¿Son los Blogs las Vietnamitas del Siglo XXI? (por Antonio Gómez)

2 de junio de 2008

¿Podemos entender en este siglo de impresoras digitales, faxes instantáneos y fotocopiadoras a color que hubo un tiempo, todavía cercano, apenas hace 30 años, en que para imprimir libremente se utilizaba una cosa que se llamaba vietnamita? Pues bien, en aquella España del miedo y la censura, del silencio y el tachón, de esos humildes aparatos de nombre tan evocador salieron algunos de los textos más valientes, lúcidos y luchadores que se han escrito en estas tierras, hoy tan modernas y anteayer tan lejos del mundo. Y también muchas tonterías, naturalmente, junto a algunas de las muestras de la más alta cultura española, que no podían editarse por otros medios.

 

La vietnamita fue la madre de una larga y provechosa familia de impresoras subversivas, de la que también formaban parte sus hijas: las multicopistas. La mayor, que ya tenía unos años, era un poco tosca, hacía un ruido terrible y era necesario un cierto esfuerzo físico para mover la manivela con la que se manejaba. La benjamina, más moderna y fácil, había conseguido aprobar una carreta técnica de grado medio y funcionaba con electricidad. Del cabeza de familia, el bote de spray, descendiente por vía directa del cubo de pintura negra y la humilde brocha, no hablaré ahora, porque eso, como decía el camarero bigotudo del falso mercado de Les Halles… es otra historia. En justicia, también se debería recordar, y así lo hago, a la prima hermana, la fotocopiadora, entonces todavía en pañales pero, no obstante, ya aficionada al triste vicio nacional de empinar el codo, por lo que funcionaba con alcohol.

 

No era difícil hacer una vietnamita ni encontrar los materiales originarios para construirla, aunque tampoco explicaban el proceso en ningún programa televisivo de bricolaje. En el Rastro se podía encontrar prácticamente todo. Se precisaban, en primer lugar, una tabla lisa de tamaño superior al de un folio, luego un madero plano, que se cortaba y con el que se elaboraba un marco que se unía a la tabla con unas bisagras, construyendo un bastidor. A la tabla inferior se le pegaba un rectángulo de goma, de manera que quedara acolchado, pero no demasiado. Al marco que previamente habíamos hecho se le clavaba bien tensa una tela, porosa pero resistente. También se encontraba sin dificultad en los aledaños de la estatua de Cascorro el necesario rodillo de lavadora (porque entonces, las lavadoras no tenían secadoras, ni, en buena medida, centrifugaban, y se escurría la ropa pasándola entre dos rodillos de goma que se movían mediante una manivela. Uno de ellos era imprescindible para construir una vietnamita.

 

Con todo ello en la mano ya estaba dispuesta para funcionar: se ponía un folio sobre la goma de la madera, se bajaba el bastidor, bajo cuya tela se había colocado cuidadosamente el cliché (una especie de papel encerado e impermeable sobre el que se escribía el texto que se quería imprimir con una máquina sin cinta o con un punzón de punta roma, de manera que se agujereara el cliché y pudiera pasar la tinta al papel que se había colocado debajo). Para efectuar esta impresión, se pasaba sobre la superficie de lona el famoso rodillo de lavadora previamente entintado.

 

Con una mañana para comprar los materiales y otra para que hiciera su trabajo el amigo mañoso que tenemos todos los torpes la vietnamita estaba preparada. Limpiamente, sin ningún peligro, como quien construye en la azotea de su chalet una jaula para palomas mensajeras, ya teníamos disponible el hardware. Sólo faltaba el software, que era lo complicado de conseguir. Los clichés, la tinta y el papel nunca se debían comprar en la misma papelería, aparte de que no estaban a la venta en todas. Tampoco se podían adquirir en mucha cantidad. Nunca se sabía con quién se estaba tratando y “el ojo del policía/ observa de noche y día”, que escribió Nicolás Guillén y cantó Adolfo Celdrán (o para completarla, “la policía/ si leyera estos panfletos/ se enfadaría”, parafraseando la canción que Chicho Sánchez Ferlosio dedicó a las huelgas asturianas del 62). En una tienda se compraba el tubo de tinta, dos clichés en otra, y los folios, mejor que cada uno comprara un paquete de 500 en la papelería de su barrio para juntarlos luego.

 

De miles de procesos como el que he narrado salieron llamadas a manifestaciones, octavillas de denuncia, panfletos ideológicos, revistas de facultad o de clubs de barrio, comunicados de comités de fábrica, fanzines culturales, o breves ediciones de  poemas de Brecht, Machado o Hernández, fragmentos de la historia de España de Tuñón de Lara o de los escritos del sexólogo Wilhelm Reich. Un vendaval de ideas contradictorias, inteligentes y burdas, certeras o equivocadas, pero, en cualquier caso mil oportunidades de debate, conocimiento y difusión de formas de ver el mundo distintas a las oficiales.

 

Hoy son otros tiempos. La vietnamita forma parte de la prehistoria de la humanidad junto a las cuevas de Altamira, el Cid Campeador y el oso Yogi. Las noticias vuelan más rápido del viento, que es la mayor velocidad que podía alcanzar una octavilla, y, dicen, el conocimiento universal está al alcance de cualquier internauta. En los comentarios a un mensaje sobre la muerte del periodismo, Ana se preguntaba qué se podía hacer en estos tiempos para evitar que la información oficial siga convirtiéndose en un pudridero de declaraciones vacías y dogmáticas. La verdad es que no lo sé, pero podría resultar interesante que fuéramos capaces de aprovechar las bondades que nos regala la tecnología y que los “blogs” se convirtieran en las vietnamitas del siglo XXI. Los refugios de quienes se niegan a tragar las ruedas de molino con que nos quieren convencer de que vivimos en el mejor de los mundos posibles.

 

Salud.

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11 comentarios

Archivado bajo Cultura, General, Medios, Política

11 Respuestas a “¿Son los Blogs las Vietnamitas del Siglo XXI? (por Antonio Gómez)

  1. Koldo Tapai Garmendia

    Hola a tod@s, no acostumbro escribir mucho en estos medios, yo soy de la época de la vietnamita, de los que a demás de construirlas y destruir, paseaba por todos los pueblos para adquirir clichés y ahora que necesito para enseñar a unos jóvenes como funcionábamos, no hay manera de encontrar un mísero cliché, si alguien me pudiera echar una mano le estaria sumamente agradecido.
    Necesitamos hablar de estas cosas, me ha emocionado las reflexiones de Antonio, gracias.

    Kota

  2. Ana

    ANTONIO: A mí me suena haberme disculpado por haberTE llamado de usted, pero estoy comprobándolo y parece ser que no…

    chin chin

  3. Adrian Blogues no suena mal, eh? 😉

  4. A mi me gusta Blogs, como en Clubs (lo de Clubes nunca me ha gustado).

    Pero volviendo al asunto del post, un aspecto que me gustaría destacar es el del Rastro. Que a lo largo de las décadas ha sido aglutinador de tendencias “contracorriente”: lo que escribe Antonio para hacer la vietnamita, los puestos de música, de comics, de ropa, luego los de la movida, etc.

  5. No podría estar más de acuerdo con maese Antonio. Pero,¡ojo! que como hemos comprobado, algunos blogs tienen la función de confundir al personal y sesgar noticias para que cuadren con el ideario del autor de turno.
    El blog se ha convertido en un instrumento eficaz para aquellos que no estamos conformes y no nos basta con dirigir una carta al director (que, por lo general, nunca nos publican: v.g. mi queja ante el tratamiento de la película “Vente a Alemania, Pepe” del diario 20 Minutos): ahora tenemos voz propia, y eso, amigos, parece que cabrea a algunos “puristas” del periodismo (que tienen blogs -¿o es blogues?- también).
    ¡Salud!

  6. Magnifica entrada y tremenda aproximación la que has encontrado con los blogs. Un saludo

  7. John

    ¡¡Que buena analogia!!

    Para mi, la parte que mas paranoia creaba era la de los cliches, pero siempre habia una asociacion cultural, instituto, colegio, colegio mayor, etc. que tenia una multi legal y de donde poder pillar.

    Recuerdo haber visto un modelo donde en vez de la goma se hacia una especie de gelatina en el fondo del bastidor.

    Y aunque no habia programa de bricolage, si mal no recuerdo, el mitico “Anarchist Cookbook”, explicaba como construirla. Aunque hace tanto tiempo que puede que la memoria me flaquee y fuera en otro lado.

    Por cierto he visto varios supuestos ejemplares del AC en e-bay y la inmensa mayoria parecen timos.

  8. Ana

    Y por cierto, me hubiera gustado tener un primo mayor que hubiera hecho una vietnamita. Yo le hubiera mirado mientras la construía, sintiéndome feliz de ser cómplice pero sin mancharme las manos (era bastante gallina de pequeña, esa es la verdad).

  9. Ana

    Qué romántico. Cada época tiene sus vietnamitas, supongo. No sé si usted ha oído hablar de Bansky, un grafitero de Londres que critica e ironiza sobre ciertos aspectos de la sociedad.

    La web es esta: http://www.banksy.co.uk/outdoors/horizontal_1.htm

    Tengo el sueño (que espero que algún día se cumpla) de montar una revista -chiquitita- en la que decidir con quién trabajar y de qué se va a hablar. Un proyecto de esos de “entre pocos” hecho con cariño… y, por cierto, una sección de nostalgia sin arrogancia vendría muy bien (avisado queda).

    Chin chin

  10. Entrada genial con la que he disfrutado a fondo y me ha hecho retroceder en el tiempo a aquellas gloriosas y épicas jornadas. Totalmente de acuerdo contigo en la utilización de los blogs como las “vietnamitas actuales”. Gracias por tu post.

    Salud

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