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El bipartidismo, enfermedad totalitaria de la democracia (por Antonio Gómez)
16 de abril de 2008

Si aceptamos con don Vladimiro que el izquierdismo es la enfermedad infantil del comunismo (sabiendo que el estalinismo fue su cáncer mortal), bien podríamos enunciar que el bipartidismo es la enfermedad totalitaria de la democracia. Y no es un juego de palabras, que también.
Nadie tema, y menos que nadie Adrián, nuestro amable y exquisito anfitrión, que voy a ponerme aquí a recontar sufragios, a hablar de votos útiles e inútiles, o ni siquiera a comentar derrotas o victorias de unos u otros. Porque ese es un ejercicio que me aburre y porque esto del bipartidismo es cosa que cada vez sucede más en todo el mundo. Es como si los electorados de todos los países llamados democráticos se hubieran puesto de acuerdo para dejar siempre eso de la cosa pública en manos de tan sólo dos opciones, complementarias por otro lado, como la cara y la cruz de una misma moneda.
Mi padre, que era un viejo rojo, cabezota y resistente (tanto que cuando con 93 años el médico le negó la posibilidad de una muerte digna, le contesto –yo estaba presente–: “muy bien, pues dejó de comer y verá como me muero”. Lo hizo y a los 15 días le enterramos. Olé sus cojones), me venía diciendo desde hace muchos años: “esto no es una democracia, es un bipartidismo”. Tenía razón el jodido, y yo lo sabía, aunque todavía intentara salvar los muebles y se lo discutiera, alegando que eso podía darse en otros países, pero en España…
La sociedad civil que teóricamente representa el Parlamento es variada, compleja, fluida, con ideas de los más distintos tipos, visiones de los problemas diferentes, intereses contrapuestos o mezclados. En fin, es un ser vivo. Tan variado paisaje ciudadano debería tener su reflejo matizado y completo en la política profesional que ejercen los partidos y sus diputados, funcionarios y burócratas. Sin embargo cada vez sucede menos.
La reducción a dos del conjunto de opciones de los ciudadanos implica que ninguna de ellas puede representar completamente la compleja realidad social. Sucede un poco como con las series televisivas, que para llegar “a toda la familia” y contentar a niños, adultos, mujeres, hombres, ancianos, mediopensionistas, toreros y adolescentes granujientos, sin que nadie se sienta ofendido, se reducen hasta tal punto las exigencias dramáticas que al final no dicen nada a nadie, por mucho que consigan su objetivo. La gente vota, más en contra que a favor de unos u otros, y esperan a que los señores del escaño les hagan la vida más cómoda en los próximos cuatro años.
Claro, que en ese proceso reduccionista de la realidad, la política queda convertida, como se ve en las campañas electorales, en una vulgar y aburrida guerra de rebajas. Es un “a ver quién da más” que, a lo que parece, es lo que acaba convenciendo a los votantes. El hecho es que cada vez quede más gente fuera de ese juego de dos polos, que cada vez sean más los que no se sienten representados, que cada vez los representantes representen menos, y que la democracia, que implica la confrontación de ideas de todo tipo sobre el gobierno de un estado, va adelgazando hasta convertirse en un hilo finísimo, como un cable eléctrico, que sólo se activa en las campañas electorales, y únicamente para que el que tiene el interruptor, el político, llame a rebato a sus fieles.
Que tan solo dos partidos dirijan los destinos de un estado conduce inevitablemente a que durante los años de gobierno tenga las manos totalmente libres para hacer lo que quieran. Saben, claro está, que el poder les durará un tiempo y luego lo perderán, pero no importa demasiado, porque también son conscientes de que con ese sistema que han creado tarde o temprano volverán a recuperarlo. Y cuando lo tengan, Jauja se abrirá ante ellos como un paraíso de piernas abiertas que acoge calidamente al vencedor en esa batalla de fingimientos en que se ha convertido la política. Además, como el margen de votos suele ser tan escaso, como las ofertas políticas no pueden diferenciarse excesivamente unas de otras, pues la victoria depende de no ofender a nadie, y ante todo hay que ofrecer confianza y seguridad al electorado, las propuestas de uno y otro tienden a ser peligrosamente similares.
Todo conduce al desinterés por la política, esa cosa que supuestamente nos corresponde a todos, pues de todos trata. Y con el desinterés de los ciudadanos y el duopolio gubernamental, la función esencial de la democracia desaparece, y el bipartidismo se convierte en su enfermedad totalitaria.
Sé todo eso de que el bipartidismo permite la mejor gobernabilidad de los estados y, por consiguiente, de los ciudadanos. Y eso es precisamente lo que me cabrea: que no queremos ser libres y críticos, ni decidir y exigir, que por lo que de verdad se nos va la vaselina por los palieres es por convertirnos en obedientes, sumisos y conformistas seres bien gobernables, a los que se premia durante cuatro años dejándoles tranquilos para que puedan seguir con pasión la telebasura que fabrican los Berlusconi del mundo.
Salud
5 comentarios
a las
“La democracía es el mejor de los sistemas posibles, aunque lo que tenemos aquí tampoco está mal”
Woody Allen
Muchas veces afirmo a la ligera: la gente es tonta. Y no es sinónimo de que las personas, una a una, seamos tontas, por que ojo, yo soy tan gente como cualquiera. Los pueblos los componen las gentes, como bien dice Antonio. Muchos nos hemos hartado de la política por eso del voto en contra. No encuentro partidos a los que votar a favor. Yo, al menos. No encuentro quien me represente, a mi y a mis ideas. Unos pecan por un sitio y otros por otro. Y como a mí, que soy un tipo criticón (más que crítico) les pasará a muchas personas. No hay una coherencia, ni una balanza. O se pasan o no llegan, según mi punto de vista. (A la izquierda, hablo de mi caso.)
Pero hay otras, la mayoría de las mayorías que adoptan una aptitud acomodaticia, que yo no veo del todo mal, fíjense lo que les digo. Si vivo más o menos bien, tengo mi tele de plasma, y mi sueldo y mi perro, y mi chándal los domingos para ir al centro comercial, pues ya está. A pagar la hipoteca y a pensar en el próximo coche que comprar.
El bipartidismo es el mal que hay que pagar en las pseudodemocracias liberales. Aquí lo que impera es el mercado. Y eso no lo puede cambiar ningún partido político se llama A, B o X. Una multinacional, un banco o una constructora manejan los designios de un país. Ya sea en la bolsa, en la ordenación del territorio, en la polución de la atmósfera o en los grandes despachos. Y los políticos amén amén amén, a menudo llueve (menos de lo que quisiéramos, esto con Franco no pasaba, jojojo).
Existan 2 o 10 partidos el problema va a ser el mismo. La falta de maniobrabilidad. Y después están los poderes fácticos, de un sitio y de otro. La prensa, la Iglesia y la madre que los parió…
Ya sé que solo soy yo hablando utopías, pero ¿en verdad se cree que con un amplio espectro en el parlamento se cambiaría algo? ¿Las leyes educativas, quizá? ¿Para que luego venga otro y se asocie con el mismo que te habías asociado tú antes y la cambie otra vez? Esa gente no se pone de acuerdo ni cuando ir a mear solo por joderse los unos a los otros.
No sé, no sé…
Yo es que soy muy pesimista…
a las
A propósito de bipartidismo, “Este es nuestro programa electoral: Adiós al bipartidismo. ¿Qué es eso de Esquerra y Republicana? Los republicanos son de derechas”. Provocando como siempre, borracho como de costumbre, esto lo ha dicho Julián “Siniestro” Hernández en el concierto de hoy en Barna.
a las
Muy bueno Rocks. Gracias por traernos un comentario de JH en estado puro.
Mameluco, cuando comentas que “impera el mercado” –y pienso que en eso coincidiremos bastantes- enlaza bien con lo que escribe Antonio en el post, referido al bipartidismo: “sólo dos opciones, complementarias por otro lado, como la cara y la cruz de una misma moneda.” Por cierto con FF era monopartidismo=dictadura.
Comentaba con ASJ, en ref. al post de AG, que no es lo mismo bipartidismo que bipolarización. Entendiendo perfectamente –al menos eso creo- por donde transita Antonio Gómez, creo que la tendencia es hacia la bipolarización, que no necesariamente nos llevará al bipartidismo. Imagino que ese es el temor de Antonio G. Viene esto a cuento, además, porque es sorprendente la cantidad de partidos que se presentaron a las generales. Si no recuerdo mal –aparte de los que obtuvieron escaño- habia 2 Falanges. Uno por la unidad de Leganés. ¡El CDS!… No vi a los Panteras Grises.
a las
Me parece que decía el otro día que lo malo de las polémicas sobre cosas en las que se está de acuerdo hay poco que discutir y resultan aburridas, pero bueno, siempre se puede complementar, matizar, aclarar, añadir, que viene muy bien para regodearnos en la autoestima que da saberse poseedor de la verdad.
Y el caso es que estoy de acuerdo con practicamente todo lo que habéis dicho cada uno de los intervinientos, aunque especialmente con los ausentes, es decir, con Woody y Julián.
¿Sabes, Mameluco, que yo siempre ese sentido esa perversa tentación de dejarme conformar con “mi tele de plasma, y mi sueldo, y mi perro, y mi chándal los domingos para ir al centro comercial”? Tantas y tantas veces me he preguntado en mi vida, sobre todo cuando las cosas han venido mal dadas, si hubiera sido más féliz habiendo seguido en el Banco en el que empecé a trabajar con 15 años que ya no puedo contarlas. También a veces me dido: leche, yo no soy más tonto que este colega de toda la vida que está forrado mientras yo sigo sin un duro (porque yo aún digo “duro” y “peseta”, por respeto a mi calva). Claro, que teniendo en cuenta que de aquel banco, en el que entré a trabajar como “auxiliar administrativo”, salí un año después con la categoría de “botones”, parece claro que mi propensión al ascenso era más bien nula.
Estoy de acuerdo contigo, compañero, en lo de las “pseudodemocracias liberales” (que es lo que en mis tiempos de ortodoxia se llamaba democracias burguesas), y en que, por supuesto es imposible encarar ningún tipo de análisis sin tener en cuenta que el poder político es tan sólo el brazo ejecutor de los poderes económicos, elementos esenciales del sistema si les añadimos los “paratos ideológicos” que son los medios de comunicación.
Lo de la bipolarización o el bipartidismo es un interesante tema, Adrián, aunque yo no creo que realmente sean conceptos incompatibles. al contrario. Pienso que, efectivamente hay una “bipolarización” del votante, pero no del sistema, porque ese voto “bipolarizado” va a caer en sendos partidos que, en realidad, se encuentran situados, con mauyor o menor intensidad, en el mismo brazo de la balanza. La bipolarización no es de alternativas al sistema, sino tan sólo en lo que respecta al voto a dos únicos partidos.
Y, mirad por donde, han aparecido las palabras básicas: “sistema” y “alternativas”. Cuando leo a veces eso de “manifestaciones de grupos antisistema” me parto los cojones, porque yo también soy antisistema (Y no me refiero a la democracia, de la que opino como Woody, sino la “pseudodemocracia liberal” de Mameluco. Es precisamente el sistema, que no me parece reformable, sino que creo que está en una degeneración creciente, contra el que me revelo. No tiro piedras ni vuelco coches, al menos por ahora, como dice nuestra amiga Espe, pero claro que soy antisistema.
El problema es que no tengo ni puñetera idea de cual podría ser la “alternativa”. Hubo un tiempo que pensé que lo sabía, pero perdí la fé y con ella se me fue la convicción al carajo. Se fueron al carajo la convicción y la fé. El carnet del PCE sólo se quedó guardado en algun cajón que ya he olvidado, pero lo que no fuí capaz de esconder fue la insatisfacción, la rebeldía quizá, el espíritu crítico, si alguna vez lo tuve.
Tal vez por ello desde entonces me declaro “resistente”, aunque sea mental, a la lógica del sistema, intentando aplicar la lógica de me dice que mientras hay uno que resiste, no han ganado la batalla.
Salud
Por cierto, Adrián, quedé en copiar una cosilla aquí, pero no la he encontrado. Queda pendiente.
a las
Yo también soy antisistema, pero sin alternativas reales. Porque eso de confiar en la honradez del hombre está demodé.
Pero enemigos de los borregos antisistema tipo Manu Chao, porque las alternativas ofrecidas es que todo los que decíamos de la tele de plasma se dejen rastas y se pongan a hacer malabares con sus perros y diciendo: ¿tenéis un cigarrito, parejita?
Y me yo me siento resistente, pero mucho me temo que perdimos la batalla hace mucho tiempo…
Y Antonio, no te preocupes por lo de hablar en duros y pesetas porque para mi, mil duros son mil duros y un millón de pelas es un millón de pelas…
Forever and ever, jojojo.
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