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Una buena nueva: Antonio Gómez estrena blog

Con la llegada de la primavera nos llega una buena nueva: Antonio Gómez estrena blog. Amigo desde mi adolescencia, pluma afilada, ha colaborado y animado El Mundano con sus escritos, ideas y propuestas. En este enlace podrán seguir su andadura mundana. Su última entrada fue dedicada a Labordeta a raíz de su fallecimiento. Corrían los últimos días del verano del 2010. Ahora nuestro otoñal y entrañable Antonio nos deleitará con sus historias, anécdotas y aventuras. Con la canción popular como trasfondo.

Será un lujo poder seguirle. Añoraba sus textos. Memoria músico-festiva de un jubilado tocapelotas es el nombre de su Blog. Que será el nuestro también. No se lo pierdan.

caricatura-tenaLa caricatura es de Carlos Tena

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Adiós amigo Labordeta

19 de septiembre de 2010

Vamos
a echar nuevas raíces
por campos y veredas,
para poder andar

tiempos
que traigan en su entraña
esa gran utopía
que es la fraternidad.

Somos
igual que nuestra tierra
suaves como la arcilla
duros del roquedal.

Hemos
atravesado el tiempo
dejando en los secanos
nuestra lucha total.

(“Somos” de J.A. Labordeta)

No por esperada es menos dolorosa la noticia de la desaparición de José Antonio Labordeta. Un gran hombre, querido por tantos. Por casi todo el mundo, lo cual ya tiene mucho mérito. No es frecuente encontrar tanta unanimidad. Y no pretendo rememorar recuerdos, los que me han venido a la cabeza desde que me enteré esta mañana. Tan sólo comentar que cuando la actual deriva de nuestros políticos se empezó a vislumbrar -y hoy es una desafortunada realidad- solía decir que pensaba empadronarme en Aragón, para poder votarle.

Hace un par de noviembres el amigo Antonio Gómez sugirió hacer algo alrededor del 20-N. Y contactó con “el abuelo” para pedirle unas impresiones respecto a tan señalada fecha. Y para nuestra sorpresa esa misma tarde nos mandó un post. Lo reproduzco a continuación (pinchando en el enlace podrán leer el resto de los testimonios recogidos por Antonio):

Noviembre es siempre el mes más triste del año y por esa razón un dictador sanguinario tenía que dejar este “valle de lágrimas” ese mes, pero lo abandonó dejándonos a todos un extenso acojono que, durante días y noches, nos obligaba a permanecer al lado de la radio para comprobar si la lucecita del Pardo desaparecía.

En esos días yo andaba, todavía, yendo por España a cantar; sobre todo por Barcelona y para llegar hasta allí, tomaba el tren y cuando parábamos en Lérida, en Reus, en Tarragona o en cualquier otra estación del recorrido, salía a la plataforma del vagón y, abriendo las puerta, casi no viajaba nadie, contemplaba el andén, también casi vacío, auscultando los rostros y las miradas. Ninguna señal del difunto.

Cuando al fin entregó su “alma” a Dios -tras de aquel estrafalario pandemónium que montaron la viuda, el yerno y lo más reaccionario del País- y Arias salió, con su lacrimogenia, a dar la noticia, cogí a mi familia, y aprovechando los “días de luto y fiesta escolar”, me fui al Pirineo aragonés, a escasos kilómetros de Francia, porque lo que podía pasar, conociendo las fieras que iban a defender sus privilegios, podía producir alguna noche de cristales rotos.

Todo lo que habíamos pensado se quedó desinflado porque la izquierda carecía de fuerza y los reaccionarios se lo habían montado muy bien. Años después resulta que todavía se están intentando resaltar los crímenes contra la humanidad que aquel régimen dejó en este País.

El año 1976 fue de una represión brutal y de los más duros de los últimos años. Se defendían con gato tripa arriba mientras el joven Monarca aceptaba los Principios del Movimiento: ¡Como para fiarte de él!

Como dijo Vázquez Montalbán llegó envuelto en sangre y se fue igual y nos dejó un País destrozado que, treinta años después no levanta, todavía, la cabeza de la dignidad.”

También será posible
que esa hermosa mañana
ni tú, ni yo, ni el otro
la lleguemos a ver,
pero habrá que empujarla
para que pueda ser.
Que sea como un viento
que arranque los matojos
surgiendo la verdad
y limpie los caminos
de siglos de destrozos
contra la LIBERTAD.

(“Canto a la libertad” de J. A. Labordeta)

 

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20-N: Tristezas novembrinas (por Labordeta)

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Un siglo de canciones 75: “Una Canción (Pueblo De España Ponte A Cantar)” (por Gustavo Sierra)

1 de julio de 2010

La palabra hecha canto,

el grito estrangulado.

Vengan todos a verlo:

¡el pueblo está gritando!

A. Gómez

Corrían los años 50. Habían pasado ya 11 años desde el final de la guerra civil española y sólo apenas 5 desde la derrota de los fascismos beligerantes: a cambio, se instauró la Guerra Fría, una especie de “pásate un pelo y te meto” que ambos mandos mantenían como si fueran chulos de discoteca sin demasiado valor.

Por un motivo que era, a la vez, tanto ideológico como estético, varios intelectuales extranjeros posaron, entre la década de los 50 y la de los 60, su mirada sobre las manifestaciones artísticas, populares y cultas, de aquello que se dio en llamar cultura de la resistencia de la población y la intelectualidad española: Alan Lomax recorrió de norte a sur España recogiendo diversas manifestaciones folklóricas, yendo más allá del nacional-folklorismo y de los pseudo-gitanos para turistas; Ian Gibson también vendría para estudiar la figura, su arte y su vida, del gran Federico García Lorca (al que aún seguimos buscando), con la excusa –no sé si inventada- de un abuelo ultra-católico (es cierto que un pequeño, pero significativo número de católicos irlandeses vino en ayuda de la “perseguida iglesia española”) que vino a luchar con Franco. Y no menos importante fue la labor de dos periodistas italianos.

Sergio Liberovici y Michele Straniero eran dos periodistas influenciados por las tesis acerca del arte y la sociedad del gran Antonio Gramsci (otra víctima del fascismo por el mero hecho de usar el coco y de dar con la raíz del problema). Ambos estaban intensamente interesados por esa especie de folklore oculto que la población oprimida de un país elabora y vinieron a España con el permiso de su editorial, la Casa Einaudi, en el año 61. La situación no era demasiado buena para estos experimentos, y, casi como si fueran agentes de Moscú, los dos periodistas tuvieron que mantenerse en la más pura clandestinidad para evitar problemas, incluso dejar de verse con ciertos contactos que de repente se habían hecho del partido único.

El libro, editado en 1963, acompañado por tres discos (de los que no tengo noticia, a menos que uno de ellos sea el de Chicho Sánchez Ferlosio). se convirtió en una pequeña joya para todo interesado en folklore social, y, ni qué decir, en un importante documento antifranquista, hasta el extremo que el ministro de Información y Turismo (un tal Fraga, no sé si os suena) hizo una declaración pública contra este “libelo”. La editorial Einaudi tuvo que defenderse, no sólo de las embestidas del ministro de turno, sino además de los ataques de grupos neofascistas a sus oficinas y librerías.

En su estancia por todo el país, Liberovici y Straniero recopilaron canciones tan prohibidas y subversivas como la Canción de Bourg Madame,Los Hijos De Don León”, “Els Contrabandistas”, etc., la mayoría de ellas transformaciones de temas populares, tanto tradicionales como temas de moda (como “O Cangaceiro” o “Se Va El Caimán”)… Pero el libro contenía una pequeña trampa: una trampa afortunada que muchos seguimos agradeciendo. No todo eran canciones populares, propiamente dichas, sino que mezcladas con éstas se encontraban también textos a la usanza tradicional cuyos padres, en el anonimato, eran poetas que despuntaban o que ya lo habían hecho, como José Hierro y Jesús López Pacheco. Entre éstas estaban una historia versificada de un cura vasco que tiene la oportunidad de cargarse al caudillo mediante una hostia envenenada, y otra, “una canción” cuyo texto era tan sencillo como ardiente a la vez: “Una Canción” o “Pueblo De España Ponte A Cantar” era un canto de alabanza a la clase obrera del gran López Pacheco.

Pasó algo así como una década. A finales de los 60, el movimiento de la canción de autor, que despegó inmediatamente desde Cataluña a principios de los 60, no sólo estaba despuntando como música popular “seria” (sobre todo con el bombazo Raimon y los más inventivos de los Setze Jutges), sino que estaba en uno de sus momentos más álgidos (hasta el punto de la aparición de canciones reaccionarias protesta). Por toda España –y fuera- aparecían colectivos, agrupaciones y personajes individuales, y prácticamente todos ellos tenían como libro de cabecera este libro, también llamado Cancionero de Einaudi (algunos llegan a interpretar las canciones originales de las que éstas habían tomado la forma). Uno de estos grupos fue aquel que tenía su centro en Madrid, Canción del Pueblo (Nota Bene: la inclusión de este enlace no es ni por vanidad ni por autobombo, sino porque Adolfo Celdrán lo incluye en su página, cosa que me llena de orgullo y satisfacción borbónico), en cuyas filas estaban, entre otros, nuestro amigo Antonio Gómez (en calidad de ideólogo y de poseedor de gran material discográfico), la volcánica Elisa Serna, el beatnik hispano que era Hilario Camacho, y Adolfo Celdrán, que es de quien vamos a hablar.

Las nuevas y jóvenes discográficas interesadas en el fenómeno de canción de autor, permitieron a estos cantantes salir un poco del circuito de recitales en parroquias, colegios mayores y otros recintos pequeños y seguros, para encerrarse en un estudio y grabar un primer EP. Adolfo lo hace en Movieplay/ Fonomusic en 1969 con tres canciones (“General”, un fragmento del poema “Catón de guerra alemán” de Bertolt Brecht; “Bella Ciao”, el canto de batalla de los partigiani italianos; y “Cajitas”, la versión de la famosa canción de la estadounidense Mavina ReynoldsLittle Boxes”) que es prohibido casi de inmediato (serán incluidas en la reedición del LP en 2004). Y en 1971, Adolfo graba Silencio, su primer LP, producido por Carlos Guitart y con los arreglos y dirección orquestal del gran tanguero (¿o es tanguista?) Carlos Montero: textos de Brecht, de Carlos Álvarez, León Felipe, Nicolás Guillén, suyos (“A La Voz De Un Pueblo”, v. g.)… y López Pacheco. La portada es de Juan Genovés.

Para ese año, probablemente, había desaparecido ya bastante el peligro, pues en los créditos ya figura Jesús López Pacheco como autor de la letra y de la música al estilo castellano, pero no así la carga subversiva de la canción. Una primera versión fue rechazada debido a los versos:

Todas las manos/ se van a alzar,/ un solo puño/ las unirá…

La primera versión, aparecida en el LP resulta castrada, sin que por ello pierda su significado esencial. La versión íntegra será grabada en un LP del año 77 que, bajo el nombre “Denegado“, reunía aquellas canciones que la gobernación civil le había prohibido, ya fuera su grabación, su radiodifusión o su interpretación, ya su castración, como en este caso:

Pueblo De España Ponte A Cantar
(Una Canción)

Una canción,
una canción,
llena las calles
de la ciudad.

Canta el martillo,
canta el motor,
ya canta el brazo
trabajador.

Las herramientas
tienen cantar.
Lo canta el hombre
al trabajar.

Todas las manos
se van a alzar,
un solo puño
las unirá.

¡Pueblo de España
ponte a cantar!
¡Pueblo que canta
no morirá!

Pueblo que canta
no morirá.

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Un siglo de canciones (todos los posts)

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Contra la impunidad

15 de junio de 2010

Pedro Almodóvar, Maribel Verdú, Hugo Silva, María Galiana, Juan Diego Botto, Almudena Grandes, José Manuel Seda, Pilar Bardem, Juan José Millás, Carmen Machi, Miguel Ríos, Juan Diego, Paco León, Aitana Sánchez-Gijón y Javier Bardem bajo la dirección de Azucena Hernández.

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Los desaparecidos del franquismo: España, pionera de la iniquidad (por Antonio Gómez)

Puerto de Alicante, la última esperanza: 29 de marzo/1 de abril de 1939 (por Antonio Gómez)

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Cristino de Vera

12 de marzo de 2010

Antonio Gómez me avisó que Espacio Canarias daba un pase del documental “Al Silencio”, de Miguel Morales, sobre la figura del genial pintor Cristino de Vera.

Fue ayer y aparte de Antonio, un servidor y unos prometedores artistas canarios, acudió Juan Cruz.

 

También pude conversar con Miguel Morales, quien nos desveló algunos detalles sobre el rodaje.

 

Después de la proyección Cristino cogió carrerilla y se lanzó con un brillante monologo: cubrió todos los aspectos y constantes que mueven su vida y obra. Estaba cómodo, a gusto y se mostró locuaz y tan ingenioso como siempre. Las anécdotas fueron impagables, como la de que “de pequeño quería ser marino mercante” para narrar a continuación como dos hechos cambiaron el rumbo de su vocación. Les dejo con un pequeño fragmento de su alocución (y confío en que el sonido de la calidad necesaria).

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Los 20 posts más vistos de El Mundano en 2009

30 de diciembre de 2009

Del 1 al 20:

Ni CR7, ni Valdano ni Wenger (El Mundano Deportivo para SFS)

La noche que Michael Jackson rompió todos los esquemas 

Un siglo de canciones 6 : “La Vie En Rose” (par Christophe Magny) 

6 Naciones desde París: Previa del Francia-Inglaterra (par Christophe) 

De Santería, Farándula y Crimen (by John)

Sobre el autor, Adrian Vogel 

El Real Madrid prepara “una pequeña” estrategia de cara al partido contra el Barça 

Las Costumbres Españolas 3: Las Procesiones 

Agravios comparativos (Efe Eme)

El Top 10 de Escándalos Sexuales en USA 

La lista de los 10 mejores y peores países para ser mujer 

El rey del pollo frito (Efe Eme) 

Radio Popular FM en 1972 o la 99.5 como un viaje iniciático (por Antonio Gómez y Adrian Vogel)

Frank Zappa 1940-1993 

El Mundano Olímpico 2: sólo van 9 medallas 

Las Costumbres Españolas 4: Orinar en la calle 

Un siglo de canciones 2: “Gracias a la vida” de Violeta Parra (por Antonio Gómez)

Último parte medico y/o de guerra de Quintín Cabrera (parte sin décima) 

Un siglo de canciones (todos los posts) 

Agravios comparativos 2 (Efe Eme)

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Agravio personal de Berlusconi (por Antonio Gómez)

16 de junio de 2009

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No  hay día que me levante y no tropiece en la prensa con alguna noticia bufa protagonizada por Il Cavaliere. Perdón, rectifico: serían ridículos y bufonescos sus baños de portada de Interviú, sus gestos achulados y sus aficiones canoras si no resultara dramática esa perversión democrática que él representa como nadie: la privatización de la vida política de un país. Al fin, se ha hecho realidad la viejo aspiración de Vito Andolini Corleone: el poder absoluto, por más que elegido en las urnas, en manos de un Lex Lutor con brillantina en unos tiempos en que los supermanes de turno solo sirven para anunciar desodorantes.

Pero dejemos a un lado este tema, aunque dé para libros, porque no es de sus lujosas fiestas de lolitas encandiladas por el oro de la grifería o de los cantos napolitanos del bufón-Consejero Delegado-Presidente de lo que quiero hablar. Ni siquiera de temas de más calado como la perversión de la  justicia o el dominio de los medios de comunicación, que son palabras mayores. No, lo que me ha llamado la atención ha sido un aspecto poco destacado de la negativa de la editorial italiana habitual de José Saramago a publicar su último libro, en el que, por aquello de no faltar a la verdad, se tacha de “delincuente” a Silvio Berlusconi, presidente del consejo de administración de Italia S.L. y, además, propietario, lo sé ahora, de la empresa editora en cuestión.

Hasta aquí nada fuera de lo normal, si lo “normal” es seguir las normas del sistema y adecuarse a sus exigencias. El jefe es el jefe,  y el currito, por muy premio Nobel que sea, o toca a rebato las excelencias del que le paga o se va a la calle. Tonterías las mínimas, por mucho que el Saramago sea un caso excepcional de relación patrón-obrero que se ha saldado con el escritor llevándose su libro a otro editor. Sin embargo, ha habido en esta notica un dato, un nombre, que al leerlo me ha lanzado a un imposible viaje en el tiempo y me ha helado la sangre. Lo he sentido como un verdadero agravio personal de Berlusconi, y por el clamó venganza a los dioses de la razón electoral italiana. La editorial que ha censurado a Saramago lleva el histórico y respetabilísimo nombre de Einaudi. ¿Os dais cuenta? EINAUDI.

Para llegar al momento en que tuve mi primer contacto con ese nombre hay que montarse en la vieja máquina de H.G. y retrotraerse hasta 1966 o 1967, más o menos. La fecha exacta da igual. Imaginaos la escena: Es sábado, por ejemplo, y un grupo de jóvenes que pertenecen al Club de Amigos de la Unesco de Madrid (su sede aún podéis vitarla en Tirso de Molina 8, merece la pena) realizamos una excursión a La Pedriza y viajamos en un viejo autocar alquilado. Podían andar por allí Jorge, Yenia, José María, Lola, Mariano, Gregorio, Julio, El Yeti, Consuelo, Mariano… Entre ellos hay algunos militantes de las juventudes comunistas (yo me podía haber afiliado ya o lo haría en poco tiempo). La mayoría somos chavales y chavalas de entre los 17 años, los que yo tengo, y los 20. Seguramente vamos al nacimiento del Manzanares a disfrutar de una excursión, intentar ligar y, objetivo programado, escuchar entre las piedras en un tocadiscos de pilas, que nadie sino nosotros podrá oír en la soledad del monte, el discurso de Fidel Castro en la II Declaración de la Habana, que no era moco de pavo, porque el comandante, cuando mandaba parar, a parar todo el mundo, pero cuando hablaba, no paraba.

En algún momento del viaje, quizás al pasar por el cuartel de El Goloso, o en Colmenar Viejo, a la altura de una granja de patos que había, alguien, probablemente el cantor del grupo, que a veces era yo, pese a mi reconocida oreja de estropajo, empezó a entonar una canción:

“Ya se fue el verano,

ya llegó el invierno,

dentro de muy poco

caerá el gobierno.”

El coro se añadía fácil, porque era un tema popular conocido: “Que tururú  rurú/ que la culpa la tienes tú”. Y ya seguían cuatro o cinco voces:

“todos los ministros

fueron al entierro

Y Francisco Franco

Delante de ellos…”

La cosa ya estaba lanzada. ¿Qué pensaría el conductor del autobús, alquilado y sin ninguna relación con los viajeros? ¿Igual podía delatarnos? En esos momentos nadie se hacía esa pregunta.

“Curas, militares,

Monjas y accionistas,

Los del Opus Dei

Y también los falangistas…”

Incluso nadie se cortaba con aquella barbaridad que alguien debió escribir en un momento de odio intenso o tremenda borrachera.

“Más de veinte duros

cuesta la ternera,

y que el animal

un hijo de Franco fuera…”

Y todo el autobús corea a voz en grito: “que tururú-rurú, que la culpa la tienes tú”·. O tomando la musiquilla de “Los mozos de Monleón” cantan: “En la plaza de mi pueblo / dijo el jornalero al amo/ nuestro hijo nacerá/ con el puño bien cerrado”, o con la de “Dime dónde vas morena” gritan: “voy a la cárcel de Burgos/ a ver a los comunistas/ que los ha metido presos/ este gobierno fascista”. Eran canciones que alguien había oído y se las había enseñado a los demás, quizás el último ejemplo de transmisión boca-oído de la historia de la música popular española. Nadie conocía al autor, pero luego supe que tenían su historia.

A principios de los años sesenta, Michele L. Straniero y Sergio Liberovici, musicólogos italianos que ya habían creado y producido ese espectáculo seminal de la música italiana que se presentó en el festival de Spoletto y se plasmó en un disco histórico de desnuda belleza titulado Bella Ciao”, viajaron a España con la intención de recopilar las nuevas canciones antifranquistas que estaban surgiendo al hilo de la creciente protesta obrera y universitaria. Algunas encontraron, pero no eran suficientes para llenar un libro, y en contacto con algunos jóvenes poetas de la época (Blas de Otero, José Hierro, Celso Emilio Ferreiro o Celaya, entre otros) decidieron crear las que faltaban. Alguna de ellas, como la que decía “Pueblo de España ponte a cantar/ pueblo que canta no morirá”, sería grabada años después por Adolfo Celdrán ya firmada por el nombre de su autor, el poeta Jesús López Pacheco.

(Interludio musical: escuchad esta versión del “Tururúrurú” que hicieron en su momento Quilapayún. Os puedo jurar que nosotros desafinábamos más, pero a entusiasmo no nos ganaban):

Pensaréis que me he perdido, pero no es así. Sólo he dado un pequeño paseo por un camino vecinal para que veáis una bonita perspectiva y vuelvo a la carretera. Aquellas canciones habían sido publicada en 1963 en Italia bajo el nombre de “Canti de la nuova resistenza spagnola”, al que Fraga Iribarne, a la sazón ministro franquista del ramo, bautizó, en la contrapropaganda que se vieron obligados a hacer ante la extensión de las canciones por toda España, pese a su clandestinidad, como “Libelo de Einaudi”. Porque era precisamente EINAUDI el nombre de la editorial que las había sacado a la luz.

Luego, con el tiempo, supe que aquella editorial, creada en 1933 por Giulio Einaudi –quien hubo de sufrir cárcel y exilio por su antifascismo (¿recordáis esa extraordinaria película que es Una jornada particular”, de Ettore Escola, con la Loren y el Mastroniani en estado de gracia?)–, era la que me permitía leer, porque los habían editado originalmente, los libros de Italo Calvino (que trabajó como empleado de la editorial entre 1947 y 1981), Cesare Pavese, Primo Levi, Elio Vitorini, Dario Fo y buena parte de la mejor literatura italiana de la postguerra y todos los años posteriores. Hasta ahora.

Einaudi fue una editorial de referencia de la izquierda italiana y mundial, una editorial independiente y crítica, foco de disidencias, de heterodoxias y de libertades. Tras una importante crisis en los años 70 y 80 fue a parar a Mondadori, posteriormente parte del imperio berlusconiano.

Yo ahora, al pensar en esa trayectoria, siento que Berlusconi me ha hecho una ofensa personal, un agravio que me afecta en lo más íntimo: ha pervertido mi memoria, la ha traicionado. Y eso no se lo perdono. Si las empresas críticas son compradas por el poder, que a su vez es comprado por un emperador privado ¿De verdad se puede llamar a eso democracia?

(Si queréis reíros un rato, ver y escuchar este burdo y soez vídeo musical. Pero no olvidéis que el cantor no es bufón, es el germen de un dictador)

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Me llamo Gus o la crónica de una frustración (por Gustavo Sierra)

17 de mayo de 2009

Garci sin Plomo

La película que se disponen a ver trata de la historia de una frustración: una idea que se fue forjando épica, pasó por el desencanto y acabó en la aceptación solidaria con los demás.

El autor eligió como modelo narrativo el de la serie estadounidense “My name is Earl”, porque es la historia de un perdedor: un tío bienintencionado que se empeña en hacer el bien, cosa que suele lograr algunas veces y otras le sale el tiro por la culata, pero acaba por aceptar la situación.

La historia cuenta con la aparición estelar de “El Hombre-Culebras”. Earl tiene un amigo que es un camarero al que llama “Hombre-Cangrejo”, porque trabaja en un bar que se llama “no-sé-qué del cangrejo” (hace tiempo que no la veo); si Gus quería ser Earl necesitaba a su hombre-cangrejo particular: y ahí entra el Hombre-Culebras (porque se apellida Culebras de segundo); cosa sorprendente, porque al igual que en la serie, el Hombre-Culebras le levantó la pretendida al autor (cosas de la vida).

También aparece estelarmente el gran Antonio Gómez, aunque bajo pseudónimo. En la entrada relacionada (ver abajo) dejo en el aire si la organización no habría vetado a todos los medios de comunicación, menos a RTVE y a alguno más (los pobres de TV3 andaban por el vestíbulo haciendo lo que podían): en realidad así era y yo lo sabía porque Antonio, que estaba tan desencantado o más que yo (seguramente más) me lo había dicho. De la misma manera, cuando Antonio trató la noticia en El Periódico poco días antes del evento, me hizo aparecer a mí soslayado como “el estudiante que ya ha protestado por la organización del evento”. Todos los detalles, aquí: Los de dentro y los de fuera: Raimon 1968-2008.

Ahora bien: este y el otro “artículo” fueron fruto de la ofuscación en parte, y en parte no: alargando la oreja cuando el “proletariado” universitario habla de los jefazos, uno se da cuenta que esto no era sólo porque fuera el Raimon, no: es que así actúan siempre, en círculos viciosos de comilonas. Pero, de todas formas, yo me quedo con la lectura final: seguramente otros también lo pensaron, y quizás también lo intentaron hasta donde pudieron… Y creo que todos nos quedamos fuera (?) ¡CON LO GUAPOS QUE SOMOS!

Sin más preámbulos, aquí tenéis la historia: con (sucedáneo de) violencia, con (sucedáneo de) sexo y con el auténtico protagonista de entonces, RAIMON, al que hoy, quizás, Berzosa (Rector de la UCM) no esté escuchando. Desabróchense los cinturones, preparen café, tómenselo, y hagan hamburguesas. Disfruten de la película…

Advertimos que (incomprensiblemente) algunos enlaces ya no funcionan

Permitidme contaros la historia a lo “Me llamo Earl” (estupenda serie norteamericana).

¿Han pensado alguna vez en el tío que un buen día decide intentar organizar un recital, pero descubre que el rectorado había tenido la misma idea, y al final se queda sin invitación y lo tiene que seguir desde fuera? Ese soy yo. Intenté organizar el recital de Raimon.

Me llamo Gus

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-¡Hola Gus!
-¡Hola Hombre-Culebras!

La historia que les voy contar comienza a finales de Septiembre de 2007. Aquel año había sido un año bastante satisfactorio: había conocido por Internet a varias personas interesantes, algunas de ellas personas a las que ya admiraba entonces. Así que la idea que por aquellos días se me ocurrió no era del todo descabellada. A finales de aquel verano y principios de aquel otoño, dejé por un momento de pensar en cómo sería mi vida si viviera en una isla desierta con la monumental Pilar Rubio y, por el contrario, comencé a reflexionar en que este año se cumplían exactamente 40 años del Mayo del 68.

Mayo del 68: los asesinatos de Luther King y Robert Kennedy, la Primavera de Praga, la guerra del Vietnam, los hippies… Y el recital de Raimon en la Facultad de Ciencias Económicas. Aquel recital supuso un antes y un después en la carrera del artista, de la oposición anti-franquista, y un hecho admirable para los jóvenes de hoy que escuchamos y admiramos al trovador de Xàtiva. Yo nunca había visto a Raimon y pensé que era una buena excusa. Así que me decidí:

TRAIGAMOS A RAIMON A LA COMPLUTENSE

Pero no parecía fácil, y mucho menos para un individuo que no pertenece a nada concreto. Pero conocía a gente de aquí y de allí que podían ayudarme. Pues, ¡manos a la obra!

Desde hacía tiempo participaba activamente en el foro de Hilario Camacho; allí escribía uno de los mejores tíos que he conocido en mi vida y que sí podía echarme una mano. Así que abrí un hilo en el foro que él recogió entusiasmado y prometió brindarme toda la ayuda que estuviera en su mano, que no fue ni es poca.

Como ya he dicho, no pertenezco a nada en concreto, pero sí conocía a alguien que pertenecía a algo y muy activamente. Mi buen amigo Mario, que había organizado unas estupendas jornadas en torno al filósofo Spinoza (a las que yo no asistí debido a mi natural fobia a las charlas). El caso es que se lo comenté y le encantó; y, aunque estaba horriblemente ocupado, prometió brindarme todo el apoyo de esta asociación de la Facultad de Filosofía.

Por otra parte pensé que si había alguien que en este tema debía de tener voz ese era el departamento de Filología Catalana (curiosamente coincidieron la Setmana de la Cultura Catalana con el recital, sin que se produjera ningún tipo de vinculación entre ambos acontecimientos). Pero no conocía al profesor de catalán, así que se lo dije al profesor de vasco para que se lo comentara.

Por otro lado, Toñi, una compañera de trabajo, me aconsejó proponérselo a la Sra. Decana de Geografía e Historia (aunque no recibiera beneficio económico alguno). Así pues, como se dice en el béisbol, ya tenía las bases cubiertas: debía ser ahora, porque contactar con el Rector no está al alcance de cualquier mortal.

Pero aquí vino el primer escollo. Al intentar hablar con la Sra. Decana me paró los pies una conserje bastante amable (con la que suelo fumar de vez en cuando). No me dejó ver a la Decana, pero en cambio me dieron un papel para solicitar el evento, el cual yo no dije en qué consistía. Pregunté a la secretaria si podía ser una asociación de filosofía, a lo que respondió algo así como: “Si los de Filosofía quieren organizar un acto, que usen su facultad”. La verdad es que, considerando que es en la facultad de Geografía e Historia, también llamado Edificio B de Filosofía y de Filología, en donde tenemos nuestra secretaría de alumnos, se podría decir que, en parte, es nuestra facultad. Esto tampoco me importaba: el edificio era por la cuestión sentimental del espacio, tampoco descartaba pedírselo a Filosofía. De todas maneras, comprendí que ese camino estaba cortado y pensé en atajar por otro lado.

La idea era llegar al rector, pero ¿cómo este miserable e indigno gusano mortal podría hablar con su señoría? Kafkiano, cuanto menos… Pero Mario, una vez más, tenía la solución: resultaba que una profesora amiga era además amiga del Decano: si alguien lo podía hacer ésa era ella. De manera que en cuanto tuve ocasión se lo comenté, ¡y le encantó! Prometió hablar con el Rector cuando tuviéramos la idea más definida. Eso alimentó mi esperanza. Por otro lado, me dijeron que el profesor de catalán se mostraba conforme, pero que no tenía ni pajolera idea (como servidor, que sólo tenía las ganas y la ilusión) de qué hacer.

Pero días después… Así lo conté en el foro:

Hola! Hoy traigo noticias desconcertantes sobre el tema.
Antes de ayer, mientras fumaba el cigarrito a la puerta de la facultad (¡dichosa ley!), me encontré a casi toda la plana mayor de la facultad fumando y tomando el sol (¡viva el funcionarazgo!) El caso es que estaban hablando, y en esto le oigo a alguno decir “El que va a venir es Raimon”. “¡Cómo!”, pienso yo. Se quedaron solos hablando del tema el gerente de la facultad de filosofía y una mujer; yo me acerco y les pregunto “Perdonen. ¿Dicen que va a venir?”, el gerente, un hombre que transpira simpatía por los poros de su piel (nótese la ironía) me dice “Sí”. Como tampoco parecían tener gran idea al respecto, paso del tema y me vuelvo pa dentro.
Pensé que quizás mi profe haya tenido algo que ver, así que intenté hablar con ella, pero no la encontré.

El caso es que esto complica las cosas: por un lado, si es verdad, pues yo ya no hago más na. ¿Para qué?; pero por otro, si es sólo un rumor -del que quizás sea yo la fuente- y no hago nada más, podrá quedarse esto en aguas de borrajas. ¡Qué dilema!

En fin, hablaré con mi profe y seguiremos informando. Si alguien se entera de algo, que me lo comunique.

(Mucho después, ese “sí” seco y agrio -al menos en apariencia- resonaría en mi memoria simbólicamente). Plómez me sacó de dudas: efectivamente la idea estaba ya en marcha desde hacía mucho tiempo, desde antes del verano (antes de que a mí se me ocurriera, para ser justo) y se iba a hacer. Por un lado, me sentía aliviado: podría descansar del tema y sentarme a esperar (también tenía/ tengo otras cosas de las que ocuparme); pero también un poco decepcionado: ¡me hubiera gustado tanto…! En fin, a diente regalado no le mires el caballo que los paquetes grandes aprietan en los calzoncillos… (?) Pero aún, quizás, podría hacer algo: siguiendo el consejo de Plómez intenté ponerme en contacto con el gabinete del rector, porque, como me dijo mi profesora “Si hay algo que les guste, eso son los voluntarios”; pero en este caso no querían voluntarios, y no recibí respuesta.

Pasó el tiempo, dejé de luchar, y me senté a esperar mientras intentaba leer a Marx para hacer un trabajo. Finalmente se anunció el evento y volví a intentar ponerme en contacto con el gabinete del rector. En esta ocasión me respondieron con un mensaje auto-generado (supongo). Tampoco quería parecer una especie de desquiciado, así que me contenté con la idea de ver a Raimon cantar, que nunca es poco. Pero pronto veríamos que la idea que yo tenía sobre la organización de un recital conmemorativo y la que tenía el rectorado coincidía, únicamente, en el recital sin más.

La idea era recoger las invitaciones en c/ Obispo Trejo nº 2 de 10 u 11 a 14’00, restringidas a dos invitaciones por persona desde el día 12 (lunes) hasta el 16 para la comunidad universitaria; y a partir del 19 hasta el 22 para la gente ajena a la universidad hasta completar los cerca de 810 asientos del auditorio. El recital me hacía una ilusión tremenda, pero aquel lunes uno tenía cosas que hacer.

Al día siguiente, mi mesa de trabajo tembló bajo la palma de mi mano cuando al día siguiente vi en la Web de la Complutense que las entradas para el recital se habían agotado (ciertas fuentes datan el momento de agote dos horas después de ponerse a disposición del público). Pensé mal entonces, luego me relajé: no sería la primera vez que un número tan alto de localidades se acababa tan rápidamente; el recital se esperaba con gran expectación… Pero, por lo visto, mucha gente tenía ya su plaza reservada. Caí en una tremenda especie de depresión y de resentimiento: ¡qué usaran a Raimon para estos pactos! De cualquier manera, decidí no sentenciar hasta no ver las fotos: ahora que las he visto puedo sentenciar que, mientras había gente que, por justicia, por tomarse la molestia de ir hasta allá, merecían estar en el auditorio, había otros que no guardaron cola ni esperaron día.

No obstante, uno siempre intentaba pensar bien, hasta que algún profesor amigo que se quedó sin entradas te confiesa que tiene también la misma sospecha y que intuye que pretendían hacer del recital un acto lo más institucional posible (y más aún si uno de estos profesores se refiere a la organización como “panda de mamones”: obviamente, no daré nombres). Por fortuna accedieron a poner una pantalla para poder seguirlo, cosa que ya he contado en la entrada anterior.

Decidí ir, dejar mi orgullo de lado, y disfrutar como si lo hubiera organizado yo el recital. Al fin y al cabo, soy uno más: soy igual que aquellos que estuvieron ayer conmigo, jóvenes y viejos, dentro y fuera, que fueron a disfrutar de un recital porque les gusta y no porque al día siguiente saldrá en la foto (a menos que la prensa -a excepción de la Gran Prensa- hubiera tenido que seguir el recital desde fuera: eso explicaría la falta de imágenes en algunos medios). Muy posiblemente alguno de ellos, con mis mismos medios y posibilidades, incluso menos, pensó o intentó hacerlo. Entonces es mejor disfrutar, aunque mi madre se cabreara al oír a uno decir “No era lo que me esperaba”… “¡Joío cabrón”, me dijo ella refiriéndose al personaje, “¡Pues haber cedido tu sitio!” Claro, era uno de los de dentro. Pero, en fin, fue agradable: parecía que estuviera con nosotros, e incluso, tal vez incluso, pudo haber hecho un guiño a los manifestantes contra Bolonia cuando en medio de una canción recitó en lengua de Castilla:

“Si sólo los ricos estudian,/ sólo los ricos sabrán,/ nos engañarán con cualquier cosa:…”

¿Lo hizo a posta? Pues yo diría que sí, porque estos versos están en catalán (comprobadlo pinchando el título: No el coneixia de res) y él los recito en castellano. ¡Bendito seas, Raimon! ¡Bendito seas mil veces!

En fin, que esto era la explicación a por qué mi madre le contaba a una chica “Yo debería estar ahí dentro”, por qué Bernat Soria y los otros ministros estaban ocupando las plazas que a mí me correspondían, y por qué este regusto amargo y este desencanto, que fue aliviado al ver a toda aquella gente que estaba como yo. A todos ellos va dirigida esta historia de una frustración personal.

Y ahí estaba yo, disfrutando del recital a pesar de todo: total, me he hecho con los dos carteles que anunciaban el evento (con permiso de los señores conserjes). Y aunque decepcionado por la actitud de las altas instancias universitarias, encantado, aunque no haya podido conocerle en persona, de haber visto a Raimon, su enorme humanidad, su genial humildad, y este guiño rebelde a los jóvenes que intentan parar Bolonia. Tal como dijo:

Dentro de cuarenta años, yo no podré estar aquí. Pero dentro de cien, contad conmigo

Espero no tener que esperar tanto para volver a verlo.

BENDITO SEAS RAIMON
BENDITO SEAS MIL Y UNA VECES

Juro por mi honor… Juro por Pilar Rubio que todo lo aquí contado es verdad (excepto la parte de Pilar Rubio, también me lo imaginaba con Leonor Waitling). Aquí, en el foro de Hilario Camacho, podéis comprobarlo, ya que lo escribí a modo de diario (aunque es posible que tengáis que registraros):

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Raimon en Económicas: hoy se cumplen 40 años (por Antonio Gómez)

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Otro (inevitable) artículo sobre el futuro de la prensa

10 de mayo de 2009

Santi Burgos

La capacidad de la especie humana para mirarse al ombligo no tiene límites. Y en el caso concreto del periodismo alcanza niveles insospechados. Podríamos afirmar sin miedo a equivocarnos que los periodistas practican el onanismo exhibicionista. ¿Cómo entender sino los continuos artículos y reportajes que realizan sobre sus problemas? Aprovechan las tribunas públicas para exponernos sus miserias. Bien por iniciativa propia o por encargo de sus empresas. Mientras otros sectores, también en crisis y dificultades, necesitan recurrir a gabinetes de prensa para hacer llegar sus voces. ¿Y a quién contratan de jefes de prensa? Lo han adivinado: a periodistas. Todo un círculo vicioso.

Me acosté y me desperté con un magnifico artículo en El País de John Carlin al respecto: “El momento crucial”. Trabajado, documentado y muy bien narrado. Carlin es un excelente escritor y aprovecho para recomendar su libro “El Factor Humano”, con Nelson Mandela y la final del Mundial de Rugby -Sudáfrica/Nueva Zelanda- como símbolos del fin del apartheid y la normalización de la joven democracia sudafricana. Los derechos para el cine fueron adquiridos por Morgan Freeman (suyo es el papel de Mandela) y le ofreció la dirección a Clint Eastwood, quien aceptó.

Tras este inciso retomo el asunto principal de esta nota: el futuro de la prensa contado por ellos mismos. La conclusión a la que siempre he llegado es que no tienen ni idea. Pero en “El Momento crucial” es la primera vez que recuerdo al autor llegando a este mismo punto. También es una novedad el paralelismo con el mundo de la música. Llevo años diciéndolo, pero no soy periodista y tampoco recuerdo haberlo hecho expresamente aquí, salvo tangencialmente en Agravios comparativos (Efe Eme). Si bien es cierto que me centré, en un afán por ser novedoso, en el sector automovilístico (en su continuación, Agravios comparativos 2 (Efe Eme)). En mi caso utilizaba a los medios impresos y su IVA reducido como escarnio frente a la industria musical -soporta el tipo máximo de IVA- y afirmaba que La Música no es Cultura (Efe Eme).

En su exposición John Carlin menciona Internet como factor de cambio y la falta de previsión que han soportado las discográficas y las empresas periodísticas. Desde el punto de vista del negocio musical es cierto que no las hemos olido. Ni nosotros ni nadie. Especialmente los periodistas. Y sobre todo esos listos que se encargaban de vociferar en columnas, artículos, blogs, etc. nuestro certificado de defunción. Durante años. Eso si, sin aportar ninguna solución o idea viable de nuevo modelo de negocio. Y en la mayoría de los casos sin ni siquiera conocer las interioridades sobre las que pontificaban. Tan preocupados estaban viendo pelar las barbas del vecino que no pusieron las suya a remojar. Escribía Diego A. ManriqueEl futuro será primitivo”, en su columna de los lunes de El País, y comenzaba: “Qué cansinos son los profetas. Pienso en los que proclaman la extinción de las discográficas, el fin del copyright, el eclipse del CD. Entiendo que son frases rotundas, que tienen garantizado el titular y que llenan de orgullo bíblico a sus autores. Los apocalípticos se deleitan extendiendo el certificado de defunción al CD, pensando que eso supone un golpe mortal a las odiadas disqueras. Ignoran que ése es el sueño húmedo de los ejecutivos más despiadados. Para ellos, la desaparición del soporte físico significaría prescindir de fábricas, almacenes, transportistas, vendedores y tiendas. Recortan gastos, adelgazan plantillas; nada de lidiar con proletarios gruñones o regatear con minoristas.” Para continuar más adelante “Leo una crónica del Digital Music Forum East, conferencia neoyorquina de profesionales donde se presentan datos y se intenta retratar al mercado. El reportero se muestra boquiabierto. Creía que la gran mayoría de los estadounidenses era como él: la música le llega vía iPods, móviles, ordenadores. Resulta que dos terceras partes de los consumidores de música en EE.UU. sólo escuchan CD y radio. Ignoran las descargas legales o ilegales, pasan del streaming. De hecho, la industria musical todavía depende de los compradores de CD, mucho más numerosos que los que pagan por descargas, compran entradas para conciertos o adquieren objetos de merchandising (las otras fuentes principales de ingresos). Parece que periodistas y disqueros hablamos de boquilla: tenemos poca información sólida sobre los modos en que el público consigue, usa, conserva la música.

Como bien acredita el reportaje de John Carlin de hoy en El País, tampoco los medios impresos han sabido reaccionar a lo que se les venia encima. Desde hace un tiempo han convertido sus páginas en muros de lamentaciones, buscando la solidaridad y complicidad de los lectores. Algunos de los cuales ya estamos hartos de leer constantemente sobre lo mismo. Por no mencionar el cada vez más amplio deterioro de la calidad de los productos periodísticos. Sea por luchas intestinas, recortes de gastos, afinidades y complicidades gubernamentales (autonómicas o estatales) o por lo contrario, etc. La teoría expuesta en El Mundano por Antonio Gómez es buena, muy buena.

Lo que no menciona Carlin es como la aparición de la prensa gratuita ha bajado el nivel de la prensa en general. Y olvida un precedente a la actual crisis: los dominicales de los diarios erosionaron las ventas de las revistas semanales. Y lo que era un paraíso de opciones se ha quedado reducido a unas pocas que sobreviven (testimonialmente) a duras penas. A mi me dolió especialmente la desaparición de Triunfo. Tampoco se refiere a las subvenciones estatales que reciben por papel, al IVA reducido y a la inmensa ayuda que ahora solicitan al gobierno para afrontar su crisis sectorial. Algo que desde luego no ocurre en el sector musical. Y es aquí donde radican las mayores diferencias. Claro, que tampoco los de la música nos hemos dedicado a airear el futuro negro que se les avecinaba a ellos… Con soportar sus demandas publicitarias -y de las otras también- teníamos bastante.

Leia hace unos meses un informe del The Wall Street Journal donde se afirmaba que el mayor problema de las discográficas estadounidenses era que no se anunciaban en The New York Times, The Washington Post, etc. Es decir, en los medios que crean opinión. En cambio resaltaba como Apple, Microsoft, IBM, Bell y demás operadoras de telefonía, proveedores de acceso a Internet, empresas de nuevas tecnologías, etc. si lo hacían. Y era ese el factor que inclinaba la balanza editorial hacia su lado. En España tenemos un ejemplo claro: hace unos meses hubo una huelga de trabajadores de Telefónica ante el recorte de derechos adquiridos, conseguidos a través de duras negociaciones a lo largo de muchos años. No tuvo ninguna repercusión mediática. ¿Saben por qué? Piensen. Les ayudo con una pista: ¿Quién es uno de los mayores anunciantes del país?

Comiendo el viernes pasado con Antonio Cambronero charlábamos amigable y apasionadamente sobre estas cosas. Lógicamente discrepábamos en muchos aspectos relacionados con el copyright. Y sinceramente creo que –aparte de las lógicas diferencias que pueda haber entre un informático y un disquero- el problema radica en la mala información que se dispone de nuestro mundo. Empezando por la confusión de términos entre Artistas, Autores y Músicos. En gran medida está provocada por los medios y los gabinetes de prensa de las telecos. ¿Y quiénes forman estas oficinas? Volvemos al inicio y la respuesta es la misma: los periodistas.

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Nunca conocí a Pete Seeger (por Antonio Gómez)

7 de mayo de 2009

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Saco un momento la cabeza del agua para respirar en esta inmersión post-prejubilación en la que ando metido y compruebo una vez más que soy un desastre. Adrian me había comunicado hace más de un mes que se iba a celebrar el concierto homenaje a Pete Seeger, que ya tenía una cosa comprometida (la que ha publicado hoy de Julio), y que si yo podía escribir algo sobre el tema. Le dije que sí, claro, faltaría más. Ha llegado el día y aquí ando, sin haber cumplido el encargo, así que improvisaré ahora, resumiendo, lo que no he sido capaz de escribir a tiempo.

Siendo Seeger uno de los cantautores que mayor respeto me merecen y cuya obra más admiro, no he llegado a conocerle nunca, pese a que no faltaron ocasiones. La primera vez que él vino a España en 1971, yo estaba en el trullo (Elisa Serna fue a contarme luego la reunión que habían tenido Adolfo Celdrán y ella). La última, cuando hace 16 años se celebró en Barcelona el 30 aniversario de “Al vent”, la canción de Raimon, pude pasar después del concierto detrás del escenario y saludarle, pero no lo hice. Me hubiera gustado tener una larga conversación con él, claro, pero darle la mano y decirle “Mr. Seeger, le admiro mucho, déme dos besos que no me voy a lavar la mejilla en un año”, me parecía una chorrada mitómana. Y si algo no soy –creo- es mitómano.

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Foto de Enrique Meneses

Pete Seeger cantaba dos canciones en uno de los tres primeros discos que compré de una tacada en mi vida. Debió ser en 1965. Los otros dos fueron “Bird” de Charlie Parker y “Cuadros de una exposición” de Mussorgsky. El otro era un colectivo de folk estadounidense en el que, aparte de Seeger, estaban, que recuerde ahora, Dylan y P.F. Sloan. Dos o tres años después, Joaquín Díaz facilitó la publicación de los primeros discos de Seeger en España, en el sello Movieplay, y casi al mismo tiempo hice amistad con Fernando Santos Fontela, que vivía en USA y que publicó, con el seudónimo de Ramón Padilla, el libro “Canciones de protesta del pueblo norteamericano”. Y me trajo un montón de discos que incluían joyas como grabaciones de Peter Lafarge, Malvina Reynolds, Sonny Terry, Tom Paxton, Phil Ochs, Judy Collins, Richard y Mimi Fariña, Julius Lester… En fin, que me puso en casa.

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Entre aquellos discos los había, naturalmente de Pete Seeger y de Woody Guthrie (juntos en la foto), dos nombres que para mi están íntimamente relacionados como principales figuras de ese momento fecundo de la música de cualquier país que es el del paso del folklore tradicional a la canción contemporánea a partir de la evolución del lenguaje de la música popular. Ambos, desde diferentes funciones, marcaron ese momento de la música estadounidense. Si Guthrie fue, indudablemente, el gran creador del movimiento, Seeger fue, indiscutiblemente, el gran difusor. Los dos se compenetraron para dar luz (no en solitario, pero sí en cabeza del pelotón) una nueva música que ha llegado hasta hoy, cambiada, pero no irreconocible.

Pese a haber grabado más de cien discos en solitario, Seeger siempre ha sostenido la idea (y quien escuche sus discos en directo comprobará que no miente) de que lo importante no era que el artista cantara encima de un escenario, sino que lo decisivo era que transmitiendo sus canciones animara a la gente a cantar y, lo que es más importante, a escribir sus propias canciones. Es, desde luego una idea que proviene de la vieja tradición folklórica del boca oído y la creación colectiva, y empeñarse en que no muriera deja de ser un anacronismo, pero tiene la grandeza de las causas perdidas, a las que Seeger ha estado unido toda su vida, con una coherencia (y a veces con un cierto dogmatismo, todo hay que decirlo: recordemos el follón con Dylan en Newport) que denota la firmeza de sus ideas y su calidad humana.

Esa coherencia musical (que no quiere decir estancamiento, y ahí está su discografía para probarlo) también la ha mantenido en el ámbito ideológico. Militante comunista en su momento, una militancia de la que nunca ha renegado, aunque como tal la haya abandonado hace tiempo, siempre estuvo metido en todos los fregaos, poniendo su canto al servicio de los obreros que luchaban por sindicarse; de los antifascistas que primero se solidarizaron con la España republicana, luego se enfrentaron a los nazis (con aquella tremenda contradicción que supuso el pacto Stalin-Hitler) y aún debieron comparecer ante McCarthy; de los negros que peleaban por no ir en la parte trasera del autobús; o de los jóvenes que rechazaban la guerra de Vietnam. Es verdad, como explica Julio, que desde hace tiempo su principal compromiso es con la ecología, y, en concreto, primero fue con la recuperación del río Hudson y luego con su mantenimiento. Es, probablemente, la única batalla que Seeger ha ganado en su vida. En cualquier caso, el ecologismo no ha supuesto que no haya colaborado, y lo siga haciendo, con otras causas progresistas de todo el mundo. Desde la solidaridad hace años con la Nicaragua sandinista a su lucha contra la política de Bush y, especialmente, la guerra de Irak (durante todo ese periodo su página Web se abría con una nota en la que se pedía el enjuiciamiento de Bush como criminal de guerra).

El viejo Seeger que sus discípulos –porque discípulos son, incluido el huidizo Dylan– han homenajeado es distinto al que comenzó su carrera recorriendo los caminos y las vías férreas de Estados Unidos con Woody Guthrie cantando en tabernas y pintando carteles para sobrevivir, qué duda cabe, pero también es el mismo. De los años 40 acá, su trayectoria personal y artística es un hilo conductor en el que varían las formas, pero no las esencias. Y quizás sea esa fidelidad y coherencia lo que se ha querido homenajear, aparte de esos longevos 90 años.

Mientras escribo, ando escuchando “Where Have All the Flowers Gone. The Songs of Pete Seeger”, el doble CD en su homenaje que en 1998 grabaron en estudio un grupo de cantantes en el que figuran casi los mismos que ahora han recordado su 90 cumpleaños y algunos más: Jackson Browne, Bonnie Raitt (que bonita es la versión que ambos hacen de “Kisses Sweeter Than wine”), Tish Hinojosa, Billy Bragg, Peter, Paul & Mary, The Weavers (ya viejecitos, con una Ronnie Gilbert que canta como nunca), Tim Robbins (sí, el director de cine, que canta con un coro de niños una hermosísima “All My Children Of The Sun”), Donovan y Holly Near entre otros. Es un disco que merece la pena, lo recomiendo. Como lo será el que sin duda saldrá de este último concierto. Tal vez sea el último de una larga carrera. Lo guardaré como oro en paño, como los demás suyos.

NOTA: Por cierto, pinchando en esta dirección puede encontrase una estupenda y larga entrevista (traducida al castellano) con Pete Seeger.

A la hora de buscar canciones suyas en youtube, interpretadas en directo, es difícil encontrar actuaciones de joven, debido al boicot televisivo que sufrió. Las únicas son las del programa que hizo para la TV pública de Nueva York en 1962: “Raimbow Quest” (está en DVD), en el que cantó con un sinfín de compañeros demostrando como hacer un espacio atractivo con nada, sólo música y talento.

1962. Con June Carter y Jonnhy Cash en el programa “Raimbow Quest”:

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