Archivo diario: octubre 12, 2009

Un siglo de canciones 39: “La Cantata De Santa María De Iquique” (por Malicia Cool)

12 de octubre de 2009

Iquique

Vamos, mujer, partamos a la ciudad…

(Canción II de “La Cantata de Santa María de Iquique”, de Luis Advis por Quilapayún)

Relato I

Si contemplan la pampa y sus rincones
verán las sequedades del silencio,
el suelo sin milagro y oficinas vacías,
como el último desierto.

Y si observan la pampa y la imaginan
en tiempos de la Industria del Salitre
verán a la mujer y al fogón mustio,
al obrero sin cara, al niño triste.

También verán la choza mortecina,
la vela que alumbraba su carencia,
algunas calaminas por paredes
y por lecho, los sacos y la tierra.

También verán castigos humillantes,
un cepo en que fijaban al obrero
por días y por días contra el sol;
no importa si al final se iba muriendo.

La culpa del obrero, muchas veces,
era el dolor altivo que mostraba.
Rebelión impotente, ¡una insolencia!
La ley del patrón rico es ley sagrada.

También verán el pago que les daban.
Dinero no veían, sólo fichas;
una por cada día trabajado,
y aquélla era cambiada por comida.

¡Cuidado con comprar en otras partes!
De ninguna manera se podía
aunque las cosas fuesen más baratas.
Lo había prohibido la Oficina.

El poder comprador de aquella ficha
había ido bajando con el tiempo
pero el mismo jornal seguían pagando.
Ni por nada del mundo un aumento.

Si contemplan la pampa y sus rincones
verán las sequedades del silencio.
Y si observan la pampa cómo fuera
sentirán, destrozados, los lamentos.

(Texto corregido por Julio Cortázar para las versiones de 1978 y 1981. En negrita las variaciones respecto al original)

Si contemplan la pampa y sus rincones
verán las sequedades del silencio,
el páramo de un suelo despoblado
vacías, como el último desierto.

y por lecho, los sacos y la tierra.

Y si observan la pampa y la imaginan
en tiempos de la Industria del Salitre
verán a la mujer y al fogón mustio,
al obrero sin cara, al niño triste.

También verán la choza mortecina,
la vela que alumbraba su miseria,
algunas calaminas por paredes

También verán castigos humillantes,
un cepo en que amarraban al obrero
cara al sol, a la sed y a la vergüenza,
no importa si al final se iba muriendo.

La culpa del obrero, muchas veces,
era el dolor altivo que mostraba.
Rebelión impotente, ¡una insolencia!
pues la ley del patrón es ley sagrada.

También verán el pago que les daban.
Dinero no veían, sólo Fichas;
una por cada día trabajado,
para que las cambiaran por comida.

¡Cuidado con comprar en otras partes!
De ninguna manera se podía
aunque las cosas fuesen más baratas.
Lo había prohibido la Oficina.

El poder comprador de aquella Ficha
había ido bajando con el tiempo
pero el mismo jornal seguían pagando.
Ni por nada del mundo un aumento.

Si contemplan la pampa y sus rincones
verán las sequedades del silencio.
Pero detrás de tantas soledades

oirán un horizonte de lamentos.

Julio Cortázar moriría poco después de estas maravillosas aportaciones que, sin embargo, cabrearían al autor original de “La Cantata  (el músico chileno Luis Advis).

portada cantata

La Cantata de Santa María de Iquique” (compuesta a fines de 1969 por Advis) es una apasionadísima ópera folk interpretada por Quilapayún, también chilenos, que mi pariente ve emparejada con otras obras conceptuales de la época como “Quadrophenia” (1973), de The Who o “Arthur or the decline and fall of the British Empire” (1969) de The Kinks. Otras similitudes entre unas y otras pueden observarse también en el hecho de que en los 70, en España, era una de las obras censuradas por antonomasia que, junto con, por ejemplo, los emblemáticos “Who´s next”, de The Who, y “Sticky Fingers”, de The Rolling Stones, había que conseguir fuera del país. En Chile, por su parte, se persiguió y quemó con saña cualquier resto de “La Cantata” después del criminal golpe de estado que acaba con Allende en 1973 y manda a Quilapayún al exilio.

Es la historia de entre dos mil y tres mil obreras y obreros, más sus niñas y niños, que se declaran en huelga, el 10 de diciembre de 1907, ante las insoportables condiciones de vida y de trabajo en las minas de salitre en Norte Grande (constituido por el desierto de Atacama, el más árido del mundo), Chile. El numerosísimo grupo decide marchar desde Alto San Antonio hasta la ciudad, Iquique, sede del gobierno regional (Vamos, mujer…) y refugiarse en la Escuela de Santa María de Iquique, cuando el general Roberto Silva, por orden del ministro del Interior Rafael Sotomayor (bajo el mando a su vez del presidente, Pedro Montt, que lo que no quiere es perder los favores del rey inglés Eduardo VII), se lía a tiro limpio con los trabajadores del comité de huelga, que están en el tejado de la escuela, abatiéndolos a todos y provocando una masacre sin precedentes al abalanzarse la multitud, aterrada, contra los militares asesinos.

Tanto la letra como la música de “La Cantata” son muy bellas – ¡los arreglos siempre son discutibles!-, y la obra respira tanta pasión, verdad, gallardía y sentimiento que estoy segura de que es un inmortal y deseo fervientemente que así sea.

Y… ¡¡¡LA TIERRA SERÁ DE TODXS / TAMBIÉN SERÁ NUESTRO EL MAR!!!

 

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