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La primera actuación de Bruce Springsteen en España

La gran Patricia Godes es la comisaria de la exposición Live Music Experience, que refleja cuatro décadas, 40 años de música en vivo en nuestro país.

Live Music Experience propone un recorrido por los entresijos de los escenarios, a través del cual, el visitante se convierte en el verdadero protagonista y estrella del concierto.

Los más de 1.200 metros cuadrados de la sala de exhibiciones de AlhóndigaBilbao se convierten en el backstage desde el que se puede acceder a su vez a cuatro espacios temáticos: La década de los 70, los 80, los 90, los 00, y un quinto centrado en el panorama local.

La muestra parte de la memorabilia del promotor musical Gay Mercader. Sobre su colección de guitarras, entradas y otros objetos dignos de la vitrina del melómano más fetichista, se configura el resto de la muestra.

Patricia me contactó para que escribiese una nota para el catalogo. Tenía que ser sobre alguno de los conciertos organizados por Gay & Co., y obviamente uno al que hubiese asistido. Me propuso el primero de los Rolling Stones en la (plaza de toros) Monumental de Barcelona. Estaba de viaje y cuando la contesté esa misma noche ya estaba adjudicado. Me mandó una lista de sugerencias y observé que faltaba la primera actuación de Bruce Springsteen en España. Me apropié del tema (también me interesé por el primero de Frank Zappa y sus Mothers of Invention en Badalona). A continuación pueden leer mi aportación para el catalogo de la exposición que se inaugura hoy.

La primera actuación de Bruce Springsteen en España

Tuve la fortuna de haber asistido al mítico concierto de Bruce Springsteen & the E Street Band en el Hammersmith Odeon de Londres. Era la primera vez que actuaban en Europa. El Boss venía a presentar su tercer LP Born To Run. Corría el año de 1975. Un par de días antes de la muerte del dictador (Franco). Me había invitado la CBS, su discográfica (por aquel entonces trabajaba en medios de comunicación). Así que años más tarde, incorporado a las filas de CBS como responsable de su producto internacional en España, parecía lógico que echase el resto para intentar su venida a nuestro país.

Ante el descomunal The River y la posibilidad de una gira europea de apoyo, me puse manos a la obra. Con dos objetivos claros: convencer a la cia. para que apoyasen mi plan (precisaba musculo financiero), y encontrar un promotor que se arriesgase en la aventura. En realidad era una cadena: una cosa llevaba a la otra, pero era indispensable que estuviesen coordinadas.

Pensar en Gay Mercader era obvio. Le avalaba su prestigio, ganado a base de su buen hacer, y un gran equipo que respaldaba su liderazgo. Y nos conocíamos de hacía años. Ganada la confianza de la discográfica tenía que convencer a Gay para que moviese sus hilos. Mientras yo hacía lo propio con las más altas instancias de mis empleadores.

No fue fácil. El siempre espinoso asunto económico fue el menor de los problemas (cubriríamos las perdidas). La complicación residía en la fecha y el encaje del itinerario (en aquella época España todavía no estaba plenamente encajada en el mapa de las giras europeas). Y las posibles alternativas siempre giraban alrededor del temido parón de las vacaciones de Semana Santa.

Finalmente las posibilidades se centraron en la ciudad de Barcelona el martes 21 de Abril de 1981 (justo después del Lunes de Pascua, festivo en la Ciudad Condal, y por tanto una fecha difícil). Si la memoria no me falla se cambió el local inicial a uno mayor: el Palacio Municipal de Deportes de Montjuich.

En el aeropuerto al presentarme le recordé a Springsteen lo de Londres (después de la actuación del Hammersmith le había entrevistado; yo tenía tan solo 19 años). Decía que se acordaba. Me pareció que estaba siendo educado. Nos fuimos al hotel y una vez ahí le organizamos una excursión por la Barcelona de Gaudí. También vinieron Landau, Marsh, Carr y algunos más que no recuerdo.

John Landau fue el motor de la carrera de Bruce Springsteen. Primero desde las páginas del Rolling Stone y después como productor y manager (que sigue siendo). Suya es la frase “He visto el futuro del Rock & Roll y se llama Bruce Springsteen”. Dave Marsh era crítico del Rolling Stone y su esposa Barbara Carr, mano derecha de Landau, llevaba el booking de las giras.

Acabo de sentir lo mismo que cuando vi por primera vez a Elvis en el Ed Sullivan Show” comentó el Boss ante la Sagrada Familia. Entendí perfectamente lo que quería decir. Y más viniendo de un rockero de los auténticos… El Parque Güell fue otro cuelgue… El concierto del 21 de abril también fue memorable. Como casi tres décadas después recordaba Marsh en su libro cuando dice que el mejor concierto que ha visto en su vida fue ese de Barcelona. Y además recuerda el recibimiento de la gente que les esperaba de madrugada en el hotel, después de llegar de una pequeña fiesta que les habíamos preparado.

Desde los primeros acordes de “Factory”, la canción que abrió el show, el delirio se apoderó de quienes casi llenábamos el recinto deportivo. Siguió con “Prove It All Night”… hasta las 26 que completaron el set list. Alternó temas de Born To Run (3), Darkness On The Edge Of Town (6), y The River (11) con una de cada uno de sus dos primero discos (“Rosalita” fue el cierre antes de los 3 bises, iniciados con “Born To Run” más dos covers) y varias versiones (2 de John Fogerty, una de la Creedence; el popurrí de Detroit; y una de Woody GuthrieThis Land Is Our Land”).

Aquella actuación de Abril del 81 fue sin ningún género de dudas el inicio de un largo romance de Bruce Springsteen con Barcelona.

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Con 19 años entrevisté a Bruce Springsteen

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Con 19 años entrevisté a Springsteen

Con 19 años entrevisté a Bruce Springsteen, y fui el primero en España en hacerlo. Ya lo he comentado varias veces en el blog así que no voy a repetirme más. Para quienes no conozcan la historia la tienen enlazada.

Ayer me llegó el libro Bruce Springsteen en España de Jordi Bianciotto y Mar Cortés. Me lo devoré. Empecé por la tarde y no paré hasta acabar. Desde aquí mi admiración por el inmenso y excelente trabajo de Jordi y Mar. Según me contaba JB ha sido un arduo trabajo de investigación (un año y medio). Y desde luego se refleja en la calidad del volumen. Un imprescindible. Sobre todo  si eres aficionado a la música, al rock. Y por supuesto al Boss.

Y precisamente en el libro encontré la entrevista a la que hago referencia en el titulo de este post. La publicó Disco-Express, el 15 12 de diciembre de 1975 (casi un mes después del concierto del Hammersmith, donde le abordé tras la inmensa descarga que presenciamos).

La charla se divide en dos páginas (compartiendo espacio con Jesús Ordovás y Diego A. Manrique). Disculpen la molestia que pueda suponer leer unas imágenes… pero es lo que hay.

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Se edita el libro Bruce Springsteen en España

La editorial Quarentena edita el libro Bruce Springsteen en España. En 264 páginas los autores Jordi Bianciotto & Mar Cortés documentan todos los conciertos del Boss en nuestro país. Desde el primero en 1981, en el que tuve el honor de colaborar.

El volumen además incluye recortes de prensa, crónicas de cada actuación, abundante material gráfico, detalles de las actividades de Springsteen antes y después de los shows y entrevistas con los promotores de conciertos (Neo Sala, Gay Mercader), músicos (Loquillo, Miqui Puig, Quimi Portet), periodistas (Constantino Romero, Jordi Sierra i Fabra, Diego Manrique, Rafael Tapounet, Jordi Beltrán, Ignacio Julià) y un servidor, entonces A&R de CBS (acompañé a Bruce Springsteen en 1981 y formé parte del viaje de periodistas españoles al concierto del Hammersmith en Londres en 1975}.

Bianciotto & Cortés también dedican un capítulo a lo publicado en España sobre Springsteen antes de 1981. Con prólogo de Manuel Huerga y fotografías de Francesc Fábregas, Xavi Mercader, Ferrán Sendra, Ramón Hortoneda, René Van Diemen & Enric Nonell, entre otros, han contado con la complicidad de Salvador Trepat, ilustre springsteeniano responsable del excelente blog Point Blank.

Y de España volamos a Nueva York, donde el protagonista de la noticia se subió al escenario para acompañar a otro emérito rockero, Bob Seger. Fue el pasado 1 de diciembre en el Madison Square Garden. Hacía 31 años que no tocaban juntos. El 3 de octubre de 1980 Seger fue el invitado en el primer concierto de la gira de The River.

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Fin de semana en Asbury Park con Springsteen

5 de abril de 2011

Si el pasado viernes era Elvis Costello quien aparecía en la actuación de los Strokes, en Nueva York, el sábado-cruzando el rio Hudson- Bruce Springsteen se dejaba ver en Asbury Park.

Primero por la tarde en un panel sobre la historia musical de la localidad de New Jersey, junto a  Southside “Johnny” Lyon, Bobby Thomas de The Visionaries y el cantante Nicky Addeo. Fueron 90 minutos en los que estuvieron charlando sobre la herencia musical de Asbury Park. Y esa misma noche se presentó en el Wonder Bar, donde participó, junto a los demás artistas, en seis versiones de temas inmortales como “Stand By Me“, “C.C. Rider“, “Gloria”  o “Johnny B. Goode. A la batería estuvo Vini “Mad Dog” Lopez (quien además canto el clásico de Chuck Berry). Fue una de las escasas ocasiones en las que han vuelto a compartir escenario desde que “Mad Dog” fue expulsado de la E Street Band, en 1974.

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Esperando el milagro: Bruce Springsteen y la caja del “Darkness On The Edge Of Town” 2 (por Julio Valdeón Blanco)

17 de agosto de 2010

La decisión respecto a qué saldrá corresponde a Springsteen y Landau. Imagino que, lejos de los austeros lanzamientos de antaño, Columbia apoya una box-set monumental, o al menos una serie de productos que vayan de lo esencial a lo goloso. Más aún cuando a finales de los noventa Bruce rubricó un contrato multimillonario… cuya amortización depende en buena medida de cómo aprovechen el archivo. Centenares de audios y vídeos de conciertos más un número indeterminado de canciones inéditas descansan en una sala acondicionada a tal uso. Para que se hagan una idea de lo que resta por explorar: “Tracks“, la caja de outakes del 98, ocupaba 4 cds, cuando los planes iniciales fueron de 10 y más adelante 8, y aún así no exprimía la totalidad del tesoro. Dicho de otra forma, de las 300 canciones que Toby Scott, su archivista, le envió para considerar, sólo usaron 66.

Respecto al “Darkness…“, hablamos del periplo artístico y humano que cimentó al Springsteen que conocemos. Minutaje ajustado, abandono de las querencias por el jazz, de la verborrea dylanita y la huella de Van Morrison en favor de las Ronettes y Jerry Lee Lewis, influencia de Terrence Malick, Scorsese o Ford, ecos de Hank Williams y Woody Guthrie, el descubrimiento de la clase obrera y sus sueños y/o fracasos como veta de la que extraer materiales candentes. Todo ello figurará en el documental The promise: the making of darkness on the edge of town. Según deducimos de las declaraciones hechas por Van Zandt y otros en los últimos meses, iría acompañado de un disco con descartes. Tienen para elegir: al menos 43 sin contar los que figuran en “Tracks” y las canciones que regaló a Patti Smith (“Because The Night“), Pointer Sisters (“Fire“), Southside Johnny (“Hearts Of Stone“), etc. “The Promise“, “The Way“, “Preacher’s Daugther“, “Spanish Eyes“, “Janey Needs A Shooter“, etc., figuran entre lo mejor de su repertorio. Otras, como “Castaway“, “Crazy Rocker“, “I’m Going Back“, “What’s The Matter Little Darling” o “Get That Feeling” figurarían en cualquiera de sus discos sin menoscabo. Lo dejó claro el propio Landau durante la entrevista telefónica que mantuvimos mientras servidor tecleaba American Madness: «Nos levantábamos a medio día e íbamos al estudio. Tocábamos hasta las cuatro o las cinco de la mañana y vuelta a empezar». Trabajaron como galeotes, desde principios de junio del 77 a marzo del 78.

Respecto a los conciertos…

Sabemos que existen grabaciones en vídeo del Vets Memorial Coliseum en Arizona (la peor elección por cuanto el repertorio se queda corto en minutaje y canciones) y de Largo, Maryland, con estupendas versiones del “Summetime Blues” y “Factory“. Se dice que del Madison Square Garden fueron filmadas las noches segunda y tercera de una serie de tres, fantásticas. Después queda Houston, mi favorito, de diciembre, que en la actualidad circula en cinta de audio de baja calidad. En blanco y negro, Teatro Capitol, Passaic, Nueva Jersey, brutal, épico, pero que difícilmente cuenta por, bueno, por ser en b/n. Del pandemónium del Winterland, 15 de diciembre del 78, también creemos que existe vídeo, más los derechos pertenecen a la empresa que compró el material de Bill Graham; dudoso que gasten cientos de miles de dólares en ello. Tampoco lloraríamos, aunque sea del inicio de la gira, si apuestan por el Roxy, ciento cuarenta y seis minutos ante quinientos elegidos en los que estrenó “Independence Day” y “Point Blank“.

Elijan lo que quieran.

Pero elijan, please.

Por decirlo usando el email que me escribió Anthony Fischetti, testigo del concierto del 22 de agosto en el MSG, «Nadie puede ser tan energético, tan emocional y puro, y mantenerlo durante casi siete meses. Pero cuando miras hacia atrás eran como luchadores trabajándose su camino, luchando con cualquiera en cualquier parte, buscando una oportunidad para hacerse con el título. En aquella gira tocaron en clubes, teatros y pabellones. Tenían algo que demostrar, y tocaban como si sus vidas dependieran de ello. Nos beneficiamos al ser testigos de aquella catarsis. Podías vivir tu vida en un concierto del Darkness y no perderte prácticamente nada del espectro emocional. Era así de bueno. Cualquiera que piense que una caja del treinta aniversario de Darkness no reúne tantos méritos para existir como la de Born To Run es que no estuvo allí. Intento explicarle a la gente como fue… Si crees que Springsteen es ahora una fuerza de la naturaleza (…) deberías de haber visto un concierto de Darkness. Es como intentar explicarle a alguien que no lo haya escuchado que es el rock and roll».

Si hablamos de grabaciones en vivo, de directos, los conciertos del 78 figuran en el podio de lo esencial, junto al del Harlem Square Club de Sam Cooke, el live del 66 de Dylan, los dos primeros del Apollo de James Brown… y poco más. A Springsteen y cía. les corresponde ahora que, aparte los coleccionistas de bootlegs, el mundo entero lo sepa.

¿Live in Hyde Park decían?

No me hagan reír.

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Esperando el milagro: Bruce Springsteen y la caja del “Darkness On The Edge Of Town” 1 (por Julio Valdeón Blanco)

Entrevista con Julio Valdeón sobre su libro “American Madness” (Efe Eme)

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Esperando el milagro: Bruce Springsteen y la caja del “Darkness On The Edge Of Town” 1 (por Julio Valdeón Blanco)

16 agosto de 2010

Un fantasma patea el estómago de los fans de Bruce Springsteen.

¿O debiera escribir de cualquiera que ame el rock and roll?

Verán, tras dos años de retrasos, jeroglíficos y crípticas, Columbia Records anuncia la publicación de una caja conmemorativa del “Darkness On The Edge Of Town“. Hablamos del disco que confirmó para siempre sus poderes. Un cóctel letal, palabras mayores, especialmente por el tour que siguió al Darkness…, en la que el grupo puchelaba dinamita a sabiendas de que se la jugaba. Tras el bajonazo legal que siguió al “Born To Run” y tres años apartados de los estudios, la gira fructificó en conciertos de una intensidad espeluznante. Tocaron hasta cinco por semana sin ralentizar el diapasón ni ofrecer otra cosa que lava a chorro. Los bootlegs del periodo el periodo, pronto alcanzaron un estatus mítico. La ferocidad con la que Bruce y la E Street Band atacaban el repertorio, la coherencia de unos set-lists impecables, y el que necesitará calcinar los recelos de quienes creían que Columbia había exagerado su valía, remaron a favor de un periplo que dejó boquiabiertos a quienes lo presenciaron.

Muy bien, entonces deberíamos de saludar felices el anuncio de la box-set, ¿no?

En teoría sí, mas, mmm, cualquiera que haya seguido las decisiones tomadas por el Boss y los suyos a lo largo de los años, a la vista de los antecedentes y de cómo han manejado los archivos, tiene motivos para desconfiar.

Veamos.

En 1986, tras años suspirando por un lanzamiento que hiciera justicia a sus actuaciones apareció una caja quíntuple que, récords de ventas aparte (recuerden, salió en plena fiebre post-”Born In The USA“) escamoteaba muchos de sus caballos de guerra; encima, abusaba del corta/pega en el estudio. ¿Donde estaban “Incident On 57 Street“? ¿Y “Prove It All Night” con la colosal introducción de guitarra eléctrica de la gira del 78? ¿”Backstreets” con el interludio conocido como “Sad Eyes“, que más tarde, durante la grabación de “The River“, evolucionó en “Drive All Night“? ¿Qué me dicen de aquellos “Mona” o “Not Fade Away” que enlazaban con “She´s The One“? A más: si la caja lleva por subtítulo “Live 1975-1985“, ¿por qué, excepto el “Thunder Road” que abre, sólo hay cortes del 78 en adelante? ¿Y la etapa con David Sancious al piano? Etc.

Quince años después, tras la gira de reunión con la E Street Band, apareció un “Live In New York City” que dejaba fuera joyas como la definitiva, esclarecedora interpretación de “Blood Brothers” en el último concierto del MSG. Lo peor, la reiteración en el vicio de mezclar recitales, ya practicada en la caja de marras, esa desconfianza hacia sus poderes que lo lleva a combinar noches y pulir detalles en el estudio. ¿Qué tal, por ejemplo, haber lanzado aquel ya citado del Madison, el 1 de julio de 2000, que remató el tour con el siguiente repertorio: Code Of Silence/ My Love Will Not Let You Down/ Prove It All Night/ Two Hearts/ Atlantic City/ Mansion On The Hill/ The River/ American Skin/ The Promised Land/ Youngstown/ Murder Incorporated/ Badlands/ Out In The Street/ Tenth Avenue Freeze Out – It´s All Right- Take Me To The River- Red Headed Woman/ E Street Shuffle/ Lost In The Flood/ Born in the USA/ Backstreets/ Light Of Day/ The Promise/ Ramroad/ Bobby Jean/ Born To Run/ Further Up On The Road/ Thunder Road/ If I Should Fall Behind/ Land Of Hope And Dreams/ Blood Brothers? Quita, quita, mucho mejor coger las tijeras, clic, clac, y facturar el enésimo collage.

En 2005, para el treinta aniversario del “Born To Run“, escogieron un concierto, el primero en Londres, famoso por el mal rollo con el que Bruce subió al escenario. Eso sí, facturó un directo candente, de metal fundido y artillería pesada. Lástima que, para complementarlo, no aprovecharan para editar los legendarios audios del Bottom Line en NY, celebrados entre el 13 y el 17 de agosto de 1975. O el cataclismático de febrero del 75, en el Main Point, 160 minutos que incluyen alucinantes versiones del “I Want You” de Bob Dylan, “Mountain Of Love” de Harold Dorman popularizada por Johnny Rivers, o el “Back In The USA” de Chuck Berry, así como una cascada de clásicos propios que ya quisiéramos hoy escuchar seguidos en una misma noche: Incident, Thunder Road, Growin’ Up, Saint In The City, Jungleland, Kitty´s Back, New York City Serenade, Rosalita, Sandy… Pero vamos, de todo el material en vivo recuperado, el de la caja del “Born To Run” es sin dudarlo el mejor, el más justicia le hace a su legado.

Ok. Viajemos hacia delante y aterricemos en 2005. Sensacional gira acústica de “Devils And Dust“. Más de doscientas canciones interpretadas, versiones irreconocibles de los clásicos, lecturas de temazos ajenos como el “Dream Baby Dream” de Suicide en versión panorámica, monumental, hipnótica. Aunque disponían de numerosos conciertos grabados de forma profesional, no hubo nada. Lástima. Hubiera introducido en el canon una ajustada fotografía del Bruce esmerilado de polvo y fuegos noir que desde “Nebraska” ha constituido una de sus facetas decisivas. El Bruce menos populista, ese que nunca citan sus odiadores, fundamental para entender a Bright Eyes, Arcade Fire o The Walkabouts, era despreciado en una decisión inimaginable si hablásemos de Neil Young o Bob Dylan.

No hablemos, para qué, de esos conciertos del 80, del “The River“, como inagotables relámpagos de rock, también filmados, también, ay, muertos de risa en el baúl; ni de la primera parte de la gira del “Born In The USA“, desarrollada en pabellones, terrorífica, mucho mejor que la que a partir del 85 se desarrolla en estadios, casi con seguridad la última vez que brilló pluscuamperfecto noche tras noche tras noche; ni del Tunnel Of Love Express Tour, magnífico por tantas razones; de la reaparición triunfal, desnuda y prodigiosa, del Christic Institute en el 90, que fue desestimada para seguir trabajando en, uh, “Human Touch“; ni de los recitales del 95 en pequeños teatros con motivo de “The Ghost Of Tom Joad“, ni de… ¿Me explico?

Hace un mes, como broche a una gira de casi dos años, han publicado el DVD/Blu-Ray “London Calling: Live In Hyde Park“, que no está mal, no, pero palidece ante los mejores recitales del periodo, por ejemplo los dedicados a repasar, íntegros, “The Wild, The Innocent & The E Street Shuffle” y “The River“, en 2009, o el último de todos, en Buffalo, cuando cayó entero el “Greetings From Asbury Park“, o, todavía mejor, el del Scottrade Center en St. Louise, de 2008, una furiosa demostración de cómo a veces, en noches impares y más allá de una profesionalidad blindada, invoca el espíritu del que fue durante el periodo glorioso, cuando ejercía como sumo sacerdote del rock a pelo y cuchillo. Con los ojos incendiados y “Then She Kissed“, de las Crystals, descorchó una fiesta en la que parecía no querer abandonar el escenario. La razón última que explica la elección de Hyde Park, meramente crematística: fue filmado por la BBC, y en consecuencia resultaba mucho más barato. Que no haya rastro de “Long Walk Home“, la mejor canción que ha escrito en el último lustro, que tampoco tocara “Girls In Their Summer Cloths“, “Gypsy Biker” o “Last To Die” y les importe un pito, o que, ya puestos a primar la sección 2009 del asunto, el concierto fuera previo a la inclusión del “Higher And Higher” de Jackie Wilson que ya había tocado en el 77, en la época del juicio con Appel, dice muuuucho, y malo, de cuáles son los argumentos que priman. Por cierto, durante esos conciertos del 76 y el 77 regaló actuaciones magistrales, lustradas con el añadido de unos vientos que hechizan, mientras los abogados discutían su incierto futuro, sin saber si podría regresar al estudio o no. En vez de pudrirse en casa, lamentando su mala suerte, seguía escribiendo canciones (Rendezvous, Frankie, Raise Your Hand, Don´t Look Back, Action In The Streets, The Promise, etc), revisando el cancionero ajeno (A Fine, Fine Girl, It´s My Life, Pretty Flamingo, New Orleans, Little Latin Lupe Lu, etc.), actuando con la rabia fascinante de un pistolero frente al pelotón de verdugos. Quien escuche, por ejemplo, el pirata del 4 de noviembre del 76, en el Palladium neoyorkino, con Ronnie Spector de invitada, titulado “We Gotta Get Out Of This Place“), o el del Music Hall del 25 de marzo del 77 en Boston, bautizado como From The Dark Heart Of A Dream, sabrá a qué me refiero.

Ok.

Me enrollo.

Vuelvo al Darkness

Regreso a él en la segunda y última entrega de esta serie.

La verdad, por una vez en la vida creo que el miedo resulta infundado.

No pueden fallar, esta vez no, con el repóquer de ases que guardan bajo la americana.

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Un siglo de canciones 73: “Twist And Shout”

15 de junio de 2010

Twist And Shout” fue compuesta por Phil Medley y Bert Russell (de nombre real Bert Berns) y grabada originalmente por los Top Notes, un incipiente grupo de Philadelphia. La producción corrió a cargo de Phil Spector, ni más ni menos, quien por aquel entonces había abandonado a su grupo, The Teddy Bears, para incorporarse como productor en nómina de Atlantic Records.

Bert Berns no quedó satisfecho del resultado. Pensaba que la canción no tendría ninguna posibilidad y que la grabación carecía de la energía y vitalidad que exhibía el grupo en sus actuaciones, y que intentaba plasmar en su composición. Así que se puso manos a la obra y pretendió demostrarle a Spector como tendría que sonar.

Un año después, en 1962, se editó la versión del “Twist And Shout” de los Isley Brothers, producida por Berns. Como curiosidad decir que la cara B del single era un tema llamado “Spanish Twist“. Y no es casual, como descubriremos al final de este post.

Fue el primer sencillo de los Isley en llegar al Top 20 de las listas Pop estadounidenses. Se habían dado a conocer unos años antes con “Shout“, pero no repitieron éxito discográfico hasta este “Twist And Shout“. El cual alcanzo el nº 2 de las listas R&B.

Bert Berns (aka Bert Russell) demostró tener razón. No sólo por la acepción popular del disco, también porque todas las versiones posteriores se basaron en la de los hermanos Isley.

The Beatles la cantaron para su primer álbum “Please Please Me“. Y tiene el honor de ser el único hit que vendió un millón de copias y no fue compuesto por ellos. En UK, formato EP, alcanzó el nº 1, y en USA llegó al 2, en una lista cuyas cinco primeras posiciones estaban ocupadas por temas de los de Liverpool.

John Lennon estaba resfriado. George Martin, el productor, consciente de la situación, la dejó para el final de la sesión. Se usó la primera toma: Lennon rompió la voz y fue imposible volver a grabar. La interpretación de John es todo un tour de force. Y ha quedado como el referente para las nuevas e innumerables versiones que se han realizado a posteriori. Por supuesto Martin y los Beatles siguieron la pauta de Isley Brothers y Berns.

Una de las características que distingue la sonoridad entre la versión original de Top Notes (Phil Spector) y la de los Isley (bajo las directrices de Berns) es una asombrosa similitud con “La Bamba” de Ritchie Valens (Ricardo Esteban Valenzuela Reyes). Editada en 1958 es anterior a la composición de Medley/Russell. Y ese toque latino es el que ha prevalecido a lo largo de la historia. Ahora entienden mejor porque afirmaba que no era casual que la cara B del 45 rpm de Isley Brothers se llamase “Spanish Twist“.

Les dejo con un directo, en Buenos Aires, del final de la gira de Amnistía Internacional en el que Springsteen mezcla ambos temas. Le acompañan Peter Gabriel, Sting y Youssou N´Dour.

 

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Un siglo de canciones (todos los posts)

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Elvis Costello entrevista a Springsteen Vol. 2 (por Julio Valdeón Blanco)

8 de octubre de 2009

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Algunos opinan que el programa de Costello con Springsteen fue flojillo. Sostienen que, más que entrevistar, Elvis conversa, que le pudo su afán de protagonismo y metía tanto la cuchara que a ratos costaba recordar su papel. Bueno, yo estuve allí. Creo que si el británico se hubiera hecho soluble, si hubiera admitido la maldita impersonalidad que predican los libros de estilo en la seguridad de que el noventa por ciento de los periodistas son gilipollas o mansos, si no hubiera desplegado su histriónica personalidad, el acto hubiera carecido de ángel. Fue especial, precisamente, por heterodoxo, libérrimo, larguísimo y relajado, imprevisible y amable, incorrecto y ególatra.

Abundando en el programa, diré que, amén de otros dones, Springsteen conserva el de zamparse al público, cualquier público, en cuestión de minutos. Contó chistes verdes, glosó viejas glorias, carraspeó cachondo, ejerció de antagonista serio e incluso le recordó a Costello que en su día había tachado su música de «demasiado romántica». Sabía que, en realidad, el gafapasta más talentoso de Occidente ama sus discos (Costello incluso contó como, durante su primera gira por EE.UU., a finales de los setenta, se empeñó en tocar en el Stone Pony, un club de cuarta elevado a categoría totémica por las constantes apariciones de Springsteen en su escenario). Como de costumbre, el autor de “Badlands”, “Man At The Top” o “Better Days” demostró que sus entrañas fueron cocidas para alumbrar bajo los focos. A diferencia de su juventud, cuando podía noquear a un plumilla a base de monosílabos, ha aprendido a relajarse, sin parapetarse tras un muro coronado de botellas rotas, sin ponerse borde o fingirse tonto. Quizá ayudó el hecho de que mientras charlaba sostuvo una guitarra, algo así como un gesto ritual con efectos sedantes.

Durante la charla Springsteen comentó la insularidad de Nueva Jersey, un territorio reactivo a las bambalinas, asfixiado por su cercanía a la Gran Manzana. Más tarde confesó que la primera vez que pisó Nueva York tenía quince años. También explicó la dificultades por las que él y Steve Van Zandt pasaron durante sus primeras días como músicos profesionales: a diferencia de la mayoría de las bandas de Asbury Park, ellos tocaban canciones originales, no versiones, y eso los convertía en bichos raros, potenciales fumigadores de una clientela que buscaba más el tema conocido, para tararear cerveza en mano, que el penúltimo ejemplo de talento rockero surgido de las catacumbas. Tras explicar que el motor último de su música ha sido siempre la identidad, la búsqueda de unas raíces, Bruce se retrotrajo al “Darkness On The Edge Of Town”, cuando nadie daba un duro por ellos y echaron colmillos pateando audiencias. Ojalá se confirmen los rumores y antes de finales de año, a más tardar a principios del que viene, se publique la, susurran fuentes bien informadas, espectacular caja conmemorativa del Darkness, que podría, cuentan, rebosar sorpresas. Desde luego disponen de un material superlativo, con algunos de los mejores directos de la historia del rock, sin duda los mejores de Springsteen junto con los que entregaría dos años después, durante el tour de “The River”.

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Elvis Costello entrevista a Springsteen Vol. 1 (por Julio Valdeón Blanco)

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Elvis Costello entrevista a Springsteen Vol. 1 (por Julio Valdeón Blanco)

7 de octubre de 2009

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Llamada de Frank Stefanko, oso bueno y grande de la fotografía rock, autor de portadas míticas (“Darkness Un The Edge Of Town”, “The River”), marino experto, hombre con la cara tostada bajo las sombras de Tahití, poeta de Monument Valley y confesor/primo de su amada Patti Smith.

-¿Julio? Chris tiene dos entradas para ti y Mónica. Ya sabes, el programa del viernes. ¿Podrás venir?

Mónica es mi chica.

Chris es Chris Phillips, factotum de Backstreets, el fanzine de Springsteen más leído, la biblia del de NJ.

Lo del viernes… Buf.

Se refiere a Espectáculo con Elvis Costello, el alucinante programa que el gran músico graba para el canal Sundance.

Piensa en el mítico espacio de Johnny Cash:

Piensa en un músico que entrevista a otros músicos.

El hecho de que se realice para el cable garantiza la mezcla: las entrevistas son laaargas, la lista de invitados, heterodoxa, el guión, muuuuy flexible.

Para cerrar su segunda temporada (¿la última?) Costello entrevistará a Bruce Springsteen.

En el Apollo.

A cinco minutos de nuestra casa.

Llegamos al teatro a las siete y cuarto de la tarde. Antes hemos cenado en Silvia’s, el estupendo restaurante de cocina soul. La luz lechal del atardecer neoyorquino relampaguea sobre la legendaria marquesina. Sobrevivo al mono (llevo cinco días sin fumar) salivando por anticipado. En el Apollo hemos visto a M. Ward, Antony and The Johnsons, etc., pero contemplar/escuchar a dos mitos como Springsteen & Costello sobrepasa cualquier flipe anticipado o hipotético.

La entrevista no defrauda.

Más de tres horas de charla.

Costello, hábil y parlanchín, llega con los deberes más que atornillados. Sus conocimientos musicales resultan enciclopédicos. La química con Bruce, contagiosa. El respecto que ambos se tienen, evidente.

Trato de imaginar el equivalente íbero al fenómeno que se desarrolla ante mis pasmados ojitos. Dos artistas inmensos, de larga y honda trayectoria, hablando durante horas sobre poesía, guitarras, discos, sexo, héroes, disturbios raciales, Bob Dylan, el punk, la paternidad, los Pistols, Sam & Dave, Bad Religion, la escena de Asbury Park, Nashville, el sensacionalismo de ciertos medios, la fama… Comprendo rápido que se trata, de calle, de la mejor entrevista que jamás le han hecho a Springsteen, y que semejante altura torera los haría acreedores de ingresar en el frenopático si ofrecieran algo similar en España, mi querida España.

Como aperitivo Costello había abierto con una alucinante versión de “Point Blank”, aquel grandioso, rutilante, dramático tema firmado por Bruce cuando Bruce firmaba algunos de los mejores discos de la historia del rock.

Costello solicita a Springsteen que cante “Wild Billy´s Circus Story”, oscura canción de su segundo disco… Lo acompañan Nils Lofgren y Roy Bittan, en labores de escoltar.

Más tarde Bruce acomete “American Skin (41 Shots)”, la canción que lo colocó en la portada del vomitivo New York Post acusado de odiar a la pasma de NY.

Ay amigo.

Es escuchar esa versión desnuda, rugosa, con la voz crepitando en las marmitas de una garganta inmensa, es arrancarse Springsteen a tocar y rugir, y al instante (como cuando Costello se marcó “Point Blank”, como cuando más tarde versioneé “Brilliant Disguise”, otro tema de Bruce, como cuando el propio Bruce se marque una explosiva versión de “The Rising”), y al instante, decía, corroboras porque unos son curiosos segundos con raso y brillo, artistas de culto, entrañables francotiradores, etc., y otros figuras capitales.

En directo, en un teatro, gustándose, a quince metro, Costello acojona.

Y Springsteen ni te cuento.

Ojalá, algún día, encauce de nuevo ese talento asombroso, esa pedrada de luna bluesera y aguijón folk, ese incendio de cuerdas vocales inflamadas o untadas con duende y veneno; ojalá olvide el maldito, lucrativo pero maldito contrato que firmó con la disquera (demasiada pasta, Bruce, demasiada tela, Landau, para escribir por derecho y libre), y ojalá, ay, nos entregue al fin otro disco memorable, que falta le/nos va haciendo y del “Tunnel Of Love” ya pasaron más de veinte años.

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Asbury Park, teatro de los sueños (by Julio Valdeón Blanco)

3 de junio de 2009

Greetings-from-Asbury-Park

Asbury Park languidece entre fantasmas de tiovivos, escombreras, coches patrulla y clubs cerrados «a causa del mal tiempo». Ayer volví al pueblín mítico, donde el nombre de Bruce Springsteen saluda desde el Paramount Theatre. Caía una lluvia fina, una higuera blanca, un sudario lechal, había cubierto los ojos de las estatuas, y el Atlántico picaba olas con modales groseros. Las engarabitadas crestas inmolaban la tarde mientras el viento nos abrasaba el pecho. Hacía un frío del carajo, en fin, pero resulta imposible no emocionarse rodeado de historia.

Madame-Marie's-Asbury-Park

Fuimos para grabar un especial de televisión, con motivo de la edición de “American Madness”, tan cariñosamente recibido por el maestro Vogel. Los corresponsales y el arriba firmante recorrimos las 96 millas que separan la calle 33 Este de Manhattan de Ocean Avenue. Un atasco y varias salidas equivocadas más tarde alcanzamos la caseta de Madame Marie. El casino, derruido, exhibe una penumbra gótica. Faltan enclaves sagrados, como el viejo Upstage, donde Bruce tocaba cada noche a principios de los setenta, o el Palace Amusents, o el hotel Albion… Cada año escuchamos que la ayuda está en camino y Asbury, donde Springsteen y cia. echaron los dientes como jóvenes cachorros del rock and roll, regresará de entre los muertos, del vértigo pútrido donde agoniza para apenas levantarse durante el verano, cuando las musas bendicen al paseante.

Wonder Bar

Charlamos frente al Wonder Bar. Caminamos por los tablones del paseo donde Tony Soprano se duchó con gasolina. Nos acercamos al Stone Pony. Al final, más allá del perfil comatoso, queda la certidumbre de pisar un territorio con liturgia. Otras ciudades, caso de Nueva York, San Francisco o Los Angeles, aglutinan la historia de la música popular, visten la púrpura, pero los huevos mágicos también germinaron en ciudades periféricas, pueblos olvidados, capitales ajenas al trasiego de estrellas, agentes y gente de la industria, en St. Louise y Filadelfia, en Seattle y Austin, y en Asbury Park, claro. Aquí, a mil kilómetros de todo, espoleados por eléctricas fantasías de cuero, un puñado de locos facturó caramelos de r&b, mersey-pop, soul, rockabilly, surf y casi cualquier otro ingrediente apto de caer en la marmita. Si rebuscas un poco encontrarás nombres como los de Southside Johnny and the Asbury Jukes, pero sólo uno fue el elegido.

Cómo olvidar que entre diciembre de 1981 y el 3 de enero de 1982, ya consagrado merced a discos como “Born To Run”, “Darkness…” o “The River”, Bruce Springsteen grabó la práctica totalidad de las canciones del “Nebraska” (las que aparecen en el disco más gemas del calibre de “Johnny Bye, Bye”, “The Klansman”, “Child Bride”, “Losing Kid”, etc.), y que dos días después, en el Stone Pony, trepó al escenario para ofrecer junto a los Lord Gunner sendas versiones de “Jole Blon” y “In The Midnight Hour”. Afirma Jimmy Gutterman, en su lustroso y peleón “Runaway American Dream”, que «Si seguiste, siquiera de forma casual, el circuito de bares musicales de la costa de Jersey y no viste a Springsteen tocar en algún momento durante los años 82 y 83, es que algo te fallaba». Con grupetes olvidados como Jimmy and the Mustangs o los ya semiclásicos Cat´s on Smooth Surface, Bruce descorchaba adrenalina en Asbury y largaba covers clásicas; luego, a vuelta de autovía, en la soledad de su granja en Colt´s Neck, armaba el puzzle que daría lugar a “Nebraska” y a “Born In The USA”, descartó más de ochenta canciones y preparó el desembarco de un disco tenebroso y austero, magistral, para después abrazar la admiración cósmica, reventar la banca y transformarse en ídolo de gente que a la que el rock se la sopla. Pero esa es otra historia, y uno, ustedes disculpen, quería atenerse a Asbury, a los “Glory Days”.

Stone Pony

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