9 de enero de 2009

Es difícil encontrar una sola canción que pueda encabezar cualquier lista, al menos para mí. Pero si se trata de encontrar la que me parece la composición más completa escrita y cantada en castellano tengo pocas dudas: “Gracias a la vida”, de Violeta Parra.
Perteneciente, como se sabe a una prolífica familia de artistas, Violeta tiene esa característica propia del genio que es la de crear con su obra un lenguaje nuevo en el terreno del que se trate, en este caso de la canción, de forma que se puede detectar un antes y un después de ella en la historia de la música popular chilena. Partió del folklore tradicional para convertirlo en una forma de expresión moderna, a partir de la cual se iluminó todo un camino para la canción de su país y de otros muchos. Es sólo un rasgo, pero definitivo, porque esa es la condición de los auténticamente grandes (gracias Gonzalo), que toman un arte y lo transforman en algo nuevo. Es, cada uno con su valor intrínseco, lo que caracteriza a Cervantes a Shakespeare o a Proust; a Goya, Velazquez o Picasso; a Griffith, Ford o Godard; a Brassens, Dylan o Beatles.
En la discografía de Violeta Parra hay una buena cantidad de obras maestras, pero “Gracias a la vida” reúne todos los requisitos para encabezar la lista. Su profundidad conceptual (un análisis complejo y completo de la existencia del ser humano y su papel en el mundo); la precisión de su letra, su estructura perfecta; la sencillez y belleza de su melodía, con ese tono de letanía repetitiva que sólo se rompe en el giro tierno de cada último verso; y esa manera desapasionada, casi narrativa, de interpretarla con su voz aguda, rasposa y quebradiza (¿No os recuerda al primer Dylan?), la convierten, no sé si en la mejor canción en española de la historia –como decidió un jurado de expertos hace unos años–, pero sí desde luego en una composición-interpretación fundamental.
Además, tiene el valor añadido de su carácter testamentario. Escrita en momentos bajos, y publicada en su último disco (una obra maestra en su conjunto) en 1966, poco después de un primer intento de suicidio, era la canción que, según el testimonio de su hermano Nicanor, más a menudo escuchaba y hacía escuchar a sus personas cercanas en los días anteriores a que se quitara la vida de un tiro el 5 de febrero de 1967.
Además de cantante y poeta, Violeta Parra fue también artista plástica, llegando a exponer en el pabellón de artes decorativas del museo del Louvre en 1964. “Hombre con guitarra”, arpillera con yute tintado, que figuró en aquella exposición.

NOTA: En youtube se encuentran más de 500 versiones de “Gracias a la vida”, y algunas, por distintos motivos, merecen la pena. Está, claro, la clásica de Mercedes Sosa, que popularizó la canción en el mundo, tan fiel, y sin embargo tan distinta a la original; la bienintencionada y entrañable de Joan Báez, la cursilita La Oreja de Van Gogh, e incluso la deprimente e insoportable de Plácido Domingo (¿por qué se empeñará alguien que domina perfectamente algo concreto en hacer otra cosa de la que no tiene ni puñetera idea?). Pero he encontrado una que me parece especialmente interesante. La cantan por, por orden de aparición: Isabel Parra (hija de Violeta), Tita Parra (nieta), María del Mar Bonet (la primera vez que la escucho cantar en castellano), Ana Belén y Javiera Parra (biznieta y fundadora del grupo de rock Javiera y los imposibles). Los dos guitarristas parece que son Ángel Parra y su hijo Ángel Antar Parra Orrego (hijo y nieto, respectivamente).
Entrada relacionada:
Un siglo de canciones: “All along the watchtower”


10 comentarios
Enero 9, 2009 a las 10:39 am
¡Qué bueno! ¿Qué más se puede añadir? Por cierto que -meando fuera del tiesto- suscribo al 100 % tu apreciación sobre don Plácido: a mí también me parece harto espantoso fuera de la ópera, no porque no deba salir de ella, sino porque no se le da bien otro estilo.
Enero 9, 2009 a las 12:21 pm
una vez más, no la conocía. pero me ha gustado
Enero 9, 2009 a las 2:34 pm
Excelente artículo, todo un placer para los seguidores incondicionales de Violeta Parra y totalmente de acuerdo con la canción que has escogido. Por cierto, buenísima la versión que ofreces. Al hilo de ésta, no quiero dejar de señalar mi admiración también por Isabel Parra de la que especialmente quisiera señalar un disco, para mi magnífico, “Tu voluntad más fuerte que el destierro”. Impresionante.
Gracias por el artículo
Enero 9, 2009 a las 5:25 pm
Bueno Don Antonio vamos avanzando: ya tenemos 3 canciones (la suya, la mía y la que nos ha prometido su tocayo San José).
¿Y nuestros amables lectores? Nos gustaría contar con sus colaboraciones. Gracias anticipadas.
Les recuerdo la dirección de email para enviar sus contribuciones, si así lo desean:
adrianvogelarrobagmailpuntocom
Enero 9, 2009 a las 6:21 pm
parece mentira que con una guitarra tan chiquitina se pueda cantar tan alto, tan limpio, tan grande.
Enero 9, 2009 a las 6:35 pm
Gracias a la vida, Tres heridas… la banda sonora de mi niñez en la voz de Joan Baez.
Enero 9, 2009 a las 9:22 pm
una canción preciosa que algunos se han empeñado en destrozar.
Adrián se trata de escoger una sola canción? harto difícil, al menos para mí. Abrígate que ya nos queda menos.
Buen fin de semana
Enero 9, 2009 a las 10:12 pm
Bueno Liz, las que tu quieras. Pero una por post. Si eliges tres canciones, entonces tres posts… Abrigado estoy (y tiritando con décimas). Eso si, la pelea de bolas de nieve con los peques no me la he perdido.
Febrero 15, 2009 a las 12:05 pm
Afortunadamente para mi, tuve la amoción y el privilegio de poder entrevistar-face to face- a Mercedes Sosaen una de sus visitas a Madrid. Me habló del miedo, me habló de su hijo, de la angustia de aterrizar en el aeropuerto de la Paz…en un momento determinado de nuesra charla reflexionó sobre una cierta frivolidad en los medios españoles, pues desde nuestra euforia democratica-eran ya los años ochenta-pareciera que vivieramos todo el mundo en una especie de Arcadia feliz..Hice lo que pude para convencerla de la seriedad de nuestro activismo y entonces volvió su cuerpo indio envuelto con una gran pañoleta de vicuña y acompañandose con el ritmo que imponia su mano percutiendo sobre la mesa del locutorio comenzó a susurrar el Gracias a la vida.No tengo la grabación de aquello, debió perderse en alguna mudanza junto con las ilusiones juveniles, pero en mi mente vive tan real como entonces..Nada puede compararse a aquello para mi .
Diciembre 6, 2009 a las 4:52 pm
http://retratosdelanuevacopla.blogspot.com/