Rosario Dinamitera: la muerte es una fiera cruel que nos devora (por Antonio Gómez)

18 de abril de 2008

Ayer murió Rosario Sánchez. No sé por qué tengo esta vieja costumbre a leer las necrológicas de los periódicos, que es vieja, porque cada vez más a menudo tropiezo en ellas con noticias que me duelen. Antes, cuando era joven, encontraba en ellas las vidas de gentes que podía admirar, y leer de su muerte no tenía apenas otro impacto emocional del que da la racionalidad de saber que tan novelista no volverá a escribir o que cual cineasta no hará más películas. Ahora, en cambio, cada vez me encuentro en ellas gestes a las que he conocida y, como a los otros, he admirado. La diferencia es que en de viejo, además de admirar a esos muertos los he querido y respetado. Hace bastantes años que van cayendo personas conocidas, no digo ya amigos, a mi alrededor, pero creo que esta sensación nueva me viene desde un fatídico 16 de agosto de hace dos años.

 

Conocí levemente a Rosario Sánchez de mayor, cuando ella era ya una anciana jubilada de su puesto de venta de tabaco en la Puerta del Sol de Madrid, con el que se había ganado la vida desde hacía mucho. Lo primero que me saltó a la vista es que le faltaba una mano. Había nacido en Villarejo de Salvanés, un pueblo cercano a Madrid hace 89 años y su vida había sido la de tanta gente que no ha pasado a la historia y ha dejado memoria de su heroísmo cotidiano sólo en el recuerdo de quienes la conocieron. La diferencia estaba en esa inexistente mano de Rosario, que le hacía imposible coger un vaso o acariciar a un niño. Había luchado como miliciana en la Guerra Civil, había pasado por la cárcel, había vivido la clandestinidad mientras sobrevivía vendiendo cigarrillos sueltos, y a mí me la presentaron en el transcurso de una manifestación del primero de mayo. Era una anciana orgullosa, valiente, rebelde, comprensiva y le faltaba una mano.

 

Al comienzo de la guerra, cuando las tropas sublevadas intentaban tomar Madrid desde el norte, la brigada del Quinto Regimiento que comandaba Valentín González, El Campesino, subió a Somosierra para defender la capital. En aquella confusión de la batalla, un cartucho de dinamita estalló entre las manos de una joven miliciana, que debió se operada a vida o muerte. Se le salvó la vida, pero perdió la mano. Dada de alta, volvió a la división de El Campesino como enlace. Se llamaba Rosario Sánchez, y Miguel Hernández la inmortalizó en uno de sus romances de “Vientos del Pueblo” dándole el sobrenombre con el que pasará a la historia: Rosario Dinamitera.

 

“ROSARIO, DINAMITERA”

 

Rosario, dinamitera,

sobre tu mano bonita

celaba la dinamita

sus atributos de fiera.

Nadie al mirarla creyera

que había en su corazón

una desesperación,

de cristales, de metralla

ansiosa de una batalla,

sedienta de una explosión.

 

Era tu mano derecha,

capaz de fundir leones,

la flor de las municiones

y el anhelo de la mecha.

Rosario, buena cosecha,

alta como un campanario

sembrabas al adversario

de dinamita furiosa

y era tu mano una rosa

enfurecida, Rosario.

 

Buitrago ha sido testigo

de la condición de rayo

de las hazañas que callo

y de la mano que digo.

¡Bien conoció el enemigo

la mano de esta doncella,

que hoy no es mano porque de ella,

que ni un solo dedo agita,

se prendó la dinamita

y la convirtió en estrella!

 

Rosario, dinamitera,

puedes ser varón y eres

la nata de las mujeres,

la espuma de la trinchera.

Digna como una bandera

de triunfos y resplandores,

dinamiteros pastores,

vedla agitando su aliento

y dad las bombas al viento

del alma de los traidores.

La tricolor despide a un mito de la lucha miliciana

4 comentarios

Archivado bajo Cultura, General, Política, Recomendaciones

4 Respuestas a “Rosario Dinamitera: la muerte es una fiera cruel que nos devora (por Antonio Gómez)

  1. antonio gómez

    Leche, Rubén, no pensaba yo que quedaran en este mundo otros que no fuéramos el propio Bernardo, Luis Mendo, Lucini, mi amigo Gustavo y yo mismo los que nos acordamos nada menos que de Pedro Faura. Ya veo que no es así, me alegro de ello.
    Otro que se acuerda es Antonio Piera, dios le cuide sus patillas, que en su blog hace un comentario muy adecuado del tema. Dice el viejo colega de Bernardo / Pedro: “¿Habéis oído la cancion? El sonido es nefasto, la grabación infame y Bernardo desafinaba pero…, ¿no os huele divinamente a verdad verdadera?”

    Pues para que todos lo puedan comprobar, aquí hay un enlace que permite escuchar la músicación del poema de Hernández que hizo Pedro Faura:

    http://estaextraviado.blogspot.com/2008/04/rosario-la-dinamitera.html

  2. Si no lo sabeis Pedro Faura, nombre en la clandestinidad de Bernardo Fuster (Surburbano) músico la poesía en un disco que se editó en Suecia a principios de los setenta.

    El tema es estupendo.

  3. La foto que pones en blanco y negro se me quedó grabada porque me recordaba a mi abuela. Me hacía gracia que a alguien delgadita y un poco pitiminí la llamaran Rosario Dinamitera.
    Qué cantidad de sueños, experiencias y mundos vividos se pueden ir con gente así. Ojalá podamos seguir llevando lo mejor de ellos y que perdure muchos años.

  4. Amigo Antonio, el revisionismo dirá que ha muerto un roja más, y brindarán con champán en sus Palacios de Invierno. Corazones endurecidos por bilis cristalizada. Porque esa gente no tiene sangre roja, por las venas les corre bilis negra como las sotanas de sus amos.

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