He descubierto hoy a este cantaor gaditano, nacido en Jerez y afincado durante años en Ubrique. Ha sido gracias a mi amigo Pepo Ortega, productor discográfico y propietario de un estudio de grabación en Ubrique.
Buceando por la Red he averiguado que José el de los camarones, conocido anteriormente como Bizco de los camarones, lleva más de media docena de discos grabados. Y ahora está trabajando con Ortega, quien le ha rodado con una webcam esta Toná “Agua Y Sal“. Y me ha impresionado su poderío.
José Galán García, su nombre autentico, salía a mariscar con su padre desde que contaba ocho años. El mayor de 13 hermanos aprendió el oficio de canastero. Por su parte él es padre de 9 hijos (“tengo más niños que muebles” afirma). Les dejo con el tema que más arraigo ha tenido en su carrera. Se trata de “En Calma La Noche“.
Las Primas, del colectivo FLO6x8, se marcan un road movie por Fandangos en sus visitas a bancos y cajas. Y nos dicen:
“Desde Andalucía, nuestra solidaridad y ánimo a las cuencas mineras asturianas, así como a las gentes del Estado español y del ámbito internacional que están plantándole cara al capital. Cada quien ha de servirse de las formas de comunicación y acción que encuentre más apropiadas a su situación y a su gusto. Las Primas lo hacen por Fandangos Personales en Bankia, CaixaBank y BBVA, ¿cómo lo haces tú?”
Para más información sobre este colectivo pueden ver el reportaje de un informativo de laSexta o leer la entrevista de Diagonal, pinchando aquí, con Donna, Niña Ninja y Paca La Monea. En ella cuentan que su venada comienza tras la caída de Lehman Bros.: “Somos flamencas activistas. Amamos tanto el flamenco que hasta duele y sentimos la lucha social como una forma de estar en el mundo.”
He elegido a este cantaor y a estos cantes, por constituir unos magníficos y oportunos ejemplos de aquellos artistas y lenguajes expresivos- en todas las disciplinas de las artes- que, por distintas circunstancias- daría el tema para una extensa monografía-, no llegan a tener un justo reconocimiento público.
Tuve conocimiento de este cantaor a principios de los 60; yo tenía apenas 10 años. Fue a través de una Ondina; no una acuática ninfa nórdica de espectacular belleza, sino una de aquellas radios de válvulas, que presidían el diminuto salón multiuso -comedor, sala de estudios, sala de costura, sala de juegos, etc.- de la mayoría de los hogares españoles de la época. A la hora del almuerzo, emitían en una emisora sevillana un programa de Flamenco que mi padre, buen aficionado, seguía habitualmente. La música de este programa, precedía al silencio en el tiempo perezoso de la siesta. Lo primero que oí de él fue un cante por Soleá, cuya letra, según papá, era un tratado sobre “la verdad pura y dura de la vida”: “Acuérdate cuando entonces/ descalza bajabas a abrirme,/ y ahora no me conoces”. El cantaor era Tomás Pavón (1893-1952), hermano de Pastora Pavón “La Niña de los Peines” y de Arturo Pavón. De él decía mi progenitor que “mascaba el cante”; asimismo nos informó que “era un hombre raro, y que no le gustaba cantar en público, ni aguantar a la gente”. Años después, finales de los 70, el libro de Alberto García Ulecia “Las confesiones de Antonio Mairena”, me trajo de nuevo la figura de este gran cantaor llamado Tomás Pavón, y la gran importancia e influencias que tuvo para los buenos aficionados. Literalmente, expongo lo que sobre Tomás dice el maestro Mairena (Llave de Oro del Cante,1962), en el citado libro:
[...] La vida artística de un cantaor que quisiera cantar por derecho los cantes gitanos era un puro sacrificio. En veinte años por la Alameda sevillana yo presencié las incomprensiones más dolorosas. Yo vi con mis propios ojos la amarga vida de uno de los mejores cantaores de este siglo, Tomás Pavón, que fue víctima de su pureza gitana. Los Pavones vivían en la Plaza de laMata. Tanto Tomás como Pastora, arrancaron del genial Manuel Torre, aunque tenían su propia personalidad y un increíble sentido para la música de los cantes. Con la base de Manuel Torre, Tomás puso su atención en los cantes de Triana. Él estaba casado con una gitana de aquel barrio, y con este motivo frecuentaba mucho el ambiente trianero. Tomás sacó de su manantial, prácticamente olvidado, aquellos cantes de Triana, que nunca habían sido asequibles ni comerciales. Los estudió, se impregnó de su ciencia y sus duendes, y los desarrolló de una forma excepcional. De Triana, Tomás grabó la Debla, el Martinete y un par de cantes por Siguiriyas muy conocidos y divulgados por la afición: El cante de Frasco el Colorao y el famoso Reniego que viene de la casa de los Caganchos. … Técnicamente hablando, Tomás Pavón, ha sido, sin duda, el mejor cantaor de este siglo….De las muchas noches que le escuché cantar, hubo una que no se me olvidará nunca. Fue una noche en La Vinícola, en la sevillana Plaza del Duque, la reunión era de lo más apropiada,….allí estábamos, entre otros, las hermanas Pompi, Pepe Torre, María Moreno, Caracol (padre), Manolo de Huelva, el Niño Ricardo, Juan Talegas y yo….Pues bien, en aquella ocasión todo era solemnidad y esperar a que llegara el momento de los duendes….Salí cantando por Bulerías y la fiesta se fue animando. Unos cantaban con más calidad que otros, pero todos de bien para arriba. El último fue Tomás Pavón,…..le dijo al de Huelva, “toca por Soleá”. Cuando Tomás se templó, yo sentí un escalofrío. Estuvo cantando media hora por Soleá: los cantes de Alcalá, de la Serneta, de ElMellizo, de José Illanda, de Frijones y de Triana. La reunión rayaba en el deliro ante aquel gran manantial de cantes. Todos nos mirábamos atónitos, sin saber qué nos pasaba…. Tomás añadió, “señores, perdonadme, que lo que tengo que cantar esta noche lo voy a cantar seguido, y el corazón me pide cantar por Siguiriya”. Yo noté que el duende se le había enredado y que era el momento adecuado para desprendérselo para deleite de aquella reunión. Y lo que luego ocurrió no se puede describir. Ni volverá a repetirse nunca. Yo no había escuchado cantar en mi vida como cantó Tomás aquella noche: cerca de una hora cantando por Siguiriyas de distintos matices, que nos sacudieron a todos de forma irresistible. Algo sobrenatural. Naturalmente, cuando Tomás terminó, ya no se volvió a cantar más.[...]
El Martinete, la Carcelera, la Debla y el resto de cantes del grupo de las Tonás, son cantes de los llamados “a palo seco”, ya que en ellos el cantaor no tiene el amparo y acompañamiento de la guitarra y/o palmas. La Toná procede de los romancesgitanos y es considerado el cante más antiguo del flamenco, así como un genuino representante del denominado cante jondo. En estos cantes, el cantaor se duele y se rompe, haciéndose el harakiri a pellizcos- sin instrumentos cortantes-, para mostrarnos, en una catarsis bidireccional, la tragedia y los quebrantos que le habitan. Tía Anica La Piriñaca- cantaora jerezana-, solía decir que “cuando canto a gusto, la boca me sabe a sangre”. El Martinete y la Debla – cantes muy duros y arcaicos-, necesitan que el cantaor tenga grandes facultades para poder con sus tercios y expresar, al mismo tiempo, la fuerza dramática y triste que tienen sus letras. Algunos flamencólogos agrupan al Martinete en tres escuelas, Puerto de Santa María, Jerez y Triana, siendo en las dos últimas donde alcanzó mayor desarrollo e importancia. Asimismo, señalan a las fraguas gitanas como el lugar de origen de estos cantes, basados en que el nombre que se daban a los fuelles gemelos que se utilizaban en dichas fraguas, era martinete.
Su adaptación escénica como baile es reciente. En 1952, Antonio el Bailarín creó el baile por martinete para servir de colofón a la película “Duende y Misterio del Flamenco” de Edgar Neville, siguiendo los pasos que había creado Vicente Escudero- décadas antes-, para la Siguiriya.
La Debla, ha suscitado bastantes discrepancias en torno al origen de su nombre. Debla en caló es diosa. Machado Álvarez “Demófilo”, es el primer investigador que introduce el término. A mediados del siglo XIX, la debla era un cante relativamente popular que impulsaron cantaores como El Fillo, Varea el Viejo o El Planeta.
No por esperada es menos dolorosa la noticia del fallecimiento de Enrique Morente. Respetado y querido. Excelente persona y mejor Artista, con A mayúscula.
En su día supuso el eslabón entre la tradición y los nuevos aires que empezaban a respirarse en el mundo flamenco. Su álbum de homenaje a Chacón es todavía una referencia.
A finales de los 70 se produjo la gran revolución del flamenco. Basado en dos pilares: Camarón de la Isla y Paco de Lucía. En 1979 apareció “La Leyenda Del Tiempo” de Camarón (la foto de portada era de Mario Pacheco): grabado junto a músicos de rock (como Alameda y Gualberto), jazz y fusión (Jorge Pardo y Rubem Dantas de Dolores) así como jóvenes guitarristas (Tomatito y Raimundo Amador). Simultáneamente Paco de Lucia incorporaba miembros de Dolores (el grupo de fusión creado por Pedro Ruy Blas) a su quinteto, luego convertido en sexteto. Y el brasileño Dantas incorporaba el cajón peruano al hasta entonces conservador genero flamenco.
Enrique Morente no era ajeno a esta mezcla de músicas, razas y nacionalidades. Por edad y afinidad. En la Web de RTVE han montado un excelente especial y hay una muestra de por donde andaba el desparecido Maestro en 1980. El programa “Flamenco ayer y hoy” de Fernando Quiñones (con el asesoramiento de Manuel Espín) le dedicó un programa. Se titulaba “Ultimas aportaciones del flamenco: Enrique Morente” y el granadino se hizo acompañar por miembros del grupo Guadalquivir (Luis Cobo “Manglis”, Andrés Olaegiui y Pedro Ontiveros, a la flauta). También formaban parte del elenco Diego Carrasco (otro innovador), Manuel Soler y un joven Chocolate. Para los interesados pinchando aquí pueden ver el programa entero. Sorprende la ausencia de instrumentos eléctricos, principalmente la guitarra del Manglis y un bajo, pero imagino que sería por problemas de sonorización de la época (y presupuestarios). Décadas después Morente colaboraría con otros grupos como Sonic Youth y Lagartija Nick.
“Fue el Capitán de la noche, nuestro jefe, cuando entonces todos éramos jóvenes flamencos. Le conocí a mediados los ochenta, época en la que Antonio Benamargo, desde la Vallecas flamenca, se empeñaba en dar a conocer nuestra música más libre. Amasada por levadura mora, gitana y morisca, su voz te envolvía con el misticismo de un espíritu consagrado al arte, destapando el tarro de las esencias cada vez que entonaba. Algo a lo que, una vez probado, era imposible resistirse a no probar de nuevo.
Nos corrimos algunas juergas juntos, tirando madrugadas en el Rastro de Madrid, donde los gitanos jaleaban a Morente llamándolo “Maestro”. Sin duda alguna, era el más respetado. Ahora lo recuerdo, acompañado siempre por su familia, sus cuñados Antonio y Pepe Carbonell, por Agustín Carbonell “Bola”, guitarrista heredero de Sabicas, también de su compadre, el actor Juan Diego. Para mí fue un catedrático que impartía doctrina en la cueva del Candela, la voz siempre a punto y la oreja pendiente de sonidos extranjeros ya fueran los Sonic Youth o las Voces Búlgaras.
Yo era un chaval, ya digo, que buscaba el olor a sangre que recorre lo jondo y con el que se emborracharían Federico García Lorca y tantos otros para aprender a escribir con ese dolor que hace temblar la hoja. Ese mismo dolor que hoy tanto me duele y que por puro egoísmo, no quiero compartir con nadie.”
Suscribo todo lo que dice y añado que se acabó la fiesta. Primero con la desaparición de Miguelito del Candela y ayer con la del Capitán de la noche. Por eso les dejo con el fin de fiesta del programa de Quiñones: