13 de noviembre de 2009
Contemplo la ceremonia de entrega de Premios de la Asociación del Country en la ABC. Borrachas de purpurina y mamadas, tan estupendas ceremonias suelen ahogarme en bostezos. Si me quedo pegado de la televisión, si no muerdo el mando a distancia y aguanto torero es porque me interesa conocer cuál es, a ojos de la industria y sus príncipes, la salud del country. Constato que, de hacer caso a tan importantes señores, se trata de una música con los pies de fieltro, poblada de fantoches, y a la que uno sólo acudiría en caso de querer incitar a alguien a quemarse a lo bonzo.
Sepan que los grandes triunfadores fueron Darius Rucker y Taylor Swift. El primero, oh milagro, es negro, y la segunda, mira por donde, una rubísima muchacha de diecinueve años. Ambos practican un country/pop con reminiscencias trenzadas en la mejor tradición de la factoría Disney, etapa pre-Pixar. Grupo del año, liquidando un lustro de dictadura a cargo de los insoportables Rascal Flatts, fue Lady Antebellum. Kid Rock, famoso por hacer el gilipollas cuando cantaba rap y ahora recauchutado en funciones de bufón country, también trotó por el escenario. Con excepción de éste último, que va de malo cinco tenedores, todos los agraciados gastan un look tipo cartelón publicitario de Fox News, o sea, mirada vidriosa y tez cerúlea, con un algo de peces abisales conservados en formol.
En la madrugada, rumiando lo visto, concluyes que el futuro de la música tiene su sino en que viene marcado por los gustos de aquellos a los que se la sopla. Las discográficas siguen, erre que erre, cortejando al comprador ocasional, al que escucha a la Swift pero se hubiera horrorizado con las grabaciones últimas de Johnny Cash, al que con suerte compra canciones para que suenen en el móvil. Olvidan que ese cliente es el primero que abandona la nave, el que descarga a todo trapo, aquel al que la música le parece, no más, consuelo adolescente o sarampión inguinal, varicela juvenil para amoldar el rato y rellenar silencios.
Al cabo con el country, el rock, etc., sucede lo mismo que con la prensa escrita, donde el baremo de calidad no hace sino descender sin vértigo y a lo loco, lanzado en barrena en pos de quienes ni leían, ni leen ni leerán en su puta vida. Lo cual que si el futuro del negocio está en manos de ocasionales y domingueros, de los turistas del disco o la letra impresa, y lo digo sin pedantería o altivez, pero si el salvavidas es ese, si la cosa va de enamorar a los que compran dos CD al año y limitan su consumo de páginas al Marca o el Pronto, y en vez de educar, alimentar su curiosidad, ofrecer alternativas sabrosas, creatividad, pasión, nos limitamos a facturar pijadas, a vender globos sonda rellenos de aíre y mierda en estado puro, si eso es todo lo que se nos ocurre, entonces abróchense los machos: no hay salida.



9 comentarios
Noviembre 13, 2009 a las 9:57 am
Me la resopla el Country. Pero el post es brutal, ha sido una gozada leerlo.
Noviembre 13, 2009 a las 10:45 am
Como señala Julio (con una muy acertada reflexión final) sorprende que en un buen momento creativo del Country –o Americana si así se prefiere- que además esta suponiendo una renovación del género, los premios se decanten del lado del “pasteleo”. Lo de Taylor Swift es muy significativo. Independientemente de la calidad de sus canciones y de su tremendo éxito, no puedo pasar por alto su abuso del autotune (afinador electrónico) tanto en las grabaciones como en los directos.
Noviembre 13, 2009 a las 11:25 am
Es que es para llorar.
Noviembre 13, 2009 a las 1:58 pm
Nada que añadir a la soberbia reflexión.
Un saludo
Noviembre 13, 2009 a las 4:08 pm
Muy bueno. Muy bueno. Muy bueno. Me quedo con esta frase:
“el futuro de la música tiene su sino en que viene marcado por los gustos de aquellos a los que se la sopla”.
Noviembre 14, 2009 a las 12:26 am
Comparto el entusiasmo de Luis Prosper. Esa frase, además, no es sólo aplicable a la música country, sino a todas (incluso la que llaman clásica).
Noviembre 14, 2009 a las 8:06 am
La frase que resalta Luis Prosper es la realidad de la industria desde hace dos décadas al menos.
Magnífica entrada.
Noviembre 14, 2009 a las 1:13 pm
Siempre que escucho y sobretodo veo Country lo asocio con las sevillanas y la copla. Este folk gringo jamás lo he entendido, como jamás he entendido el que dicen que es el autóctono de Iberia.
En cualquier caso esto no deja de ser efectivamente una muestra más de lo que la industria nos quiere vender. Dicen que nos venden lo que nosotros demandamos, pero en realidad nos lo venden porque consumimos todo lo que nos echen.
Y luego los heavies somos los raritos. Manda cojones.
Noviembre 16, 2009 a las 11:55 pm
Amén