Casa Hechizada

2 comentarios

Archivado bajo Cine, Cultura, Recomendaciones

Panteras Negras: Lakers 88, Celtics 98 (Socioapatía nos cuenta el Boston 1- LA 0 de las Finales de la NBA)

6 de junio de 2008

El Big Three (Garnett, Pierce y Allen) de Boston Celtics tritura a base de corazón y ganas a Los Ángeles Lakers. Paul Pierce en concreto protagoniza una de las actuaciones más vibrantes de la historia reciente de la NBA, reapareciendo en el parquet tras lesionarse y anotando dos triples decisivos en el tercer cuarto que destrozaron la moral de los Lakers para el resto del partido.

 

El baloncesto es el único deporte en equipo en el cual la voluntad de un solo jugador puede ganar un partido. La historia del encuentro de esta madrugada, puede explicarse dentro del mini partido de Paul Pierce: La estrella de los locales (curiosamente nacido y criado en Los Ángeles) llevaba un partido gris, con tres faltas y apenas 11 puntos. Tras una canasta de Kobe Bryant, a mediados del tercer periodo, el alero de Boston chocó con su compañero Kendrick Perkins, y giró su rodilla en un ángulo antinatural. Para desolación de los fans de Celtics, su estrella se retiró al vestuario a hombros de varios de sus compañeros y todo pintaba que era una lesión grave. Aún no repuestos por la trágica noticia, el propio Kendrick Perkins tuvo que abandonar el partido cojeando de su tobillo izquierdo. Boston se enfrentaba al primer partido de las Finales sin su líder y sin su pívot titular. Además, la lesión de Paul Pierce, que abandonó el campo con gestos de sufrimiento, algo inhabitual en un jugador poco dado a los aspavientos, parecía que habría de pasarle factura para más de un partido.

 

El partido continuó sin mucho acierto por parte de ninguno de los dos equipos y en un momento y por sorpresa, las cámaras enfocaron a Paul Pierce saliendo del túnel de vestuarios con un aparatoso vendaje en la rodilla y  cara de asesino. El público del Garden hizo temblar los cimientos del edificio con su ovación y el banquillo de los Celtics tuvo que parar a Pierce, que se dirigía con todos los cojones del mundo a la pista cuando aún el entrenador no había pedido el cambio a la mesa. A los Lakers les empezó a temblar todo.

 

Cuando por fin consiguió entrar en pista, el 34 de los verdes, anotó dos triples consecutivos sobreponiéndose al dolor de su rodilla. Las casi 20.000 almas del Garden tenían de punta hasta los pelos de la nariz. Cometió su cuarta falta personal, y Doc Rivers decidió mandarle de nuevo al banquillo para protegerle. Su lesión estaba aún caliente y para que no es enfriara, habían colocado una bicicleta estática por el mismo túnel por el que había aparecido diez minutos antes. Pero Pierce que no quería perderse nada de lo que ocurría en el partido, mandó que se la pusieran en el banquillo y empezó a pedalear tranquilamente. El público si no se había desgañitado lo suficiente con su reaparición de súper héroe, aclamó hasta la extenuación el gesto del guerrero Pierce. Los Lakers, aunque faltasen 15 minutos por jugarse, estaban más perdidos que un pavo en Navidad. Aquellos 6 puntos de Paul Pierce valieron mucho más que cualquiera de los otros 92 que anotó su equipo.

 

En un ambiente tan hostil, e informados a última hora de que les tocaba ser los villanos que despedazase el valiente Pierce en la película del partido, los de púrpura y oro no pudieron desplegar su juego y acabaron cayendo en lo que ha sido el común denominador de sus derrotas: la Kobe-dependencia. El escolta de los Lakers se jugó tiros dificilísimos y precipitados en vez de hacer lo que el sentido común dictaba; pasar el balón a los pívots y esperar a que estos le abrieran espacios o consiguieran los puntos por su cuenta. Kobe Bryant acabó el partido con un pobre 9 de 26 en tiros de campo y su equipo con un marcador de -13 cuando la mamba negra (ésta noche sin veneno) estuvo en pista.

 

Soberbia actuación de Kevin Garnett que tan alto y fuerte como Gasol, se mueve mucho mejor lejos del aro y acabó metiéndole 24 puntos y 13 rebotes e inmortalizándole como “el tipo que pasaba por allí” cuando hizo un mate de póster que puso en pie al estadio de Boston. Buen partido también de Ray Allen, que buscó sus puntos con penetraciones mucho más de lo habitual en él, y que acabó con unos sólidos 19 puntos, 8 rechaces y 5 asistencias.

 

Habrá que ver como evolucionan las lesiones de Pierce y Perkins en estos tres días hasta el segundo partido, de nuevo en Boston. En principio, si no hay intervenciones sobrenaturales ni más jugadores insensibles a la tortura, los Lakers pueden y saben hacerlo mucho mejor que hoy y tienen opciones de ganarlo. Pero cuando las cosas se ponen heroicas y cuentan más la garra y la pasión que el talento, Kobe y los suyos están perdidos de antemano.

9 comentarios

Archivado bajo Baloncesto, Deportes