18 de febrero de 2008
El Mundanito y yo llegamos a casa, desde Valdebebas, pasadas las tres y media. Mientras comíamos, le contaba emocionado a La Mundana lo que habia pasado. Se me saltaban las lágrimas. Y ella, que es de lágrima fácil, se agarraba a la servilleta de papel. Cada vez más colorada. Aunque [...]