LA MUERTE DEL PERIODISMO (por Antonio Gómez)

27 de abril de 2008

 

Hace un momento la compañera del ordenador de enfrente ha hecho una reflexión en voz alta que me ha dejado patidifuso, tronchipartido y mandisencajado. “Hace unos días le comenté a un amigo: el periodismo comenzó a morir cuando los periodistas os decidisteis a ayudar a vuestras mujeres en las labores caseras”, ha dicho, y a mí se me ha caído encima del teclado la dentadura postiza y he escrito Bayadolhid con hache intercalada.

        

Le he pedido explicaciones, porque no es precisamente una talibana seguidora de las enseñanzas religioso-sanitarias de doña Esperanza, y me lo ha explicado. Según la susodicha, desde ese fatídico momento histórico en que los periodistas machos se pusieron a echar una mano en casa, comenzaron a levantarse a las ocho para llevar el niño al colegio, y luego, como no tienen que hacer van a la redacción, vuelven a medio día a fregar los platos y llevan luego al tierno infante a la clase de judo, por lo que su posibilidad de patear las calles en busca de la noticia se reducen de manera directamente proporcional al aumento de la prole.

        

No es mala teoría, que sin duda algún día se tendrá en cuenta cuando en esta o aquella universidad de verano, algún director “independiente”, de uno cualquiera de esos periódicos que a diario manipulan la realidad, ofrezca una documentada conferencia con el título de “Causas, motivos y circunstancias ortodóncicas de la crisis consuetudinaria del periodismo tradicional en el primer decenio del siglo XX”. Yo, sin embargo, me he permitido matizársela según mi estilo personal.

        

Con paciencia le he explicado que, desde mi criterio absolutamente arbitrario, hay al menos otras tres causas de esa crisis ya evidente: los gabinetes de prensa, el “esto vende” y los teléfonos móviles. Como sé que podéis tronchipartiros de risa si me quedo en esta simple enunciación, intentaré argumentarlo con datos convincentes.

        

Los gabinetes de prensa -en los que trabajan chavales excelentes, amigos muchos de ellos, personas como tú y como yo que comen todo los días, sueñan, follan y defecan (bueno, lo de follar igual no lo hacen todos los días)- nacieron con la promesa de facilitar el trabajo periodístico a los profesionales, ejerciendo de intermediarios entre la noticia que genera la empresa que gabinetean y el informador interesado en su publicación. En realidad son un filtro dictatorial, que impide al periodista acceder a lo que considera debe darse a la luz y vende de manera impositiva todo aquello que interesa promocionar a la compañía de marras.

        

El “esto vende” es una teoría que en los últimos años se ha convertido en la palabra sagrada de las empresas periodísticas y en el criterio supremo para la publicación de noticias (si es que ciertas cosas que “venden” pueden llamarse así). Esa máxima supone, en realidad, la desaparición de la valoración de las noticias por su importancia intrínseca y por la necesidad de que el lector las conozca, sustituidas por la adoración al dios Mercado Libre. Lo ha dicho con todas sus palabras Paolo Vasile, consejero delegado de Tele 5, que no suele morderse la lengua: “Nuestra única ideología es la cuenta de resultados”.

        

Y llegamos al teléfono móvil. Oh, el teléfono móvil, maravilla de la técnica moderna que cuando apareció parecía que iba a permitir realizar el viejo sueño periodístico de tener a la fuente permanentemente localizada. Te llamo y me cuentas. Las Fuentes, que en muchos casos no son de agua, sino de hiel, tienen anotado en su lista el número de los informadores y cuando reciben su llamada dejan sonar el aparato hasta que sale eso de “este es el contestador automático del 000000000. Si no lo cojo, te jodes”. Y mientras suena, la Fuente piensa: “que llame al gabinete de prensa”.

 

Sé que la cosa es más seria y profunda, pero es que si no me cachondeo me deprimo. A veces siento que soy como un viejo dinosaurio, uno de los últimos ejemplares de una generación de periodistas que intentamos hacer de nuestro trabajo un ejercicio civil responsable y crítico. No digo independiente, ni objetivo, porque la independencia y la objetividad son como Carla Bruni para Wyoming, sencillamente no existen. Se las ha inventado Sarkozy y para lo único que nos sirven a los demás es para ejercitar la manipulación genética. 

8 comentarios

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8 Respuestas a “LA MUERTE DEL PERIODISMO (por Antonio Gómez)

  1. antonio gómez

    Creo que era del presidente Carter, por otro lado un buen hombre, según parece, de quien se decía que no era capaz de subir escaleras y mascar chicle al mismo tiempo (¿o era comer cacahuetes?). El caso es que a mí me ha llegado el momento en que no soy capaz de rascarme la barriga mientras entro en Internet. Y los fines de semana y fiestas de guardar toca rascarse la barriga. Es un principio inalterable que ha motivado que pasara por aquí en unos días, pero ahora que lo hago es un motivo de alegría comprobar que lo que no era sino una provocación en forma de broma haya cumplido su objetivo de motivar la conversación, lo que demuestra que es un tema que no sólo me preocupa a mí.
    La otra cara, menos agradable, del interés que suscita la anunciada “muerte del periodismo” es que me obliga a plantear el tema en serio, aunque sólo sea un poco, y eso ofrece más problemas. Además, observo que varios de los participantes en el debate sois también profesionales, o lo habéis sido o estáis a punto de serlo. Me alegra, porque espero que no me dejéis solo con mis paridas, sino que añadáis también alguna, que para eso estamos aquí.
    En general creo que compartimos la idea que me atreví a lanzar de que hay una cierta manera de entender el periodismo que está desapareciendo. Efectivamente creo que así es, pero no, claro está por las razones citadas en mi otro mensaje (aunque sí tengan un cierto elemento simbólico y representativo). Pienso que el periodismo esta cambiando, pero no sólo porque una generación de periodistas se jubile y llegue otra con distintas motivaciones. Creo que la llamada crisis es más modesta, y afecta no sólo a los profesionales y a su manera de trabajar (o a las posibilidades que le dejan las empresas de hacerlo), sino que se centra, sobre todo, en el propio modelo del periodismo como forma de comunicar información.
    No me quiero alargar mucho, que es mi tendencia habitual (tal vez porque en los periódicos cada vez se escriben menos líneas y más insulsas), pero me gustaría reunir algunos de los cambios en el modelo periodístico que se mezclan en estos momentos.

    1.- Cambios empresariales. La concentración de distintos medios, no sólo escritos, sino audiovisuales en general, en unas pocas manos de propietarios voraces ha transformado las estructuras empresariales del periodismo, creando una interacción parasitaria entre los distintos medios de una misma empresa, reduciendo la variedad de voces informadoras y creando un entramado de relaciones económicas que presiden el periodismo actual.

    3.- Cambios en la filosofía periodística. Como consecuencia de esa concentración de medios en grandes empresas, los criterios económicos de rentabilidad han pasado a primer plano de la filosofía periodística, por encima, incluso, de sus posibilidades de influencia política, su vocación de explicación de la realidad y, no digamos ya, cualquier intento de mantener posiciones “realmente criticas” sobre el sistema (y no sobre el partido político contrario, que esas sí existen). El hacer negocio ha sido siempre, para qué engañarnos, un objetivo de cualquier empresario periodístico, lo que no se había dado en tal medida como ahora es la implantación de ese criterio económico como prioritario y, en muchos casos, único.

    3.- Cambios tecnológicos.- Ni que decir tiene que la aparición de nuevos medios, que por otra parte no son recientes, que nacen con la radio, siguen con la televisión, ahora reina sin duda del entramado mediático, y reciente han surgido Internet, la telefonía móvil y lo que surja. Negarse a estos cambios es absurdo, aparte de reaccionario. Aceptarlos sin más y convertir en la biblia de la comunicación es, simplemente, una paletada.

    4.- Cambios de lenguaje.- Como era absolutamente previsible, los nuevos medios tecnológicos y los demás cambios están imponiendo nuevos lenguajes comunicativos que sería muy largo analizar aquí. Esos cambios en los lenguajes (no me refiero únicamente al escrito que relata la noticia, sino también a otros que afectan a imágenes, vídeos, facilidad para pasar de unos lenguajes a otros…) han afectado a todos los medios, incluso a los escritos, a la distribución de las noticias, a la maquetación de los periódicos y a la estructuración de los noticiarios de radio o televisión. Además, está dando lugar a una mezcla generalizada de géneros y a una confusión de contenidos que afecta directamente a lo que es y no es noticia. Por poner sólo dos ejemplos. En la televisión, se usa lenguaje informativo (entrevistas, debates, reportajes, conexiones…) en programas de cotilleo rosa, mientras que se incorporan contenidos del corazón, o de la crónica negra, o se magnifica el tiempo dedicado al deporte, en los espacios puramente (¿) informativos.

    En fin, que me parece que ya voy dando la lata demasiado. ¿Qué se puede hacer? Preguntaba Ana. Ahí es nada, compañera. Eso me temo que lo tenéis que decidir y poner en práctica los jóvenes. Personalmente tomé hace tiempo la decisión de calificarme de “resistente”, como creo que ya he dicho, lo que en estas circunstancias no quiere decir otra cosa que reivindico el derecho a que me de la pataleta de vez en cuando y a ejercer de mosca cojonera (con perdón, pero es que entre esos cambios de lenguaje figura el del eufemismo y lo políticamente correcto).
    Sin embargo, creo que la pregunta es buena: “¿Qué hacer?” El viejo Vladimiro ya se la hizo hace casi 100 años, pero no está mal que nos la repitamos ahora y dejemos por aquí algunas muestras de nuestro despiste.

    Salud.

  2. Ana

    Me ha gustado el post, por fin lo he leído. De todos modos, yo me pregunto (a mí y a Antonio): si realmente somos tantos los que pensamos así (porque como ud. comprenderá, la facultad está llena de gente que quiere hacer buen periodismo), ¿por qué no hacemos algo y dejamos de quejarnos? Ejemplos: sacar una revista, formar un diario online… no sé: ¡montar algo en lo que creamos! Tampoco es tan difícil, ya no estamos en los tiempos en que había que juntar una pasta infernal para mover las cosas. Ahora un dominio lo compra cualquiera, y los dinosaurios conocen a muchos publicitarios… El otro día, en la III Conferencia de Periodismo en Red, decía uno de los ponentes (y refiriéndose a los alumnos) que dejásemos ya de quejarnos y nos pusiéramos a hacer cosas. Yo le aplico a ud. lo mismo; y que sepa que encontrará cantidad de gente dispuesta a formar parte de un proyecto que vuelva a darle credibilidad a esta profesión.

  3. Buen post de antonio, y en parte estoy de acuerdo con las conclusiones. Como trabajo también en esto de los medios, añadiría algo más: muchos periodistas jóvenes no leen o se informan hasta que no llegan al curro (luego, lo de periodista 24h es ya agua pasada, esto se ha profesionalizado mucho). Y también, que la culpa la tienen los teletipos: muchas noticias se hacen a base de teletipos y agencias, desde la silla. Buen periodismo el que se basa en esas fuentes… claro que en la era del vértigo y la inmediatez, casi que hasta lo pedimos. ¿Quién lee aún prensa seria, reportajes escritos de más de 1 página?

  4. No me meta en el marxismo, por favor… Lo de Marxmeluco de bromas si, lo de pesimismo es verdad, pero marxista no soy, ni lo he sido nunca.
    Ya sabe que soy AB, jajajajaja

    Si, pero sabe que yo considero a las empresas fagocitadoras el mal de nuestra democracia, por lo que yo la llamo pseudodemocracia.

    Y claro que estoy siendo poco realista, poco consecuente y poco práctico, pero yo solo soy un geólogo con ínfulas de escritozucho metido en un cubil, que considera que el enemigo es una sociedad de mercado tan deshumanizada como la que tenemos, que nos engaña vendiéndonos a precio de oro lo que nosotros mismos producimos por una mierda de sueldo… y encima nos quiere hacer creer como Pangross (leer Cándido de Voltaire), que vivimos en el mejor de los mundos posibles.

    Yo, que no tengo alternativas, que me rindo al sistema este cabrón que tenemos, por lo menos manifiesto mi disensión con él.
    Es que lo que me dice es como ponerse a defender el Super Pop. Que me da igual que lo hagan, que conste, pero no me dejará de parecer estúpido.
    Si todo se mide por réditos en las empresas, los seres humanos solo seremos consumidores… y a mi los de la OCU me parecen unos aburridos que no tienen otras cosas en las que pensar.
    Las personas pensamos y no solo consumimos.

  5. John

    Me llama la atencion que a finales del verano hablaba con una periodista de TV muy joven que acababa de terminar una temporada con la ABC haciendo noticiarios. Le pregunte que que iba a hacer a continuacion y me dijo que queria especializarse en hacer documentales. Cuando le pregunte por que, me respondio que el trabajo en las redacciones de noticias estaba muy condicionado por las audiencias y que los editores les dejaban hacer muy poca investigacion. Que solo les dejaban trabajar en “lo que vendia…”

  6. Estando de acuerdo con los 3 puntos de Antonio, que pueden estar sujetos a muchos matices, creo que además se puede añadir otro factor, que presenta una doble variante: la masificación.

    Masificación impuesta por la cantidad de licenciados, lo más real sería escribir licenciadas- que surgen cada año de las facultades de Periodismo. Y la otra variante de este factor sería la aparición de la prensa gratuita. Que absorbe a estas/estos licenciadas/os al igual que lo hacen los gabinetes de prensa.

    Exponiéndome a las críticas de Antonio y Mameluco, lo de “esto vende” lo entiendo desde un punto de vista empresarial. Un periódico/revista tipo “tocho”, inspirado por los principios estéticos y culturales del marxismo-pesimismo, es infumable. Un ladrillo, de poca repercusión comercial. Lo que implicaría el cierre y despido de toda la peña…

  7. Vaya francachelas que se paga la Arándanos…

    pero vayamos al caso.

    Yo, que de no ser geólogo hubiese sido periodista (hoy no lo hubiese tenido tan claro) creo que la muchacha tenía razón. Aunque sea caer en el estereotipo cinematográfico de “Luna Nueva”, los periodistas deberíais ser unos tipos de una raza aparte, una mezcla entre rastreros y gentes con ideales increíbles que quieren que la verdad salga a la luz como una gota de aceite sobre el agua…

    Y está bien lo que puntualiza usted sobre los gabinetes de prensa, lo de esto vende y los teléfonos móviles porque son 3 engranajes, sobre todo los dos primeros, para la manipulación en masa o la desinformación en general (y mire que yo no soy conspiranoico, yo creo que el mundo es así de mierda a las claras y en paz, jejeje).

    Elesto vende es la moda, ora sea perros asesinos, ora violencia de género (terrible, pero es así, que exista y que se convierta en una moda de los noticieros) ora sectas satánicas o juegos de rol peligrosos. Y es la muerte de todo lo que significa dar una noticia con rigor. Sino que nos hable Nieves Herrero desde su Alcasser Show… Y hoy igual. Las noticias de A3 o Telecinco son una oda al suceso macabro, “El Caso” hecho televisión. Y yo me declaro fan de Paco Pérez Abellán (parece una canción del Pingüino), que conste, porque el morbo, la sangre y la Deep Spain somos nosotros, nuestra identidad como pueblo. Somos esperpénticos y pícaros. Somos un país de cuentos de ciegos, de crímenes y “piensa mal y acertarás”. O sea, un caldo de cultivo buenísimo para la muerte del periodismo, para la búsqueda de la verdad, de la información veraz.

    Porque como gritaba Encanna: ¡Esto es España, señores! y tenemos a la COPE.

    Y si eso es periodismo, que venga Ratzinger Z y lo vea.

  8. Ana

    Hola,
    acabo de llegar de fiesta así que no me he leído el post entero, pero prometo hacerlo porque tiene buena pinta 🙂
    Mi email es este, por cierto ANABOYERO [ARROBA] GMAIL.COM, aunque por lo que parece la propuesta deshonesta pero profesional caducaba hoy.

    Me voy a dormir, besos.

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