Archivo diario: enero 3, 2008

Serge Gainsbourg (par Leo)

3 de enero de 2008

Desde finales de los 70 hasta principios de los 80 me vi arrastrada hacia un extraño trío formado por tres Artistas muy especiales. Digamos que dos de ellos eran bastante populares, Jacques Dutronc y Serge Gainsbourg, mientras que el tercero, igual de talentoso que los dos ya mencionados, solamente era conocido dentro de la industria de la música, Jacques Wolfsohn –mi jefe. Una leyenda viva de la edición musical y una persona muy apreciada por mi. 

Serge Gainsbourg andaba buscando una secretaria personal para que fuese dos o tres días a la semana a su casa. Necesitaba a alguien para atender los montones de cartas sin abrir (básicamente nunca abría el correo), llevarle las cuentas personales (sólo firmaba los cheques que le preparaban), re-escribir varios borradores de un guión de una película Black Out (1978) que no se rodó y posteriormente también incluyó editar su primera novela Evguénie Sokolov, una parábola que fue publicada por Gallimard (1980) 

Jacques Wolfsohn le ofreció mis servicios advirtiéndole que sólo podría ser después de terminar mi trabajo en su oficina y eso que las jornadas laborales en el mundo de la música suelen adentrarse en la madrugada. Acepté sin problemas la propuesta. 

Le conocía de haberle visto por la oficina de Jacques Wolfsohn. Siempre de guasa y cinchando a Wolfsohn –eran íntimos amigos. Pero yo raramente intervenía. 

La primera vez que fui a su casa de Rue de Verneuil me quedé impresionada. Me abrió la puerta el mismismo Serge Gainsbourg. Luego conocí a Nana –nunca habia visto un perro tan feo. 

La casa estaba a oscuras, repleta de cosas raras y frágiles. La imagen pública de Gainsbourg venía precedida por una sólida reputación de ser un cerdo-borracho-caprichoso-con-talento. El hombre que me recibió era un tímido que estaba aseado y sobrio. Balbuceó en un tono de voz suave, excesivamente educado y tan azorado como lo estaba yo. Poco después mostró su preocupación porque la paga podía no ser suficiente. 

Cada noche que las tareas se alargaban –el consideraba que a las 10.30/11.00 ya era tarde- insistía en pagarme el taxi de vuelta a casa. Y cada vez que no tenía el cambio justo para pagarme las horas me daba un talón de 500 y no aceptaba las vueltas. 

En cuanto al trabajo de escribir y editar, era tenaz en su búsqueda de la idea o palabra apropiada. Me preguntaba muchas veces hasta que le aseguraba que estaba bien. No es que necesitase mi opinión… Durante esos años de veladas nocturnas compartimos muchas confidencias sobre el comportamiento de los ricos y famosos del negocio. Entre ellos, la familia de Wolfsohn, Jacques Dutronc, Françoise Hardy, Catherine Deneuve, Julien ClercAl principio los trabajos que compartía con él no tenían nada que ver con la parte musical de su vida. A medida que nos fuimos conociendo fue contándome de sus reuniones, grabaciones, actos públicos y sociales. Era escéptico sobre su éxito, siendo el primer sorprendido, pero lo disfrutaba a tope.

¡La versión reggae de “La Marsellesa” era un blockbuster! Había conseguido sus primeros discos de oro y platino. Fue ovacionado en el MIDEM, los conciertos de Bruselas fueron una apoteosis y hasta hubo manifestaciones (Nota del editor: El youtube recoge estos momentos e incluye no sólo la marcha donde calló a la extrema derecha sino también la compra en subasta de la partitura original del himno francés) 

Solía burlarse, a veces de forma cruel, de las actrices que le pedían canciones. Siempre consciente de lo que cada petición implicaba. Nunca le dieron gato por liebre. 

Ya solía quedarme en su casa cada vez que tenía citas con cantantes o músicos. En esos momentos su actitud cambiaba. Como si quisiese protegerse de las eventuales incompetencias abrazaba distintos comportamientos burlones, denigrantes o bravados 

A veces podía tratarte como si fuese tu profesor, siempre encontrando una risa. Pero a veces no dejaba de ser algo infantil y políticamente incorrecto. O bien lucido, brillante y encantador o bien insultante y humillante. 

Nunca me dijo nada sobre su vida personal anterior a 1966. Pocas palabras sobre una de sus hermanas, Jacqueline. Sólo cuando se veían. Lo mismo pasaba cuando veía a sus dos hijos, de su matrimonio con Françoise Pancrazzi. Eran lamentaciones sobre la distancia que les separaba. Pero no se quejaba y tampoco lo explicaba. 

Estaba muy orgulloso de sus cantantes femeninas. Siempre elogiando a Brigitte Bardot. Y por supuesto nada sobre Jane Birkin. Hasta que un día Jacques Dutronc se presentó en la casa y por la conversación deduje que había algún tipo de rivalidad entre ellos sobre la Birkin. 

Durante este periodo Gainsbourg me invitaba a cenar después del trabajo con asiduidad. Frecuentábamos un pequeño y tranquilo restaurante. Alejados de la farándula solíamos conversar sobre escultura, pintura, y anti semitismo. No se emborrachaba, era tremendamente educado, generoso y de bajo perfil. Yo sabía que después de cenar se marchaba de copas a clubes como La Calvados, L’Elysée Matignon, Barbés, el bar del Plaza Hotel Lancaster,… 

A veces la vida nocturna da paso a la vida diurna sin solución de continuidad. Jacques Wolfsohn habia decidido que Jacques Dutronc tenia que grabar un nuevo album “Guerre et Pets” y Gainsbourg tenia que escribir letras para varias canciones. La grabación era en los estudios Ferber. La cita a las 9 de la mañana. Llegué tarde, Wolfsohn echaba humo y Gainsbourg todavía no había aparecido. Lo hizo cinco minutos después de mí. No había escrito nada. El tantrum de Wolfsohn fue de los que hacen época. Nos mandó a la sala de espera. Gainsbourg tenía que ponerse ipso facto con las letras y yo tomar notas. Mientras todo el mundo nos esperaba no pudimos evitar reírnos como dos críos de seis años. 

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Leo & Serge

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