Archivo de la etiqueta: Elvis Costello

The Strokes con Elvis Costello en Nueva York

5 de abril de 2011

El 1 de abril es Fools’ Day en Estados Unidos (su equivalente a nuestros Santos Inocentes). Tengo entendido que este día también se celebra en Canadá, Dinamarca, Francia, Irán, Polonia y UK entre otros países.

Elvis Costello vive a caballo entre Vancouver y Nueva York.

The Strokes están de gira presentando su último álbum “Angles“. El pasado viernes 1 de abril estuvieron tocando en el Madison Square Garden neoyorkino. Y parece lógico que “Taken For A Fool“, de su nueva grabación, fuese la elegida para que Costello apareciese en escena con ellos.

Una semana antes The Strokes estuvieron en el programa de Letterman interpretando esta misma canción.

1 comentario

Archivado bajo Cultura, Música, Medios

Elvis Costello entrevista a Springsteen Vol. 2 (por Julio Valdeón Blanco)

8 de octubre de 2009

2008_Spectacle_web_ad_01

Algunos opinan que el programa de Costello con Springsteen fue flojillo. Sostienen que, más que entrevistar, Elvis conversa, que le pudo su afán de protagonismo y metía tanto la cuchara que a ratos costaba recordar su papel. Bueno, yo estuve allí. Creo que si el británico se hubiera hecho soluble, si hubiera admitido la maldita impersonalidad que predican los libros de estilo en la seguridad de que el noventa por ciento de los periodistas son gilipollas o mansos, si no hubiera desplegado su histriónica personalidad, el acto hubiera carecido de ángel. Fue especial, precisamente, por heterodoxo, libérrimo, larguísimo y relajado, imprevisible y amable, incorrecto y ególatra.

Abundando en el programa, diré que, amén de otros dones, Springsteen conserva el de zamparse al público, cualquier público, en cuestión de minutos. Contó chistes verdes, glosó viejas glorias, carraspeó cachondo, ejerció de antagonista serio e incluso le recordó a Costello que en su día había tachado su música de «demasiado romántica». Sabía que, en realidad, el gafapasta más talentoso de Occidente ama sus discos (Costello incluso contó como, durante su primera gira por EE.UU., a finales de los setenta, se empeñó en tocar en el Stone Pony, un club de cuarta elevado a categoría totémica por las constantes apariciones de Springsteen en su escenario). Como de costumbre, el autor de “Badlands”, “Man At The Top” o “Better Days” demostró que sus entrañas fueron cocidas para alumbrar bajo los focos. A diferencia de su juventud, cuando podía noquear a un plumilla a base de monosílabos, ha aprendido a relajarse, sin parapetarse tras un muro coronado de botellas rotas, sin ponerse borde o fingirse tonto. Quizá ayudó el hecho de que mientras charlaba sostuvo una guitarra, algo así como un gesto ritual con efectos sedantes.

Durante la charla Springsteen comentó la insularidad de Nueva Jersey, un territorio reactivo a las bambalinas, asfixiado por su cercanía a la Gran Manzana. Más tarde confesó que la primera vez que pisó Nueva York tenía quince años. También explicó la dificultades por las que él y Steve Van Zandt pasaron durante sus primeras días como músicos profesionales: a diferencia de la mayoría de las bandas de Asbury Park, ellos tocaban canciones originales, no versiones, y eso los convertía en bichos raros, potenciales fumigadores de una clientela que buscaba más el tema conocido, para tararear cerveza en mano, que el penúltimo ejemplo de talento rockero surgido de las catacumbas. Tras explicar que el motor último de su música ha sido siempre la identidad, la búsqueda de unas raíces, Bruce se retrotrajo al “Darkness On The Edge Of Town”, cuando nadie daba un duro por ellos y echaron colmillos pateando audiencias. Ojalá se confirmen los rumores y antes de finales de año, a más tardar a principios del que viene, se publique la, susurran fuentes bien informadas, espectacular caja conmemorativa del Darkness, que podría, cuentan, rebosar sorpresas. Desde luego disponen de un material superlativo, con algunos de los mejores directos de la historia del rock, sin duda los mejores de Springsteen junto con los que entregaría dos años después, durante el tour de “The River”.

2009-09-25_Spectacle_ticket

ENTRADA ANTERIOR:

Elvis Costello entrevista a Springsteen Vol. 1 (por Julio Valdeón Blanco)

3 comentarios

Archivado bajo Deportes, Fútbol, Recomendaciones

Elvis Costello entrevista a Springsteen Vol. 1 (por Julio Valdeón Blanco)

7 de octubre de 2009

2009-09-25_Spectacle_marquee_2

Llamada de Frank Stefanko, oso bueno y grande de la fotografía rock, autor de portadas míticas (“Darkness Un The Edge Of Town”, “The River”), marino experto, hombre con la cara tostada bajo las sombras de Tahití, poeta de Monument Valley y confesor/primo de su amada Patti Smith.

-¿Julio? Chris tiene dos entradas para ti y Mónica. Ya sabes, el programa del viernes. ¿Podrás venir?

Mónica es mi chica.

Chris es Chris Phillips, factotum de Backstreets, el fanzine de Springsteen más leído, la biblia del de NJ.

Lo del viernes… Buf.

Se refiere a Espectáculo con Elvis Costello, el alucinante programa que el gran músico graba para el canal Sundance.

Piensa en el mítico espacio de Johnny Cash:

Piensa en un músico que entrevista a otros músicos.

El hecho de que se realice para el cable garantiza la mezcla: las entrevistas son laaargas, la lista de invitados, heterodoxa, el guión, muuuuy flexible.

Para cerrar su segunda temporada (¿la última?) Costello entrevistará a Bruce Springsteen.

En el Apollo.

A cinco minutos de nuestra casa.

Llegamos al teatro a las siete y cuarto de la tarde. Antes hemos cenado en Silvia’s, el estupendo restaurante de cocina soul. La luz lechal del atardecer neoyorquino relampaguea sobre la legendaria marquesina. Sobrevivo al mono (llevo cinco días sin fumar) salivando por anticipado. En el Apollo hemos visto a M. Ward, Antony and The Johnsons, etc., pero contemplar/escuchar a dos mitos como Springsteen & Costello sobrepasa cualquier flipe anticipado o hipotético.

La entrevista no defrauda.

Más de tres horas de charla.

Costello, hábil y parlanchín, llega con los deberes más que atornillados. Sus conocimientos musicales resultan enciclopédicos. La química con Bruce, contagiosa. El respecto que ambos se tienen, evidente.

Trato de imaginar el equivalente íbero al fenómeno que se desarrolla ante mis pasmados ojitos. Dos artistas inmensos, de larga y honda trayectoria, hablando durante horas sobre poesía, guitarras, discos, sexo, héroes, disturbios raciales, Bob Dylan, el punk, la paternidad, los Pistols, Sam & Dave, Bad Religion, la escena de Asbury Park, Nashville, el sensacionalismo de ciertos medios, la fama… Comprendo rápido que se trata, de calle, de la mejor entrevista que jamás le han hecho a Springsteen, y que semejante altura torera los haría acreedores de ingresar en el frenopático si ofrecieran algo similar en España, mi querida España.

Como aperitivo Costello había abierto con una alucinante versión de “Point Blank”, aquel grandioso, rutilante, dramático tema firmado por Bruce cuando Bruce firmaba algunos de los mejores discos de la historia del rock.

Costello solicita a Springsteen que cante “Wild Billy´s Circus Story”, oscura canción de su segundo disco… Lo acompañan Nils Lofgren y Roy Bittan, en labores de escoltar.

Más tarde Bruce acomete “American Skin (41 Shots)”, la canción que lo colocó en la portada del vomitivo New York Post acusado de odiar a la pasma de NY.

Ay amigo.

Es escuchar esa versión desnuda, rugosa, con la voz crepitando en las marmitas de una garganta inmensa, es arrancarse Springsteen a tocar y rugir, y al instante (como cuando Costello se marcó “Point Blank”, como cuando más tarde versioneé “Brilliant Disguise”, otro tema de Bruce, como cuando el propio Bruce se marque una explosiva versión de “The Rising”), y al instante, decía, corroboras porque unos son curiosos segundos con raso y brillo, artistas de culto, entrañables francotiradores, etc., y otros figuras capitales.

En directo, en un teatro, gustándose, a quince metro, Costello acojona.

Y Springsteen ni te cuento.

Ojalá, algún día, encauce de nuevo ese talento asombroso, esa pedrada de luna bluesera y aguijón folk, ese incendio de cuerdas vocales inflamadas o untadas con duende y veneno; ojalá olvide el maldito, lucrativo pero maldito contrato que firmó con la disquera (demasiada pasta, Bruce, demasiada tela, Landau, para escribir por derecho y libre), y ojalá, ay, nos entregue al fin otro disco memorable, que falta le/nos va haciendo y del “Tunnel Of Love” ya pasaron más de veinte años.

2008_Spectacle_web_ad_01

4 comentarios

Archivado bajo CDI, Cultura, Música, Recomendaciones

A la busca del nuevo gran grupo (por Julio Valdeón Blanco)

18 de junio de 2009

LES

Vista del Lower East Side con Manhattan Bridge al fondo

Habíamos asistido a un concierto de Little Richard. Desconsolados, comprobamos lo enfermo y viejito que luce el pirata. A la salida, unos gorilas nos entregaron un libro de autoayuda bíblica, o algo así, regalo de la estrella. Coño. De tanto escuchar a Loretta Lynn, de tanto contemplar a los ídolos del rock & roll medio minuto antes de bailar con la Pringosa, acabaremos arteroescleróticos, convencidos de que toda la música posterior al medio siglo es una puta mierda. Acabada la ruina crepuscular del B.B. King Club, pusimos rumbo al Lower East Side.  

Viajas hasta las postrimerías del barrio que fue judío, donde Henry Roth aterrizó con su familia antes de mudarse a Harlem, y concluyes que en Nueva York todavía resisten algunos fuegos, que los especuladores no han devorado hasta el tuétano la esencia de la ciudad, que no todo son boutiques de mierda y pijas analfabetas, adoradoras de “Sex and the city” y demás capullos que vuelan hasta Manhattan con la sofisticada intención de comprar camisetas. Oh, sí, abunda la pose, la insoportable banalidad de unos fulanos que adoran su ombligo y disfrazan a base de boas, botas y rímel la necrosis mental, los guays en estado puro, las fashion victims, sección intelligentsia, pero qué quieren, la zona mantiene el pulso, abundan los garitos con solera, las tiendas de discos, los reductos de lo que fue la Gran Manzana antes de que se transformara en jardín de recreo para millonarios.

Dispuestos a sacudirnos la tristeza entramos en Arlene’s Grocery. Restaurante puertorriqueño hasta mediados de los noventa, la sala, con su ya casi legendario sótano, es un estupendo escaparate de la nueva escena. A diario, descontado el estúpido y aburridísimo karaoke punk de los lunes -excepto, intuyo, si canta tu amigo y vais ciegos- sirve para trasladarse más allá de la mugre atuendaria de la ciudad, para darle una patada a la melancolía, sacudirte de una vez el fantasma de la CBGB y conocer antes que nadie, y por diez dólares, the new big thing. Claro que a la vista de lo que escuchamos -una formación de rock pesadote en la línea, puag, de los Stone Temple Pilots, y otra de electro-punk graciosete- calculo que aterrizamos en mal momento. Ni bien ni mal, correctos, aseados y aburridos. A ver si otra noche, menos desmelenada de tópicos, menos entregada a la repetición de pautas entre pretenciosas y horteras, tenemos más suerte…   

P.D.: …me digo mientras escucho, carajo, el nuevo y deslumbrante disco de Elvis Costello, ese “Secret, Profane & Sugarcane” que hace del historicismo excusa para engendrar belleza; lo cual no hace sino devolverme al estado semidepresivo y cuasi⁄reaccionario, ustedes disculpen, en el que me hallaba tras el recital del Richard.

6 comentarios

Archivado bajo CDI, Cultura, Música